Las Pinturas Proféticas de Victor Brauner

Las Pinturas Proféticas de Victor Brauner
Las Pinturas Proféticas de Victor Brauner

La vida y la obra de no pocos artistas –y en especial de aquellos pertenecientes a las corrientes de vanguardia– estuvieron a menudo relacionadas con las creencias y las prácticas esotéricas.

Grandes artistas como Mondrian, Kandinsky, Kupka y muchos otros estuvieron relacionados con la teosofía, el ocultismo e incluso la parapsicología. En el caso del pintor rumano Victor Brauner sucede otro tanto, aunque con una peculiaridad un tanto sorprendente.

Aunque había nacido en la ciudad rumana de Piatra Neamț, Brauner vivió buena parte de su infancia en Viena, donde realizó sus estudios primarios. Siendo todavía un preadolescente, en 1914, regresó con su familia a Rumanía, y allí comenzó a formarse en la Escuela de Bellas Artes de Bucarest, y más tarde en la escuela de pintura de H. Igiroseanu.

Sin embargo, aquellos años también estuvieron marcados por la afición de su padre al espiritismo y las ciencias ocultas. Éste organizaba a menudo sesiones de espiritismo –en las que el joven Victor se colaba en secreto–, y mantenía correspondencia con algunos de los supuestos médiums más célebres de su tiempo.

Estas particulares aficiones paternas acabaron por convertirse también en pasiones del joven artista, hasta el punto de que cuando se estableció en París en la década de los años 30 y pasó a formar parte del círculo surrealista de André Breton, Brauner representó a menudo temas y motivos de carácter esotérico, algo que continuaría durante toda su carrera.

victor
Autorretrato (1931), Victor Brauner | Crédito: Wikipedia

También en estos años, precisamente, comienza a manifestarse en su obra una inquietante obsesión por los ojos, y concretamente por los ojos heridos. Así, este tema aparece reproducido una y otra vez en muchas de sus pinturas, convirtiéndose casi en un “monotema” de su obra en este periodo.

Una de las obras más significativas de estos años es un autorretrato fechado en 1931, en el que Brauner se retrató con la cuenca de uno de los ojos vacía, y el párpado inferior herido.

Curiosamente, esta pintura de pequeño formato –actualmente expuesta en el Centro Pompidou de París–, terminaría por convertirse en una de las más célebres de su carrera, no tanto por su calidad artística, sino por un hecho de su biografía que tendría lugar algunos años más tarde…

En 1938, ya de vuelta en Francia tras un paréntesis de un par de años en Rumanía, Brauner sufrió una terrible herida durante una pelea entre los surrealistas españoles Óscar Domínguez y Esteban Francés. Al interponerse entre ambos para acabar con la disputa, el pintor rumano recibió el impacto de un vaso de cristal que Domínguez había lanzado a Francés, con tan mala suerte que los fragmentos de vidrio le cortaron gravemente en un ojo…

continúa página 2 »


seguir leyendo en página: