Sueña cosas posibles que se logren..

Cuando no pueda arreglar las cosas, deje que ellas se arreglen solas. ¡Dios y el tiempo logran recomponer lo que sus afanes no lograrían nunca! ¡Todo lo queremos ya! En estos tiempos padecemos de los extraños virus de la “urgencia”, del “aquí” y del “ahora”.

Sueña cosas posibles que se logren en el tiempo del Creador, no en el tuyo

Afrontamos una época bastante desaforada, con preocupaciones e incertidumbres. Pensamos que debemos vivir así, entre otras cosas, porque muchos dicen que: “el momento que no se disfruta, se va”. ¡Eso tal vez sea cierto, de pronto no!

Sin embargo, es esa clase de “urgencia” la que nos está acelerando para querer lograr lo que creemos inalcanzable. Es la inmediatez la que impulsa nuestro presente y nuestro andar, sin saber cuál será nuestro destino. ¿Por qué? Porque consideramos que el momento para vivir al máximo “es ahora y no mañana”.

Urgente

Todo nos parece “urgente”. Vamos a toda máquina tras la búsqueda de la felicidad. Lo grave es que en ese agite nos olvidamos de lo más importante que vinimos a hacer a este mundo: ¡Vivir!

Hay que tener presente que la vida es una interminable sucesión de “subidas” y “bajadas” y, por supuesto, tenemos la impostergable misión de reponernos a cualquier tropiezo o incluso ante el mismo triunfo. Todo, sea bueno o malo, nos llega en el momento que nos corresponde asumirlo. ¡No hay que correr!

Se debe disfrutar cada instante con pausa, alejándose del moderno estilo de vida que nos dice que: “¡todo es para ya!”.

No se trata de quedarnos quietos y volvernos flojos para actuar

La idea es gozar cada segundo y hacer las cosas con más calidad, con atención a los detalles y, sobre todo, sin una gota de estrés.

De esta forma, volvemos a lo sencillo, retomamos la placidez de vivir, nos lanzamos en brazos de nuestra familia, de los amigos, del sano esparcimiento y, en palabras más prácticas, aprendemos el arte de ser feliz.

El problema con muchos de nosotros, quienes pretendemos obtener todo de prisa, es que no creemos que Dios abrirá una ventana y nos derramará sus bendiciones en su debido momento.

Dicen que a la hora de la muerte comprendemos “la nada” de todas las cosas y, además, nos damos cuenta de que nos la pasamos viviendo en función de personas, de situaciones, de trabajos y de cosas que, en el fondo, jamás valieron la pena.

Los anhelos pueden estar lejos en la distancia y en el tiempo, pero en el campo de los ideales solo hay que tener paciencia para saber esperarlos.

Lo importante es no vivir afanado por cosas que no tienen sentido, sino saber actuar y esperar el tiempo de Dios.

Cada quien decide cómo vive

Muchos tenemos oportunidades similares, el mismo trabajo y, en el fondo, una idéntica realidad. La diferencia radica en que cada quien decide vivir de manera distinta: unos van a toda prisa; otros solo quieren ser los primeros a toda costa.

No faltan los que se resignan; y por supuesto, están los que viven con pasión, aventura y desafío. Hay acciones que nos señalan el camino, otras que nos hacen conducir por las vías equivocadas, hay decisiones blancas y pulidas; hay otras sucias y torcidas.

Hay situaciones que nos favorecen, hay otras que nos golpean. Podemos vivir en ellas como rosas de paz o como palomas heridas.

¿A qué viene esta reflexión?

A que todo depende de usted, de lo que haga cada mañana cuando se levante. Tiene la elección: puede pasar el día corriendo, quejándose por todo, repasando la dificultad que tiene con las cosas que no funcionan; o salir de la cama y estar agradecido por las cosas que puede solucionar.

¿De qué tipo es su elección?

Échele cabeza y piense cuál es su actitud frente a la vida. Si vive con ansiedad, al final se le verá actuando de una manera un tanto precipitada.

Si asume pasar su tiempo con serenidad y reflexión, con seguridad encontrará al final del día mejores dividendos. La vida a veces lo pone a prueba y en la medida en que sepa superar cualquier adversidad, saldrá adelante.

La corresponde vivir con ilusión, convirtiendo el trabajo en una bendición, sintiéndose parte de la extraordinaria obra planteada por el Ingeniero Supremo: Dios.

Pensar bien, escalera al éxito

Cuando pensamos de forma positiva y benéfica, damos un gran paso hacia nuestras metas; tanto a las espirituales como a las materiales. Si aprovechamos al máximo muestro enorme poder creativo y lo aplicamos, resolveremos muchos de los problemas que nos asfixian.

En cambio, si no pensamos bien será difícil encontrarle sentido a la vida, porque aparecerán la insatisfacción, el error, la ansiedad, la desesperación y la depresión.

Para nadie es un secreto que aplicando la sencilla técnica del optimismo, se pueden obtener resultados satisfactorios para mejorar diferentes aspectos de nuestra vida: controlar el estrés, superar problemas de alcohol y de drogas, combatir el insomnio, atenuar la angustia, reducir la presión sanguínea, en fin…

Nuestras acciones están basadas en nuestros pensamientos. Si cambiamos la forma en la que pensamos, podemos comenzar a cambiar las acciones que tomamos.

Mejor dicho: si todos buscamos el crecimiento, sea el personal, el financiero, el emocional, el físico o el espiritual, debemos acostumbrarnos a pensar bien.

Haga lo mejor posible, pero con calma

¿Para qué ser perfeccionista? Haga las cosas lo mejor posible, pero tampoco usted tiene que “morir en el intento”.

Tenga la esperanza de ser el mejor, pero tolere sus propios errores e incluso asuma sus propias limitaciones. Haga las cosas sin acelerarse: regálese tiempo para hacer sus tareas, no viva corriendo y lleno de ocupaciones; mejor dicho: no convierta su vida en una carrera desaforada.

No tenga miedo a ser paciente y no viva en una lucha insoportable por conseguir “todo de una”. Usted no vino a este mundo a sufrir ni a angustiarse; y a menos de que sea un atleta, tampoco vino a correr.

Sueñe cosas posibles que se logren en el tiempo del Creador, no en el suyo. No es fácil, pero vivir en paz y en calma es una sana estrategia.

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Vía » Noticias de Pereira