¿Existe algún truco para superar el malhumor?

Cada uno tiene experiencia de días tristes, en las que no consigue superar una cierta pesadez interior que contamina todo estado ánimo y entrelaza las relaciones. ¿Existe algún truco para superar el malhumor y recuperar la sonrisa? Santo Tomás de Aquino propone cinco remedios de sorprendente eficacia contra la tristeza.

El primer remedio es un placer cualquiera

Es como si el teólogo de hace siete siglos hubiera ya intuido la idea hoy difundida de que el chocolate es antidepresivo. Puede parecer una visión materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras recupera muchos puntos gracias a una cerveza. Que este sea un materialismo incompatible con el Evangelio, hay que demostrarlo: sabemos que el Señor participó con placer en comidas y banquetes, antes y después de la resurrección, y apreció muchas cosas buenas de la vida. También un Salmo afirma que el vino alegra el corazón del hombre (pero quizás conviene precisar que la Biblia condena claramente la embriaguez).

El segundo remedio propuesto es el llanto

A menudo un momento de melancolía es más duro si uno no consigue desahogarse, y es como si la amargura se acumulase hasta hacer difícil hacer cualquier cosa. El llanto es un lenguaje, un modo de expresar y de deshacer el nudo de un dolor que a veces resulta sofocante. También Jesús lloró. Y el Papa Francisco observa que “ciertas realidades de la vida se ven sólo con los ojos limpios por las lágrimas. Invito a cada uno de vosotros a preguntarse: ¿yo he aprendido a llorar?”.

El tercer remedio es la compasión de los amigos

Viene a la mente el amigo de Renzo que, a finales de Los Noventa, me cuenta las graves desventuras que afectan a su familia, en una gran casa inhabitable por la peste: “Son cosas malas, dijo el amigo, cosas que nunca habría creído ver; cosas que quitan la alegría de por vida; pero que, hablando entre amigos, es un alivio”. Probar para creer: cuando uno se siente un poco triste y se tiende a ver todo gris, es muy eficaz hacer un gesto de apertura hacia algún amigo o conocido. A veces basta un mensaje, una breve llamada telefónica incluso solo para contar o escuchar a un amigo y el panorama se aclara.

El cuarto remedio contra la tristeza es la contemplación de la verdad

Contemplar el esplendor de las cosas, la naturaleza, una obra de arte, escuchar música, sorprenderse por la belleza de un paisaje puede ser un eficaz bálsamo contra la tristeza. Un crítico literario que pocos días después de haber vivido un gran luto, fue invitado a una conferencia para hablar sobre Las Aventura de Tolkien: “Hablar de cosas bonitas a personas interesadas fue un verdadero alivio”.

El quinto remedio propuesto por el Santo Tomás es lo que quizás menos cabría esperar en un maestro medieval

El teólogo afirma de hecho que un remedio inmejorable contra la tristeza es dormir y darse un baño. La eficacia del consejo es evidente. Es profundamente cristiano entender que, para remediar un mal espiritual, es útil un alivio corporal.

Desde el momento en que Dios se hizo Hombre, y asumió un cuerpo, se ha superado la separación entre materia y espíritu. Un prejuicio difundido, en cambio, es que la visión cristiana del hombre se basa en la oposición entre cuerpo y alma, donde el primero se vería como una carga o un obstáculo para la “vida espiritual”.


Carlo De Marchi es vicario del Opus Dei para el Centro-Sur de Italia