Aprender de los niños para ser más felices

Aprender de los niños para ser más felices, InfoMistico.com

La mayoría de los niños derrochan alegría. Pese a los problemas y obstáculos, ellos se las arreglan para olvidar rápidamente los problemas y dedicarse a disfrutar de la vida.

Deberíamos aprender de los niños para ser más felices

En este sentido, la escritora y bloguera de Melissa Sher, explicó en una columna las 18 cosas que a su juicio los niños nos enseñan sobre la felicidad.

Como nos los tenemos que quedar durante los próximos 18 años o más, aprendamos de ellos. Esto es lo que los niños nos pueden enseñar sobre la felicidad, indica. Mira la lista de esta autora.

Siguen su instinto

Los niños pequeños no pasan mucho tiempo dándole vueltas a si han tomado la decisión adecuada. Prefieren darle vueltas a si les has dado el vaso del color adecuado para comer.

Viven el momento

No se quedan en el pasado. No se preocupan por el futuro, a no ser que se les haya dicho que es casi la hora de irse a la cama.

Creen

Los niños pequeños creen en el ratoncito, en el Viejo Pascuero y en el poder de los parches curitas. Además, intentar despegar el papel de la parte adhesiva, les distrae de lo que les causa dolor. Cuando todo lo demás falle, ponles un parche curita.

Hacen cosas

Dibujan. Esculpen. Pegan. Pintan. Cortan todo lo que caiga en sus manos. De verdad, guarda todas tus tijeras y no digas que no estabas avisado.

Bailan

¿Conoces la expresión “baila como si nadie te estuviera mirando”? Eso es lo que hacen. Excepto por todas las veces en las que se aseguran a conciencia de que alguien les mire.

Cantan

Se ponen a cantar a la mínima. En cualquier momento. En cualquier lugar. Incluso en el baño. ¿A quién estamos engañando? Especialmente en el baño.

Tararean

Los niños tararean para sí mismos bastante. ¿Por qué tararean? Porque no saben silbar.

Dicen lo que piensan

Sueltan lo que se les pasa por la cabeza. No necesitan sacarse nada de dentro porque ya han dicho todo lo que necesitaban decir desde el principio. Si los adultos hiciesen lo mismo, beberían muchísimo menos.

Se emocionan

¡Se emocionan tanto! (pero les cuesta entender el futuro, así que ten cuidado con decirles que su cumpleaños es pronto… en un par de meses.)

No les importa si es nuevo

Las películas preferidas de los niños son las que ven una y otra vez. Sus libros favoritos son lo que han leído y releído. Y si tienen una prenda favorita, querrán ponérsela todos los días. ¿Y los adultos?

Estamos obsesionados con lo nuevo. Queremos ser los primeros en comer en un restaurante nuevo, ver una película recién estrenada o comprar el último bolso de un diseñador. Los adultos somos muy pesados con estas cosas.

Se paran a oler las rosas

Son fantásticos oliendo cosas.

No discriminan

A no ser que se les diga lo contrario, aceptan a todo el mundo. Bueno, a todo el mundo menos a los bebés. El insulto número uno para un niño pequeño es que le llamen “bebé”.

Cuando tienen miedo, lo admiten

Esto nos permite ayudarles a aliviar sus temores. A veces la solución es tan fácil como dejar una luz encendida por la noche. Ojalá nuestros temores se resolviesen con una luz.

Aceptan los piropos

Cuando les dices un piropo, probablemente contesten con un “gracias” o un “ya lo sé”.

Duermen la siesta

Puede que se resistan pataleando y gritando, pero la mayoría de los niños pequeños duermen la siesta y se levantan nuevos y mejorados. Todos seríamos un poquito mejores si durmiéramos siesta. (Y más ricos también, porque gastaríamos mucho menos dinero en café).

Se van pronto a la cama

Aunque no sea por propia voluntad y nos cueste mucho esfuerzo porque se creen en la expresión “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

Se involucran

El psicólogo Mihaly Czikszentmihalyi dice que sumergirse completamente en una actividad es el secreto de la felicidad. Lo llama “fluir”. Los niños a menudo se meten tanto en lo que están haciendo que no oyen cuando les llamas. Consejo: si no contestan por su nombre, intenta susurrar las palabras “galleta de chocolate”.

Marchan al ritmo de su propio tambor

Literalmente. A menudo se puede encontrar a los niños marchando en sus casas mientras golpean cosas.

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