Galileo y la Inquisición

Galileo y la inquisición

Galileo Galilei fue un físico, astrónomo, matemático y filósofo que nació el 15 de febrero de 1564 en Pisa (Italia) y murió en el destierro en el pequeño pueblo de Arcetri, cerca a Florencia (Italia), cuando tenía 77 años. Por sus grandes aportes a la astronomía este año se le continúan rindiendo homenajes en todo el mundo.

Galileo y la Inquisición – Historia Antigua

La inquisición, oficialmente se conoce como instituciones que surgieron en la época medieval para dedicarse a la supresión de la herejía en el seno de la iglesia Católica.

En realidad es tan antigua como la historia de la humanidad y aparece como una forma de enfrentar las dicotomías entre poder y verdad, o poder y libertad de pensamiento, o creencia religiosa y verdad científica. Por eso, la inquisición, religiosa o política, tiene actualidad ya sea vedada o abiertamente.

Dos eran los escenarios presentes en los años que le tocó vivir a Galileo. Por una parte, tenemos a la iglesia Católica, la potencia hegemónica del momento, que tenía un absoluto control sociocultural.

Además, la máxima expresión de la verdad salía del Colegio Romano de los jesuitas fundado en1551 por san Ignacio de Loyola. El catolicismo representaba la máxima autoridad del momento y la única fuente de verdad se soportada por la creencia religiosa y las ideas heredadas de Aristóteles y Ptolomeo.

El otro escenario estaba simbolizado por un grupo de personas que trataban de entender los fenómenos de la naturaleza y tener una explicación racional del cosmos.

Galileo hacia parte de este grupo y él heredó los conocimientos dejados por Copérnico, Tycho Brahe, Giordano Bruno, y compartió sus ideas con Kepler.

Galileo, como siempre lo han hecho los científicos después de acoger su legado, interrogaba a la naturaleza a través de experimentos y ésta le confesaba sus secretos.

¿Y cuál fue el “pecado” de Galileo?

Pero ¿por qué Galileo fue perseguido por los que tenían el poder? Aristóteles sostenía que los objetos pesados caen con mayor rapidez que los ligeros, y Galileo, valiéndose de experimentos, demostró que esa afirmación era falsa.

Él pudo afirmar que en el vacío, todos los cuerpos caen con la misma velocidad. En esa época no se conocía el concepto de gravedad.

Por refutar a Aristóteles se sintió perseguido y tuvo que abandonar Pisa, donde era profesor y viajar a Padua, allí la universidad lo vinculó como catedrático de matemáticas y encontró un ambiente de más tolerancia para la libertad de pensamiento.

Aristóteles también decía que la Luna era una esfera cristalina y giraba, como los demás planetas y estrellas, en círculos perfectos alrededor de la Tierra.

Esta idea fue retomada por Ptolomeo quien, valiéndose de artificios, trató de explicar el movimiento de los planetas y finalmente reafirmó la idea aristotélica de la Tierra como centro del universo. El geocentrismo es tomado como valor de verdad por la iglesia Católica.

Galileo, al observar la Luna con su telescopio, se dio cuenta que ésta no era un esfera perfecta y que su superficie presentaba una topografía parecida a la Tierra.

Además, ya sabía por Kepler, que los planetas describían elipses en su movimiento alrededor del Sol, y por lo tanto, fue un convencido de la tesis de Copérnico: La Tierra y los demás planetas giran al rededor del Sol.

Antepuso, el heliocentrismo al geocentrismo. Así, Galileo estaba en contra del discurso oficial y ya sabemos que ayer y hoy la tolerancia ha sido un valor esquivo para los que detentan el poder.

Además de científico…

Fuera de ser gran científico, Galileo fue un excelente divulgador de lo que iba descubriendo. Prefirió publicar sus ideas en italiano, poniéndolas al alcance de mucha gente que no sabía latín, el idioma de los científicos de entonces.

