Misterioso Palco 33

Palacio de Bellas Artes

Una leyenda urbana que a lo largo de las décadas ha sido alimentada por los trabajadores del inmueble, ex directores e incluso músicos, quienes coinciden en que después de medianoche algo extraño ocurre en el misterioso palco 33.

Misterioso Palco 33 — Leyenda Urbana Mexicana

A 75 años de la inauguración del coloso de mármol que se encuentra en el eje Central Lázaro Cárdenas, las leyendas y sucesos en torno a este histórico recinto podría llenar una enciclopedia de varios tomos.

Sin embargo a falta de una, quien es la memoria viviente del inmueble es don Rafael Galicia, uno de los trabajadores más antiguos del Palacio de Bellas Artes, con quien tuvimos la oportunidad de charlar esta semana.

Ingresó como técnico al inmueble en 1932, dos años antes de que abriera sus puertas de manera oficial, y a sus 96 años aún continúa en su puesto con gran dedicación.

Antes que las historias de fantasmas

Don Rafael Galicia recuerda otras más cálidas, como cuando acompañaba en sus veladas al pintor Diego Rivera a quien solía acompañar durante sus veladas en la elaboración del gran mural que hoy adorna una de las alas del palacio.

“Tenía que quedarme de guardia porque no había quien apagara la luz. Casi siempre salía junto con el maestro Rivera e incluso en más de una ocasión nos dio por cantar a altas horas de la noche”.

A don Rafael ya le ha tocado calmar a más de un director del Palacio cuando al salir por la noche de sus oficinas ubicadas en el cuarto piso, escuchan el vibrante sonido de un violín.

Recuerda sobre todo a un velador

Quien aterrorizado contaba que durante sus rondas había visto por los corredores del palacio a una figura vestida con capa negra y sombrero (con todo el estilo del fantasma de la ópera), que a menudo solía perseguir a los trasnochadores.

Pero del palco 33 y el sonido del misterioso violín que a más de uno ha sorprendido, prefiere seguir creyendo una de sus teorías.

“Mire, durante mas de 75 años no he podido darme el lujo de creer en fantasmas, sobre todo por sobreponerme al miedo, porque a menudo era yo el último en salir de Bellas Artes por las noches.

Mi teoría es que por ser un edificio viejo de muros anchos, durante los ensayos el sonido de la vibración del violín se queda atrapado en las paredes y por la noche sale como un eco”, asegura con una sonrisa don Rafael, quien no obstante le ha advertido a numerosos directores del inmueble:

“Mire, si usted le cae bien al violinista, sólo lo escuchará una vez; pero si le cae mal, prepárese mi amigo, porque no dejará de molestarlo”.

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