Una respuesta que mata — El Silencio

El Silencio
El Silencio

El silencio también sabe hablar

Callar es a veces en una situación la mejor elección. Sin embargo controlar la impulsividad para evitar un conflicto mayor no es al silencio que me refiero. El silencio también sabe hablar y en ocasiones se convierte en una respuesta que lastima profundamente. Conoce en este artículo cuáles son esas formas en las que el silencio puede destruir y cómo evitar caer en ese comportamiento.

Una forma de ese silencio ensordecedor que lastima es la indiferencia. Cuando frente a nosotros nuestro esposo, esposa, hijos, padres o hermanos sufren o padecen alguna necesidad y nosotros preferimos cerrar los ojos y hacer oídos sordos ante ese dolor hiriendo a la persona. La indiferencia golpea cuando al final de un día difícil y sin poder ocultar en el rostro lo mal que van las cosas regresas a casa y te encuentras con que tus seres queridos ignoran lo que te sucede o te saturan con sus problemas a pesar de notar que algo no va bien.

La indiferencia

La indiferencia es una fría forma de afrontar o evadir los problemas, genera sufrimiento y resentimiento y te distancia emocionalmente de tus seres queridos. Contrario a la indiferencia está la atención y la preocupación por el otro, cualquiera puede sanar en un día gracias a una palabra de aliento, a un abrazo y a un reconfortante y tibio té.

La indecisión

Detrás de la indecisión siempre se esconde un silencio que genera incertidumbre. Los matrimonios y las familias en general se ven expuestos a situaciones en las que a menudo uno de los miembros de la familia debe tomar una decisión. En ocasiones la decisión es aplazada y entonces se somete a la familia a la larga espera de una respuesta que no llega.

Recientemente conocí a una pareja que se encontraba en proceso de divorcio. Sin embargo el esposo quién era el que insistía en la disolución en ocasiones se retractaba, diciéndole a ella que aunque no la amaba como antes no estaba seguro de la separación. Durante largos seis meses de incertidumbre para ella, el esposo permanecía en silencio sin mostrar si quiera compasión por la angustia que ella vivía día tras día al no saber nada acerca del futuro de su hogar. Un día cualquiera tomó sus maletas y se marchó y aunque para ella fue doloroso terminó por fin la incertidumbre de la espera.

El silencio como castigo

Dejarle de hablar a la pareja o a los hijos como un mecanismo de castigo o como una forma de presión desestabiliza emocionalmente, genera angustia y ansiedad. También está el silencio como indicador de que las cosas entre los esposos no van bien.

En cualquiera de sus formas el silencio es altamente represivo y castigador. Amar a tu familia implica consideración por sus sentimientos, atención y respuestas. No recurras al silencio y a la indiferencia como una forma de hacerte oír, toma el camino del diálogo y déjales saber que a través de la atención y el afecto estás presente en sus vidas.


Diana Cantor Martinez

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