Sus dos libros más importantes: Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo y Discursos y demostraciones matemáticas sobre las dos nuevas ciencias, los escribió en forma de diálogo entre tres personas:

Sagredo, hombre culto que plantea siempre dudas razonables; Salviati, que representa al mismo Galileo y da los argumentos y las ideas correctas, y Simplicio, que representa las ideas de los filósofos aristotélicos.

La forma de hacer ciencia, convalidada por la experiencia y la manera de exponer su conocimiento, hizo que la inquisición impusiera todo el peso de su ley.

El 24 de febrero de 1616, una comisión de la Congregación del Santo Oficio descalifica la afirmación de que el Sol sea el centro del mundo y esté quieto y que la Tierra no sea el centro del mundo y se mueva.

El 5 de marzo de 1616 el Santo Oficio prohíbe el libro de Nicolás Copérnico De Revolutionibus y es puesto en el “Índice de libros prohibidos”, mientras no se corrija; así como se prohíbe, condena y suspende todo libro o doctrina que hable en idéntico sentido.

Condenado a guardar silencio

El papa ordena al cardenal Roberto Bellarmino que advierta a Galileo que abandone sus puntos de vista copernicanos. Él se compromete bajo juramento a guardar silencio.

Esta claudicación se debió, tal vez, a que él conocía la historia de Giordano Bruno, quien murió en la hoguera por hereje al insistir en que la Tierra giraba alrededor del Sol.

Pero en 1624 vuelve públicamente con sus ideas y escribe el libro que quiso titular Diálogo sobre las mareas, abordando las hipótesis de Ptolomeo y Copérnico sobre este fenómeno.

En 1630 el libro obtuvo la autorización de los censores de la iglesia Católica de Roma, pero le cambiaron el título por el nombre ya mencionado: Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.

Inmediatamente fue llamado a Roma por la Inquisición a fin de procesarle bajo la acusación de “sospecha grave de herejía”.

Galileo presentó a favor del sistema copernicano, que enfrenta al ptolemaico, su argumentación como si se tratara de una simple hipótesis matemática de los movimientos planetarios. Sin embargo, esta argucia no fue suficiente para salvarse de la condena.

Amenazado de tortura

El 16 de junio de 1633 el papa decidió que Galileo fuera examinado con amenaza de tortura. Después debía abjurar de la sospecha de herejía ante la Congregación del Santo Oficio en pleno y condenado por el incumplimiento de su juramento.

Galileo tenía amigos influyentes, así que, como a muchos políticos corruptos de hoy, le dan casa por cárcel, pero él no se da la buena vida. Vuelve con sus andanzas y escribe otro gran libro: Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, que terminó el 6 de marzo de 1638.

Por eso varios historiadores de la ciencia consideran poco cierto que cuando fue condenado, Galileo al levantarse tras permanecer arrodillado para la abjuración, haya golpeado el suelo con el pie y exclamando: ¡eppur si muove! (“sin embargo, se mueve”).

Antes de ser publicada su última obra quedó ciego y murió para la Congregación del Santa Oficio, pero empezó a vivir para siempre el 8 de enero de 1642.

La iglesia Católica buscando resarcirse del error de sus antepasados, ha pedido perdón y después de 350 años fue formalmente exonerado en 1992, cuando Juan Pablo II hizo un desagravio público de Galileo en octubre de ese año.

Este año el Vaticano se suma a la celebración del Año Internacional de la Astronomía con la muestra que lleva el nombre de “Astrum 2009”.

Los Museos del vaticano exhiben los primeros telescopios usado por Galileo y se anuncia la publicación de 20 documentos inéditos sobre el proceso contra él, los cuales demuestran la “exagerada rigidez” de los jueces que condenaron al hombre que abrió el camino para la conquista del espacio y formuló el método científico que más frutos le ha dado a la física.

¿Pueden coexistir sin conflicto la Religión y la Ciencia?

Por: Diego Arias Serna
Doctor en Física, Universidad Complutense de Madrid
Profesor-Investigador, Universidad del Quindío