¿Existe el Diablo? – Historia Antigua

¿Existe el Diablo?
¿Existe el Diablo?

Decía Charles Baudelaire en su libro “Las Flores del Mal”, que uno de los más grandes triunfos de Satanás en estos tiempos era que había hecho creer a la mayoría de la gente, especialmente a los agnósticos y ateos, su no existencia.

¿Existe el Diablo?

Y más recientemente O. Weininger en su libro “En torno a la cosa suprema”, llegó a decir:

El diablo es la personificación objetiva y genial de un pensamiento que ha facilitado a millones de hombres la lucha contra el elemento malvado que está encerrado en el pecho de cada uno, ayudándole a proyectar el enemigo fuera de sí mismo y a distinguirse y separarse de él.

Ahora bien, las preguntas serían: ¿De dónde viene ese mal? ¿Qué naturaleza tiene?

Ya que es necesario “proyectarlo” hacia fuera dándole posteriormente un nombre y una figura. Por otro lado, el gran Dostoievski en su libro “Los Hermanos Karamazov” nos dice: “Si Dios no hizo al diablo, el hombre lo hizo a su imagen y semejanza”.

Ante esta afirmación, sin embargo, la pregunta sigue en pie ya que no nos da una prueba de su existencia, pues la supone, ni mucho menos nos describe su origen y naturaleza. Ante estas variantes y disyuntivas afirmaciones, en primer lugar, no vamos a abordar, al mejor estilo escolástico, “las pruebas” para demostrar su existencia.

La presencia del “mal” en el mundo es evidente así como sus infinitas manifestaciones

Y en segundo lugar, no caeremos en la tentación de “personificarlo” desde el punto de vista de la razón y de la buena ciencia y filosofía. Simplemente “contaremos” todo lo que se ha dicho de él. Dejo al lector su propia interpretación.

Desde muy joven el interés por saber quién era Satanás o el Diablo fue prácticamente nulo. Su existencia como su caída era un contenido más de mi fe heredada de mis padres. Pero fue hasta la edad de 20 años cuando este personaje despertó mi atención, después de participar en un retiro de conversión en la casa de Retiro del Tepeyac, en las afueras de la ciudad de Granada.

Posteriormente vinieron las lecturas del gran místico español, San Juan de la Cruz, que decía que los tres mayores enemigos del cristiano eran la tentaciones corporales, el mundo y el demonio. En otras palabras, después de encontrar a Dios, encontré a la vez nuestros mayores enemigos. ¡Estúpido hubiera sido de mi parte no prestarles mayor atención!

La presencia real de Satanás

La comencé a experimentar al comienzo de los años ochenta con el inicio de la revolución sandinista. En un sueño que tuve, mi cuarto se llenó de su presencia malévola pero, en el momento que mencioné el nombre de “María”, desapareció en el acto esa tenebrosa sensación.

Leyendo a los Santos Padres de la Iglesia me enteré de una historia bastante convincente para mis expectaciones:

“Los nombres del diablo son muchos: Luzbel, Satanás, Belcebú, Lucifer, Belial, etc. Pero el que más me llamó la atención fue el de “Luzbel”, por la forma que se narraba su origen y naturaleza.

Se cuenta que “Luzbel” antes de la caída (Lc. 7, 18) era un hermosísimo “Querubín” llamado “Luzbella”. En la jerarquía celestial, el querubín, que significa “plenitud de ciencia”, ocupa el segundo rango antes de los “serafines”, que son los más cercanos a Dios y que significa “plenitud o llama de amor”.

El enorme conocimiento que tenía, así como su inmensa belleza, lo hizo “creerse” igual y hasta superior al mismo Dios. Algunos comentadores sostienen que esta soberbia la venía ocultando hasta que se manifestó en el momento de la gran prueba, algo parecido a la que tuvieron Adán y Eva en el paraíso con el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Muchos Santos Padres dicen que una de las causas de su caída fue la “envidia”, otros la “soberbia”, otros la “vanidad”, otros por “celos” hacia los humanos, etc. Posteriormente, en la Edad Media, Santo Tomás de Aquino decía: “si se considera el motivo para el pecado se hallará mayor en los superiores (ángeles) que en los inferiores (humanos).

La soberbia fue pues el pecado del demonio

Cuyo motivo es la excelencia que fue mayor en los superiores” (S.T.Q 73, Art. 7). En otras palabras, el pecado del demonio fue un pecado espiritual sin posibilidad de redención.

Pero la historia que más me agradó fue la siguiente: Cuando “Luzbella” se enteró, por visión profética, de que Dios planeaba encarnarse en un ser humano (inferior a él) y que además tendría una madre humana, que seria llamada posteriormente “Theotokos” o Madre de Dios, el no pudo resistir semejante humillación.

¡Él, siendo todo un “querubín”, arrodillándose no sólo ante el Hijo de Dios hecho hombre, sino también ante una mujer de inferior categoría o rango, era algo imposible de tolerar! De ahí una de sus mayores causas de rebelión y caída. Papini en su libro “El Diablo” dice que “Luzbella” tuvo también envidia de Jesucristo, por no llegar a ser Él “el salvador” de los hombres.

Las causas del estado actual tanto del diablo como de los seres humanos son diferentes. Por su “soberbia” el demonio “cae” como un rayo del cielo (Lc. 7,18); por su “desobediencia”, Adán y Eva son “expulsados” del paraíso.

La redención solo vino por la “desobediencia” y no para los caídos por su “soberbia”

Ya que con “Luzbella” otros Ángeles también cayeron con él. La existencia del diablo también se ha hecho presente en otras religiones. En la religión egipcia es conocido como “Seth”; en la persa como “Angra Mainyu”, en la hindú como “Mara”, en la griega como “Tifón” y en la musulmana como “Iblis”.

Pero lo que más llama la atención son las maneras como los seres humanos, a través de los siglos lo han representado en distintas formas pictóricas: en el cuadro de las “Tentaciones de San Antonio” (SII. D.C.), los demonios tienen caras de animales grotescos, en la Edad Media, era representado como un ángel negro de aspecto horripilante, con cachos y cola, o como un dragón; y en la Edad Moderna su representación es menos grotesca y más refinada.

Papini en su libro “El Diablo” lo pinta como “un hombre gentil, bien parecido y de buenos modales”. Por supuesto, hoy en día, sus manifestaciones revisten otras tantas o similares características.

El diablo ha estado también representado en la música, la poesía, el arte y en la política como Su principal inspirador. La lista es tan grande que no cabe en este espacio. Papini dice que los seres humanos son la mejor prueba de su existencia y de su perversa influencia cuando se dejan seducir por el “encanto” que produce el mal en si!

Finalmente, el mismo Papini compara al demonio con un mono, al decir que en el momento que quiso ser como Dios, se convirtió en el “mono de Dios”. Todos sabemos que la característica más típica de este animal es la “imitación”. Por lo tanto, concluye el literato italiano, el hombre se convierte en “mono del diablo” cuando quiere imitar su rebelión, a saber, la del mismo Luzbel.


Vía Juan Bosco Cuadra, Ph.D. | El Nuevo Diario