La naturaleza divina del hombre

Desde los primeros tiempos el hombre ha elaborado diversos sistemas de filosofías, tratados de psicologías y diversas religiones con el objeto de encontrar “su verdadera identidad” y “el significado de la vida humana”, pero las respuestas fundamentales, le han sido esquivas en la mayoría de las veces, debido a que trató de buscarla fuera, en el mundo exterior, y se olvidó de buscarla dentro de sí mismo, donde seguramente habría obtenido mayores éxitos.

La naturaleza divina del hombre

El hombre raramente buscó en su interior, pero cuando lo hizo, surgieron santos, sabios y grandes maestros espirituales. Un santo de la India Ramana Maharshi, recomendaba a sus discípulos que se preguntaran constantemente ¿Quién soy yo? El Señor Jesucristo le decía a sus discípulos: “el reino de Dios ya está dentro de vosotros”, y ese reino es el Alma.

Nuestra realidad es el Alma que habita dentro del cuerpo, que es como una ola del Alma Universal, y el único propósito de la existencia humana es visualizar esa realidad, esa Alma, esa relación entre la ola y el mar.

Todas las demás actividades son triviales; las compartimos con los animales, pájaros y bestias, pero aquella, es un privilegio exclusivo del hombre. El ha ido trepando por todos los niveles de la animalidad, por todos los peldaños en la escala de la evolución, a fin de heredar ese alto destino.

Las tradiciones de la autorrealización no le son desconocidas a la religión Occidental, sin embargo, la comprensión sistemática del viaje divino, se ha destacado más en las disciplinas Orientales. Las antiguas enseñanzas de sabios realizados han pasado de maestros a estudiantes hasta la actualidad y están contenidos en Los Vedas y La Upanishads.

El Alma reside en todos nosotros como guía y como meta, es inmanente en cada uno; es la chispa de divinidad que poseemos que nos confiere luz, amor y alegría.

Como la Divinidad es inherente a todos

Todos tenemos una oportunidad para comprender a Dios. La comprensión puede ser lograda por el pordiosero o el rey, el culto o el ignorante; no depende del sexo, la edad ni el status, solo de la conciencia espiritual del buscador.

Puede haber diferencia entre los hombres en cuanto a fortaleza física, nivel económico y agudeza intelectual, pero todos son iguales a los ojos de Dios; y por ende, todos tenemos el derecho y el potencial para alcanzar la meta de fundirnos con Él.

No tengamos miedo de llegar a la meta de la liberación dicen los sabios

No conciban ese estado como una calamidad. Es el fin de las calamidades, es el nacimiento de la felicidad, una felicidad que no conoce declinación; es la muerte de la aflicción, una aflicción que no volverá a nacer.

La liberación se alcanza cuando los obstáculos en el camino de la Verdad son salvados, cuando dejemos de pensar que somos el cuerpo o la pequeña personalidad con la que nos identificamos, somos más grande y más completo que la ola: somos el océano mismo.


eldiario.com.ec | Jairo Macías Arteaga