Karma, suerte e infancia — Astrología Védica

Karma, suerte e infancia
Karma, suerte e infancia

Lo que llamamos suerte no es otra cosa que el disfrute de las buenas acciones realizadas en otras vidas. Cuando vemos a una persona sufrir por mucho tiempo y de buenas a primera ver como su vida cambia, convirtiéndose en un mar de felicidad, prosperidad y salud es solo la maduración de su karma positivo.

Sus buenas acciones fueron las semillas que solo esperaban que la porción del karma negativo que estaba pendiente terminara para dar paso a la felicidad.

He visto jóvenes que han nacido en condiciones de extrema pobreza convertirse en hombres y mujeres ricos y exitosos. Son nuestras acciones positivas el vehículo para remontarnos a las alturas espirituales. Es la razón por lo cual en los ocho pasos del yoga, comenzamos con los cinco comportamientos que debemos evitar y los que debemos de cultivar.

Vivir en un país que nos de la libertad para estudiar y practicar el camino espiritual, tener acceso a la enseñanza, a verdaderos maestros y, sobre todo, tener el tiempo libre para hacer lo que deseamos no es el producto de la suerte, sino de nuestro karma positivo.

[box]Reflexionar antes de actuar es la clave del éxito. No es bueno vivir la vida como caballos desbocados[/box]

¿Cuántos problemas nos hubiéramos evitado si en el momento de haber generado ciertas acciones las hubiéramos meditado antes o hubiéramos escuchado los consejos de otros?

Esto es el secreto de la relación entre Aries y Libra, el primero es el iniciador del impulso el otro es el que balancea la acción. El primero es el guerrero, el segundo el diplomático. Deberíamos movernos entre esas dos tendencias: ni tan cuidadosos que no nos atrevamos a movernos ni tan impulsivos que vayamos a cometer errores. ¡Seamos prudentes!

En este y en otros planos

El ser humano existe simultáneamente en otros planos, pero no nos damos cuenta porque estamos anclados en este. De hecho, de acuerdo con la literatura clásica del yoga, nuestros sentidos existen en el cuerpo astral, o Linga Sharira, y es esa la razón por la cual los mantenemos activos cuando salimos del cuerpo físico.

Por medio de la práctica podemos enfocar nuestra atención en lo que pasa en otros estratos más sutiles de nuestro planeta, que es donde se producen las causas que luego vemos como efecto en este plano físico. ¡Prestemos atención y nos daremos cuenta!

La infancia

La infancia no es más que el período de ajuste de la mente a un nuevo cuerpo. Pero esa mente no tiene edad. Muchas veces nos sorprendemos con los comentarios y la sabiduría que pueden mostrar nuestros hijos, pero no debemos de olvidar el principio anterior.

Antes de la adolescencia, nuestros hijos recuerdan mucho de sus vidas anteriores y mantienen activas sus capacidades psíquicas. Muchos supuestos disparates que dicen nuestros hijos o las formas extrañas en que le llaman a las cosas pueden ser las reminiscencias de los idiomas que hablaron en otras vidas.

No debemos subestimar a nuestros hijos, la razón por la cual los vemos torpes e indefensos es porque aún no han podido coordinar sus principios sutiles, su sistema nervioso aún no está maduro y no se han establecido las conexiones que les permitan que la mente se exprese completamente.

El Maestro dice en las Enseñanzas del Agni Yoga:

“Un niño nunca olvida al que lo trata como un adulto”. Esto nos recuerda la importancia de respetar a nuestros hijos y de aprender de ellos todo los que podamos.


José N. García