Dejarse ayudar – ¿Cuestionando la ayuda que nos dan?

Dejarse ayudar – ¿Cuestionando la ayuda que nos dan?

Un hombre estaba atrapado en el tejado de su casa mientras una inundación hacía subir el nivel de las aguas. Abrazado a la chimenea, sintió que se le acercaba el fin. Imploró a Dios: “Dios, ayúdame”. Y Éste le contestó: “Te ayudaré, no temas por tu vida”.

Reflexiones sobre Dios

Un rato después llegó un vecino en una canoa y lo invitó a subirse en ella. Pero el hombre atrapado le gritó:

“Gracias, pero Dios está de camino y me salvará”.

Las aguas seguían subiendo cuando pasó un forastero con una lancha que se ofreció a sacarlo de la situación. Pero igualmente le contestó:

“Muchas gracias, pero Dios me ha prometido que acudirá pronto en mi ayuda”.

El forastero tuvo que irse sin poder salvarlo.

El hombre ya estaba subido de pie en la chimenea cuando, de repente, se posó sobre su cabeza un helicóptero que le lanzaba una cuerda para llevárselo. Pero igualmente rechazó la ayuda indicando que estaba más seguro con la que le ofrecía el mismísimo Dios.

Al final pasó lo que tenía que pasar: el hombre se ahogó.

Llega al cielo, se dirige directamente al Gran Jefe y le recrimina su falta de seriedad.

Y le pregunta: “Por qué no me ayudaste como prometiste”, a lo que Dios respondió:

“Lo intenté, fui en tu busca en canoa, en lancha y en helicóptero pero me rechazaste las tres veces”.

¿Cuestionando la ayuda que nos dan?

Partiendo del hecho de que si necesitamos ayuda es porque no sabemos o no podemos resolver un problema (puede ser una relación sentimental, la salud, o cualquier otro conflicto), lo mínimo que deberíamos hacer es calmar ese ego que quiere controlarlo todo y estar abierto ante las posibles soluciones que aparezcan. No procede dirigir a quienes pueden ayudarnos.

El Orgullo

Otro punto importante es el hecho de contemplar la posibilidad de dejarnos ayudar. Muchas veces el orgullo, los prejuicios, los complejos, el miedo, la soberbia, o todo junto, imponen sus criterios a la inteligencia y nos lleva a que no pidamos ayuda hasta que el agua nos llega al cuello.

Todo el mundo, sin excepción, pasa por momentos en los que no se puede salir sin la colaboración de los demás.