El síndrome del domingo

El síndrome del domingo

¿Te has dado cuenta de que los domingos se te hacen aburridos y comienzas a sentir ansiedad, tedio y angustia? Es porque padeces el síndrome de domingo. El domingo suele llegar acompañado de cierto malestar por parte de las personas, que experimentan ese desasosiego y aburrimiento.

El síndrome del domingo

Algunos estudios lo atribuyen al desempeño laboral de la semana, pues las tareas pendientes y los problemas que aún no tienen solución provocan la ansiedad. Suele ocurrir que las personas no puedan sacarse de la mente los temas laborales, así sea en un tiempo de ocio. Mucha gente no puede desligarse de sus compromisos de la semana.

Al no disfrutar del tiempo libre, el cerebro trabaja en la búsqueda de las soluciones a los conflictos. Es así como el cuerpo genera adrenalina y provoca la ansiedad y el malestar. También sucede que al no estar rodeado de gente, el cuerpo extraña el frenesí de la actividad física y laboral.

Un trastorno que tú podrías tener

Aunque parezca sorprendente, la libertad de las horas sin obligación es el segundo factor que define el síndrome del domingo. El domingo, sin tareas, sin bullicio, sin distractores externos, sin “audiencia”, permite que el sujeto se enfrente a su realidad más básica, sin atenuantes. La soledad y el tener que enfrentarse a sí mismo constituyen otra causa identificada del síndrome de domingo.

Recuperar este espacio semanal y aprovecharlo en bien propio y de quienes están alrededor, es un reto que vale la pena. Los estudios médicos apuntan a que el momento más rudo en cuanto a este síndrome de domingo es hacia el final de la tarde. Algo parecido ocurre cada vez que aproxima cualquier final del ciclo de vida: Fin de año, cierre de alguna actividad o cualquier cosa parecida no debe ser sinónimo de tristeza.

Por eso, si genera mucha angustia el final de los domingos, la recomendación es encontrar espacios o actividades alternativas. El cine, el teatro o la actividad física pueden ser de ayuda.


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