Antiguas creencias sobre el mes de Mayo

Supersticiones del mes de Mayo

Mayo es considerado popularmente un mes desafortunado, en particular en lo que a iniciativas importantes se refiere, como casarse, cambiar de casa, empezar una nueva actividad.

Supersticiones del mes de Mayo

Puede que en el origen de esta creencia exista un motivo “práctico” muy preciso: mayo era el mes más conveniente para la siembra y para empezar las labores agrícolas importantes, de modo que en las familias campesinas era necesario que todos contribuyeran, y un par de brazos de más podían llegar a resultar fundamentales.

Es fácil adivinar por qué el resto de actividades podían considerarse “frívolas” y perjudiciales para la, ya de por sí, precaria economía rural. A este respecto existe en la cultura popular un proverbio: “Cásate en mayo y maldecirás ese día”. Los niños nacidos en mayo serán siempre enfermizos al igual que los gatos nacidos en ese mes, hasta el punto de no poder cazar nunca ratones.

La desconfianza con que en algunas zonas rurales miraban a los gatos nacidos en mayo perdura todavía en la creencia de que estos gatos no deben criarse jamás. Un antiguo proverbio dice que “los gatitos de mayo llaman a la mala suerte y seguro que en gatos sucios se convierten”.

El origen de la citada creencia parece encontrarse en los pueblos celtas, de ahí que la misma haya pervivido en regiones que en su día tuvieron profunda influencia celta como las Galias, Finlandia, Irlanda y Escocia.

El primero de mayo (Beltane) era un día consagrado a Bile, dios de la muerte

Según cuenta Charles Squire en su obra Celtic Myth and Legend, Poetry and Romance, “si ocurría algo extraño, seguro que era el primero de mayo”. Squire ofrece seguidamente una lista de desgracias en el mundo celta acaecidas en ese mes como la muerte del bebé Pryderi, luchas a muerte entre contrincantes de sangre real y el rapto de Ginebra, reina y esposa de Arturo, cuando esta se encontraba en los bosques celebrando las festividades de mayo.

Beltane Danza del Fuego

Además de ser aciago para los gatos, mayo se considera también un mes funesto para las bodas. En el Daily News del 3 de abril de 1929 se hacía eco de esta superstición: “Abril, el mes de las bodas, apresúrate hacia el altar antes de que llegue mayo”. Walter Scott escribía en sus Letters on Demonology and Witchcraft que “sólo las mujeres malas se casaban en mayo”.

Aunque no todo era considerado aciago en mayo, ya que los druidas también celebraban el despertar de la tierra con la llegada de la primavera, su legado mágico-supersticioso pervivió en la temible noche de Walpurgis —víspera de mayo— noche en que supuestamente las brujas llegaban volando sobre escobas mágicas con sus gatos para dar la bienvenida al sol naciente de mayo.

Quizá por esta asociación maléfica con las brujas, a los gatos se les quemase vivos en las hogueras encendidas para honrar al sol. Esta costumbre de ofrecer sacrificios se practicaba sobre todo en el solsticio de verano, pero también se llevaba a cabo en mayo en algunas zonas de Europa. En Francia sobrevivió esta cruel tradición hasta que Luis XIV la prohibió.

Creencia cristianas sobre el mes de Mayo

Mayo es también el mes de la Virgen, pero, bajo la capa de la tradición cristiana, se encuentran reminiscencias de experiencias culturales más antiguas que se pierden en el pasado. Para captar el peso de este pasado debemos referirnos a experiencias rituales genéricamente conocidas como los “mayos”.

Existen pocos restos, a menudo muy diluidos, de estas manifestaciones, que formaban parte de las prácticas del “Cruz de mayo” y en ningún caso dan fe de la gran difusión de que gozaban en el pasado en las tradicionales celebraciones practicadas entre finales de abril y comienzos de mayo.

En general, los “mayos” son expresiones bastante organizadas, realizadas por grupos improvisados, en algunos casos agrupados en las llamadas casas o confraternidades laicas que se mueven dentro de una comunidad cantando y recitando según un guión a menudo antiguo, que cambia con el tiempo, formado por cantinelas, poesías, canciones, serenatas y otras formas de ritualidad oral, también acompañado de procesiones y en especial de bailes. En esa ocasión, se incluía el alzado del “árbol de mayo” que después evolucionó en el árbol de la cucaña.

La noche del 30 de abril, los jóvenes se dirigían al bosque y arrancaban de cuajo un árbol que después plantaban en la plaza del pueblo como homenaje a las autoridades locales. En la cima se ataban regalos (sobre todo alimentos) y la ceremonia se cerraba con la competición entre los jóvenes para llegar a la cima del árbol y recuperar los regalos.

En algunas localidades, las canciones de mayo eran cantadas sobre todo por las mujeres, “doncellas de mayo”; durante el día; mientras que el “canto de los huevos” era casi siempre masculino y nocturno. Normalmente, el canto de mayo, con un ritual impregnado de una evidente búsqueda de la gracia juvenil, puede considerarse una especie de versión jocosa y pagana (de raíces sin duda muy remotas) de las dramáticas y católicas rogativas.


Libro de las Supersticiones de Massimo Centini