Terremoto de Haití de 2010

Para que el país más pobre de América sea noticia mundial, tuvo que acontecer una catástrofe natural estremecedora que ya ha dejado más de cien mil muertos y millones de desposeídos, según cifras oficiales que crecen día a día.

Haití y lo insólito — Terremoto de Haití de 2010

Antes del terremoto, la realidad social de Haití era olímpicamente ignorada a nivel global, o si se la nombraba, era quizá solo como ejemplo de atraso y subdesarrollo o en el mejor de los casos como destino exótico para los vacacionistas pudientes de los países ricos.

Como parte del imaginario de los centros de poder mundial, las playas haitianas y su arena blanca aparecían perfectas en las fotos de los catálogos de las agencias de viaje y avisos turísticos.

Las postales que se vendían para los visitantes extranjeros mostraban imágenes de risueños niños negros sonriendo para la cámara, delante de paradisíacos paisajes tropicales.

Increíblemente, esas representaciones falseadas del país caribeño, útiles para el multimillonario negocio del turismo global, siguen aún produciendo dólares e ilusiones placenteras aun en medio del mayor desastre natural y drama humano de las últimas décadas.

Cerca de Puerto Príncipe

La devastada capital haitiana, se divisa la gigantesca silueta de una lujosa embarcación anclada. No es un barco con ayuda, socorristas o personal médico sino un crucero de lujo de Royal Carribbean donde los turistas se broncean, toman cerveza helada y piña colada, y escuchan música folk haitiana.

Insólito, ¿cómo se puede disfrutar de un idílico tour cuando a pocos kilómetros de allí más de un millón de seres humanos, heridos y traumatizados, buscan desesperadamente algo de comida o dónde pasar la noche?

Con cinismo, algunos “generosos” visitantes pretenden lavar su mala conciencia comprando alguna artesanía adicional y “se sienten bien gastando dinero extra (ya que) resultó muy pintoresco y hasta místico haber viajado allá”, como cuenta The Guardian.

“Insólito que una tragedia convierta a Haití, la verdadera “luz de América”, en tierra de nadie”

Iindiferencia al dolor ajeno y el arrogante caritativismo

Comparten la misma irracionalidad, la indiferencia al dolor ajeno y el arrogante caritativismo de pastores evangélicos gringos con delirios mesiánicos, y hasta brigadas de la secta de la “cienciología” que van a Haití para competir entre sí con sus trasnochadas creencias, arranchar oraciones culposas y alentar días enteros de rezos y arrepentimientos públicos entre miles de personas que lo han perdido todo.

Pat Robertson

Como aún más insólitas y perversas son las declaraciones del líder religioso Pat Robertson, ex candidato a la Presidencia de EE.UU., quien vociferó que el terremoto fue un castigo divino que se merecía ese país  por sus “pactos con el diablo”.

Y afirmó que todos los desastres naturales que azotaron Haití desde 1804,  se debe a que sus habitantes se independizaron de Francia y que “desde entonces han sido malditos”.

Insólito que una tragedia natural convierta al país que fue la verdadera “luz de América” independentista y el primero que abolió la esclavitud, en tierra de nadie donde los poderosos se sienten con derecho para juzgarlo y usarlo a su antojo, a cambio de unas limosnas, unos golpes de pecho o de un pasajero espacio en las vitrinas mediáticas.

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Hernán Reyes Aguinaga | El Telegrafo