Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro

Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro
Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro

Cuando el discípulo está preparado aparece el maestro. Eso es lo que dice el proverbio budista. A lo largo de la vida topamos con muchos maestros. Uno por cada miedo que nos atenaza. Por cada riesgo que no queremos correr… Por cada fantasma del pasado que preferimos ignorar… Por cada pasión que renunciamos a vivir.

Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro

Cada maestro viene a ponernos a prueba por algo distinto. A veces, es difícil reconocerlos porque van disfrazados y están ocultos. Un maestro es cualquier persona que nos ayuda a crecer, aunque sea a patadas.

Pueden ser personas desagradables, tóxicas e incluso menos evolucionados emocionalmente de lo que nos gustaría. El maestro que esperas puede ser un niño a un anciano. Puede darte la lección que necesitas con una sonrisa y un arrumaco o con un empujón al vacío.

Puede que sepa que te ayuda y lo desee. Puede incluso, estos son los que más cuesta de distinguir, que desee hacerte daño y lo consiga. Hay maestros que aspiran a ser amigos y maestros que aspiran a ser verdugos. Y todos nos traen una lección. A veces, esa lección es saber cambiar de dirección a tiempo…

Un maestro es alguien que ha leído cien libros o alguien que no ha leído ninguno

El más cortés o el más impertinente. El más dulce y el más ácido. Hay maestros que tienen como misión ponerte las cosas más fáciles y otros que han venido a ponértelas difíciles o casi imposibles. Hay maestros que vienen a sacarnos de quicio, maestros que vienen a revelarnos alguna gran verdad, maestros que nos regalan su indiferencia…

Hay maestros que te dicen que te quieren y mienten. Hay maestros que te quieren y nunca te lo dicen. Hay maestros de hielo y de fuego. Maestros con espinas afiladas bajo pétalos de terciopelo y maestros de mirada severa subidos a altares ficticios. Maestros que te enseñan a sobrellevar el dolor y maestros que te abren heridas.

El ser más repugnante y egoísta de los que hay en una reunión puede ser el maestro destinado a mostrarte en lo que no quieres convertirte. A veces, hay maestros que nos vienen a descubrir lo que queremos y no sabemos y otros que nos enseñaran cómo llegar a lugares que desearíamos no pisar jamás. Algunos maestros son modelos positivos y otros modelos negativos de una forma de vida que no queremos emular.

Cuando el discípulo está preparado aparece el maestro…

Cuando tienes la capacidad de ver y entender lo que ese maestro viene a mostrarte, aparece. Cuando tienes fuerzas para andar, encuentras el camino. Un maestro muestra un camino, a veces, para llevarte a dónde sueñas llegar.

Otras para que te des cuenta de que tu sueño es absurdo y decidas cambiarlo. A veces, el maestro te muestra un camino que no va ninguna parte porque en realidad lo que necesitabas era el tiempo del trayecto para pensar… O quién sabe si encontrar un compañero de andadura en quien confiar.

Cada persona que conocemos es un maestro en potencia

Hay maestros de risa, de llanto, de valentía, de miedo. Hay maestros que te arrancan una parte del alma cuando descubres qué lección han venido a darte. Maestros que te pagan con arañazos las caricias y con indiferencia los favores…Tal vez no saben más y debas aprender a mejorar tu autoestima para soportar la situación y ser capaz de decir “basta”.

Hay maestros que vienen a ti para que aprendas a perdonar y maestros que te golpean donde más duele para que aprendas a esquivar sin dejar de confiar… Ellos no lo saben, no tienen ni idea de que son tus maestros porque a su vez ellos están aprendiendo algo de ti. Hay maestros que te avergüenzan y maestros a los que desearías no haber conocido nunca. Eso sería el error…

Los maestros te hacen crecer

Porque para aceptar su enseñanza y alcanzar la moraleja que traen consigo debes hacer un ejercicio interior que te hace evolucionar. Para darle la vuelta a la situación y descubrir qué podemos aprender de cada momento y de cada persona que se cruza en nuestro camino.

Al final, que un cretino se convierta en un maestro depende más de ti que de él… Si lo miramos de esta forma, aquellos que han venido hasta ti para utilizarte pueden acabar siendo utilizados por ti para mejorar…

Porque todos necesitamos alguna vez que alguien active ese mecanismo en nuestro interior que nos hace falta para defender nuestra dignidad. Es duro, pero cuanto más angosto y tortuoso es el camino, más se aprende a transitar por lugares complicados.

Hay maestros que nos hacen sufrir y que han venido a enseñarnos que no merecemos ese sufrimiento. Si todo fuera perfecto, si no hubiera conflicto, nada crecería en nosotros.

Alguien debe enseñarnos que la felicidad no es controlarlo todo siempre y que para conseguir lo que quieres hay que aceptar cierto grado de inseguridad. Es saber que sea como sea el camino, te encontrarás con fuerzas para seguir. Esa paz interior que te convierte a ti también un poco en maestro, en uno de los que son un buen ejemplo…

Otra cosa que aprendí, un maestro no es sólo un ancla a la que aferrarse para no ir a la deriva, ni un punto de apoyo en el que sujetarse para no caer. A veces, es todo lo contrario. Es un trampolín desde el que saltar al mundo sin red, un viento que te anima a dejarte llevar y salir de ti mismo, un acantilado desde el que empezar a volar…

Tal vez no sea que el maestro aparece cuando el discípulo esté preparado. Es que sólo cuando está preparado es capaz de reconocerlo y aprender la lección.


Merce Roura