Vivir en el presente brinda tranquilidad y balance mental, físico y emocional

Si tienes muchas cosas que hacer y las horas del día escasas para ejecutarlas, envejecerás antes de tiempo. Pues vives del tiempo prestado que no alcanza, tratando de robarlo de los aspectos importantes para invertir en lo necesario, en ese instante. Si al terminar el día evalúas su éxito en función de los pendientes atendidos, por ejemplo:

Vivir en el presente

  • Hoy fue un buen día pues saqué todos mis pendientes ó
  • Hoy no fue un día productivo pues quedaron pendientes por resolver.
  • Podríamos concluir que tu misión en esta vida es resolver los pendientes.

En una vida llena de responsabilidades y ocupaciones, es fácil estar agitado e hiperactivo, yendo a ningún lado pero con mucha prisa. Muchas personas solamente frenamos la prisa inminente al enfermar, el tiempo libre no existe, es visto como una pérdida de tiempo. Vivimos como seres autómatas y no como seres humanos.

Cuando varios pensamientos invaden la mente, lo pensado en ese instante no concuerda con lo vivido, estamos de-sincronizados.

Por ejemplo:

  • Estas comiendo con mi amiga y al mismo tiempo pensando “tengo que ir a clases ojalá traigan la cuenta” En realidad, no estás ahí con tu amiga, no saboreas la comida ni pones interés en la charla, pues tu mente se encuentra en el futuro.

Otro ejemplo:

  • Estas bañándote y al unísono deliberando sobre el atuendo que usarás ese día para la junta de trabajo. No disfrutas el agua caer en tu cuerpo y, al no percatarte de tus acciones te enjabones el cuerpo dos veces, pues no recuerdas si ya lo hiciste. No estabas en la ducha, sino en la siguiente acción.

Consecuencias

Estrés, irritabilidad, desesperación

Querer que el tiempo pase para pasar a la siguiente actividad causa estrés, desesperación e irritabilidad. Es un hecho que no podemos apurar el tiempo, las cosas pasarán cuando tengan que pasar, no está dentro de nuestro control.

El cuerpo escucha la prisa y tensa los músculos, eleva la frecuencia cardíaca, aumenta la presión arterial ocasionando un desgaste constante y por ende un envejecimiento prematuro de los órganos internos y de la apariencia externa.

Si hoy es martes y deseas que sea jueves, este deseo no avanza o mueve las horas más rápido. Para que sea jueves requieres vivir martes y miércoles.

Ilusiones incumplidas

Se dice que – este momento es el único que existe, el pasado se fue y el futuro es inexistente – ¿cómo vives el presente?

Muchos pensamientos a la vez desfasan al ser humano dejándonos confundidos, insatisfechos y tensos. Esta forma de vivir afecta a quienes viven con nosotros ellos son contagiados por nuestra prisa del siguiente momento, como si ese momento aliviara la tensión del presente.

El tiempo se escapa entre las manos como el agua, la agitación continua, querer todo a la vez es igual a correr en círculos. Tu preocupación y control constantes no permiten notar el pasar de los años. Te preguntarás un día ¿dónde estaba cuando?

  • Mis padres enfermaron y requirieron mi compasión.
  • Mi cuerpo empezó a engordar y la alimentación dejó de ser importante por falta de tiempo.
  • Mi pareja quería pasar tiempo de calidad y hoy se ha ido.

Vivir en el presente brinda tranquilidad y balance mental, físico y emocional

¿Cómo lograrlo?

Considera lo siguiente:

  1. No puedes controlar el tiempo, la vida pasará cuando pase, ni antes ni después. Entender la vida como un fluir continuo donde eres uno más de un todo.
  2. Distingue lo controlable y lo incontrolable para poder enfocar tus energías en lo controlable.
    Ejemplos: Puedes decidir la hora de levantarte pero no controlas el mal humor de tu hija por las mañanas.
    Controlas la calidad de la presentación en la junta pero está fuera de tu control el impacto que tendrá con el director.
    No controlas el clima, el tiempo, el tráfico, el pensamiento, emociones y acciones de otro etc.
  3. Cuando te sientas fuera de control de una situación, persona o acción, limpia un cajón de tu casa. Al hacerlo recuperas el control de un aspecto de tu vida.
  4. Incluye en tu diálogo interno palabras de aliento cuando sientas impotencia, por ejemplo:
    Voy a estar bien, no puedo controlar la situación y es normal.
    Soy capaz de adaptarme, lo he hecho muchas veces.
  5. Haz una lista de las actividades diarias, si todo es trabajo y obligaciones, balancea. Incluye:
    Descanso: leer, tejer, escribir, meditar, respirar, dibujar
    Actividad deportiva: correr, caminar, bailar, yoga.
    Interacción familiar: desayunar, comer o cenar en familia y/o pareja.
    Ayuda comunitaria: dona tu tiempo y recursos a favor de otros.
    Alimentación saludable: no saltes comidas e incluye frutas y verduras, no comas cualquier alimento por satisfacer el hambre, cuida la ingesta de grasas.
  6. Practica la tolerancia cambiando rutinas y hábitos establecidos. Esto te ayudará a soltar el control y vivirlo como algo normal.Toma un camino diferente al trabajo.
    Deja que tu pareja haga los planes del fin de semana.
    Vístete con colores diferentes a los acostumbrados.
    Saluda a personas desconocidas
    Pregunta a otros ¿Qué piensan? Y acepta su pensamiento.
  7. Suelta el resultado
    Has tu mejor esfuerzo para lograr el objetivo y después suelta el resultado, no puedes controlar lo que sucederá, pues involucra personas, situaciones, eventos, pensamientos, acciones por mencionar algunas. Por ejemplo:
    Aplicaste para una beca o una mejor posición laboral, cumpliste con los requisitos y las entrevistas, ahora solo queda esperar. Mientras esperas recuerda que el tiempo pasa a su ritmo no puedes acelerarlo. Tampoco puedes influir en la decisión final aunque te preocupes o imagines diferentes escenarios. La preocupación no cambiará lo que será, suelta el control y enfoca tu atención en algo diferente agradable.

La vida es hoy, no existe otro momento más que el presente para disfrutarla, ocúpate del hoy y el futuro fluirá.


Dra Blanca Almeida