Sencillo: de existir la suerte implicaría entonces que hay fenómenos que están regidos por el azar o la casualidad. La visión del Universo que nos presenta la ciencia es una regida por leyes precisas y medibles matemáticamente. Expliquemos.

Si la suerte existiera tendríamos una parte del Universo organizada y otro dejada a la casualidad, pero debemos recordar que es la causalidad lo que rige y no la casualidad, ya que todo fenómeno se origina de una causa previa.

Creer en la suerte o en la casualidad sería lo mismo que decir que un buen día un árbol de naranjas produce cerezas, o que una mujer y un hombre que vengan de líneas genéticas de la raza negra puedan concebir un hijo de la raza amarilla.

Desde el punto de vista teológico, está Dios creando y administrando un sistema por medio de su inmensa sabiduría y amor. En su creación no se juegan dados, no opera el principio probabilístico de la suerte.

Las experiencias que llamamos “casuales” o “generadas por la suerte” obedecen a la operación de leyes y principios desconocidos por nosotros y a veces hasta por la ciencia.

No olvidemos que los avances de la física cuántica nos muestran un Universo en donde el observador y lo observado interactúan y se afectan mutuamente, y muchos otros principios más que involucran nuestra percepción del tiempo y el espacio distinta a la que aprendimos en nuestros primeros grados de educación.

Una persona no se gana la lotería porque la suerte está a su favor, sino porque hay ciertas variables coincidiendo en un momento dado que hacen que esté en el momento preciso, en el lugar preciso para comprar el boleto ganador de la lotería, o llegar a la máquina tragamonedas que le dará el premio deseado.

Uno de los empeños de los astrólogos de todas las tradiciones ha sido la de tratar de encontrar cuáles son las fuerzas planetarias que participan en ese momento en el que una persona se gana una cantidad importante de dinero.

Nuestra experiencia y estudios nos dicen que hay personas que nunca se ganarán una cantidad importante de dinero en la lotería o jugando en un casino, ya que ciertas condiciones causales no están presentes en sus cartas natales.

En la visión reencarnacionista que sostiene la Astrología Védica, diríamos que se trata de actos de generosidad que la persona realizó en vidas previas que darán fruto en esta vida, tiempo en que la persona obtendrá ese fruto en la forma económica mediante un premio de la lotería.

Cuando vemos esas condiciones en la carta natal entonces podemos calcular el momento preciso en que el evento ocurrirá. En 35 años de experiencia hemos observado esto en tres ocasiones, y en una de ellas la persona se ganó dos millones de dólares. En otros casos se le puede dar a la persona indicadores de cuándo, dónde y cómo jugar para ganar cantidades menores.

Los principios son muy similares a los que se usan en los cálculos para anticipar los movimientos de los mercados bursátiles. Cualquier persona que haya incursionado en ese campo sabe lo sofisticado de los programas de computadoras que han sido diseñados para manejar cientos de variables que interactúan en el comportamiento de los distintos índices financieros.

A nadie se le ocurriría decir que las personas que ganan invirtiendo en los mercados bursátiles lo hacen porque tuvieron suerte, sino por el conocimiento que han adquirido y por la experiencia.

Pudiéramos hablar de igual manera de otros eventos que experimentamos en nuestro diario vivir y considerarlos como productos de la suerte o de la casualidad.

Recordemos que nada es casual y mientras más sepamos sobre las fuerzas detrás de los fenómenos, más capacidad tendremos de controlar nuestras vidas, que es el verdadero y único propósito de la Astrología Védica.

 


José N. García Autor: José N. García
José N. García es Psicólogo de profesión en el área de Investigación, Enseñanza y Educación Especial. Su formación académica se llevo a cabo tanto en la Universidad de Puerto Rico como en la Universidad de Nueva York.
Trabajó con el Departamento del Trabajo Federal de los Estados Unidos en el área de planificación de programas de mejoramiento social.
Fue director del Departamento de Asistencia Psicológica en programas experimentales desarrollados en Puerto Rico, su tierra natal, para ayudara jóvenes campesinos de la zona norte del país.
Su incursión en la Filosofía Oriental comenzó en el 1969, adiestrándose en las artes marciales y el Budismo Zen. En 1974, realizó estudios en las artes marciales chinas y el Taoísmo, el cual continuó por treinta años.