Límites a los hijos adultos ¿Hasta donde hay que ayudarlos?

Hay pocas cosas más difíciles que poner los límites. Pero resulta más duro aún cuando se trata de nuestros hijos. Y todavía es más delicado, si los hijos son mayores de edad. Aunque parezca inexplicable, cuando pensamos que han crecido y no requieren tanto de nuestra mirada, muchas veces sucede lo contrario.

Excusas

Siempre hay alguna excusa por la que continúan con sus demandas constantes: problemas económicos, cuidado de los nietos o competencia y celos, entre otros. Ya ni siquiera son adolescentes; entonces, para algunas cosas deciden que no podemos opinar; sin embargo, para otras, reclaman como si nunca hubieran crecido.

¿Hasta dónde hay que ayudarlos? ¿Cuándo es necesario decirles no? Son preguntas complejas; por eso, en esta nota, la Licenciada en Psicología Verónica Barca nos ayuda a reflexionar sobre cómo lograr una mejor convivencia.

¿Es necesario seguir poniendo límites a los hijos mayores de edad?

Poner límites forma parte de la vida. Siempre los estamos poniendo, a los hijos, a los amigos, a los padres, a la pareja… Pero es necesario saber hacerlo. Es decir, ¿cómo digo las cosas para que el deseo del otro no interrumpa mi propio deseo? Tenemos que considerar al otro pero, a la vez, lograr que el otro nos considere a nosotros. A veces, en el vínculo familiar, a los hijos les cuesta ver al padre como un ‘otro’. Por eso demandan todo el tiempo desde una posición infantil. Nunca terminan de hacer el pasaje a un lugar más adulto.

¿Por qué muchos suelen seguir actuando como hijos toda la vida?

A lo largo de la vida, tanto los hijos como los padres tienen que seguir creciendo. Es un proceso natural. Pero a veces sucede que los padres siguen tratándolos como si fueran niños toda la vida; porque no terminan de hacer el duelo, de despedirse de los chiquitos.

En cambio, cuando pueden despedirse de esa posición, disfrutan de la alegría de tener un hijo adulto. Porque prevalece la idea de que las cosas salieron bien y los hijos crecieron. Para eso hay que aceptar que en un momento tiene que irse, para armar una vida propia. Por eso digo que padres e hijos deben prepararse mutuamente. Muchos no lo hacen y luego se quejan del hijo, pero en realidad tiene que ver con una responsabilidad propia.

¿Cómo se apoya a un hijo mayor que se maneja de manera inmadura?

Siempre, lo mejor es dialogar, hablar del tema y, si no hay salida, buscar ayuda para entender qué es lo que está pasando. A veces los padres están preocupados y en realidad son ellos mismos los que tienen que hacer la consulta.

De todas maneras, buscar ayuda ya significa dar un paso, porque es la aceptación de que hay un problema que debe solucionarse. Es una crisis de crecimiento que le sucede a todos, pero que en este momento los involucra a ellos.

¿Pero hay que socorrerlo?

En un vínculo hay un compromiso mutuo. De todas maneras, habría que evaluar la situación para decir si hay que ayudar a un hijo o no, porque cada caso es diferente. Es muy probable que en ese vínculo exista una historia previa de falta de límites. Cuando uno va educando a los hijos con pautas claras, los chicos las van incorporando de a poco. Y tal vez en ese caso no se hizo bien.

Muchas veces duele aceptar que nuestro hijo no es como hubiéramos deseado, e intentamos taparlo armando una situación artificial. Por eso salimos a socorrerlos. Pero de esa manera estamos bloqueando la posibilidad de que ellos crezcan y utilicen sus propios recursos. No dejamos que hagan su proceso natural porque en el fondo no confiamos en ellos.

¿Qué pasa cuando se fueron de casa y quieren volver?

Hay que ver cada circunstancia. Es importante contextualizar los tiempos que corren y las situaciones de cada caso. Si es un momento complicado, podemos contenerlos pero planteando un encuadre. Los límites entre adultos se marcan dialogando.

Por ejemplo: Yo te ayudaré tres meses pero después debes irte.

Siempre poniendo un límite. En cualquier situación es bueno marcar un encuadre; es decir, la forma en que se harán las cosas. Un contrato claro al cual se pueda recurrir cuando se plantee un problema. Esto evita muchas discusiones en el marco de la convivencia. Porque si no, se pierden los parámetros. De todos modos, no tiene que ser un contrato rígido. Se puede revisar, pero sí, es necesario que se sostenga. Claro que en una situación de pobreza es muy diferente, porque quizá nos obliga a cobijar a los hijos hasta que logren acomodarse.

¿Se puede tener una relación de amigo con un hijo?

Los padres son padres, no amigos. Por eso, fingir que lo somos en realidad es una carencia. Cuando alguien necesita a un padre, no necesita a un amigo. Sí, puede haber afecto, contención, confianza pero desde el lugar de progenitores. De lo contrario se estaría negando a crecer, algo que sucede mucho en la actualidad por el deseo de la juventud eterna. Pero debe quedar claro que cuando un hijo precisa ayuda, nos necesita como padres. A veces ellos también necesitan poner límites….

Otro reclamo muy común es cuando quieren que cuiden a los nietos

Respecto de este tema ocurre lo mismo. Se trata de un acuerdo que tienen que hacer ambas partes. Los abuelos tienen que poner los límites respecto de sus propios deseos. Antes las abuelas estaban sólo para cuidar a sus nietos pero ahora las cosas cambiaron. Hoy a la mujer se le permite hacer otra cosa.

Los nietos se disfrutan cuando los límites están bien marcados; porque una cosa es ser abuelo y otra muy diferente es ser una niñera todos los días.


Vía » Yahoo! Agentina