Señales y profecías del fin de los tiempos

El profeta Daniel predijo hace 25 siglos: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (S. Daniel XII, 1)

Señales y profecías del fin de los tiempos

¿Por qué será esa angustia ¿cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces? A esa angustia el mismo profeta Daniel la denomina Mysterium Iniquitatis, y consiste en las siguientes manifestaciones claves:

  1. La herida del Pastor, llamado por el profeta Daniel el Jefe del Ejército (el Papado)
  2. La Dispersión del Rebaño (la orfandad de los fieles, sin pastor visible)
  3. La suspensión del Sacrificio Perpetuo (la suspensión de la Santa Misa)
  4. La Abominación de la Desolación en el Lugar Santo (la usurpación de la Sede Romana por el Anticristo)

El Pastor herido, llamado por el profeta Daniel Jefe del Ejército (el Papado) Se agrandó hasta llegar al Jefe del Ejército (el Ejército es la Iglesia Militante) y le suprimió el sacrificio perpetuo (la Santa Misa); el lugar de su Santuario fue avasallado (Roma, la sede del Papado), lo mismo que su Ejército.

Sobre el sacrificio perpetuo fue instalada la iniquidad (el Novus Ordo Misae o misa nueva en el idioma de cada país), y se echó por tierra la verdad. Él (el hombre de pecado) tuvo éxito en todo lo que emprendió.

Entonces oí a un Santo que hablaba, y otro Santo dijo al que hablaba: “¿Hasta cuándo se verá el sacrificio perpetuo suprimido, la iniquidad desoladora instalada, el Lugar santo y el Ejército pisoteados?”.

Profecía de Daniel

Esta profecía de Daniel coincide con otras profecías de San Juan, de San Francisco de Asís, de León XIII y de la misma Virgen Santísima en La Salette y recordadas como el GRAN CASTIGO en Fátima.

Existe la famosa profecía de Nuestra Señora en La Sallete, la cual es categórica: ROMA PERDERÁ LA FE Y SE CONVERTIRÁ EN LA SEDE DEL ANTICRISTO.

No sólo afirma que el Anticristo luchará contra la sede -Roma-, sino que la Sede Papal será USURPADA por el Anticristo. Previamente “Roma perderá la Fe”. Es exactamente lo que se interpreta de la profecía de San Daniel.

Y ¿qué otra cosa puede significar que Roma pierda la Fe?, y ¿que otra cosa podría pensarse que la sede papal se convertirá en la sede del Anticristo?, ¿Se opone la supervivencia de la Iglesia a la usurpación de la sede por las fuerzas del Anticristo?.

Con el profeta Daniel y con la Virgen en La Sallete, el Papa Pablo IV afirma en su prevención contra los usurpadores del Papado: cuando al fin veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel.

Y a continuación detalla cómo se debe considerar a un usurpador que llegue a ser electo, aún por la unanimidad de los cardenales:

“La promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, ES NULA, INVÁLIDA Y SIN NINGÚN EFECTO…”

Igualmente el Papa León XIII en su exorcismo contra Satanás (1884) señala:

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido.

“Donde fueron establecidas la sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, herido el pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible Adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.” (León XIII. Exorcismo contra Satanás y los Ángeles rebeldes).

Profecía de San Francisco de Asís

“En aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor.” (San Francisco de Asís)

El Seráfico Padre San Francisco de Asís con la traducción de un humilde miembro de la Orden Franciscana señala. Poco antes de morir, San Francisco de Asís reunió a sus seguidores y les advirtió de los problemas venideros, diciendo:

1) Sean fuertes, mis hermanos, tomen fuerza y crean en el Señor

Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará.

2) Los demonios tendrán un poder inusual

La pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta.

En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte. Ese preciso momento muchos lo encuentran en los años 1958-1962 con la elección del masón modernista Angelo Roncalli y su convocatoria e inicio del conciliábulo Vaticano II.

3) Entonces, los escándalos se multiplicarán

Nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él. (Así sucedió a partir del Vaticano II)

4) Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente

Entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios.

5) Entonces, nuestra Regla y nuestra forma de vida serán violentamente combatidas por algunos

Vendrán terribles pruebas sobre nosotros. Los que sean hallados fieles recibirán la corona de la vida, pero ¡ay de aquellos que, confiando únicamente en su Orden, se dejen caer en la tibieza!, porque no serán capaces de soportar las tentaciones permitidas para prueba de los elegidos.

6) Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad

Han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra.

Pero el Señor ha de ser el refugio de los afligidos, y salvará a todos los que confían en Él. Y para ser como su Cabeza [Cristo], estos, los elegidos, actuarán con esperanza, y por su muerte comprarán para ellos mismos la vida eterna; eligiendo obedecer a Dios antes que a los hombres, ellos no temerán nada, y han de preferir perecer antes que consentir en la falsedad y la perfidia.

7) Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad

Otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero pastor, sino un destructor.”

Excepto por dividirse el relato en apartados, y añadiendo negrita para ciertos énfasis, la profecía se presenta sin ninguna alteración, tal como figura en las Obras del Seráfico Padre San Francisco de Asís, Washbourne, 1882, páginas 248-250.

La usurpación del papado y del fin de los tiempos

En el libro “La Revolución”, escrito por Mons. De Segur en 1862, denuncia desde hace más ciento cincuenta años, y de una manera profética, todo lo que hoy estamos viviendo. O sea la terrible crisis en la Iglesia, y siendo ésta el producto de un meticuloso plan infernal trazado por las logias judeomasónicas para destruir el papado y el cristianismo.

¿Qué es lo que estamos presenciando hoy? Estamos presenciando la culminación de ese plan de la Revolución para destruir la Iglesia que vienen llevando a cabo desde comienzos del siglo XIX, y ya antes esbozado por la Revolución francesa.

A partir Juan XXIII y el Vaticano II, los enemigos de Dios, una vez que han usurpado el papado, la jerarquía, los templos, el nombre de la Iglesia católica, le han ido cambiando su esencia al introducir las herejías modernistas y haciendo cambios sacrílegos en los sacramentos y en el culto divino.

En este libro Mons. De Segur, nos da una definición muy exacta de lo que es la Revolución, de la que nos dice: “Es la REBELDIA erigida en principio y en derecho”, “es la consagración legal del principio de toda rebelión”, “la negación legal del reinado de Jesucristo en la tierra, la destrucción de la Iglesia”.

El Papa Pío IX nos dice: “La Revolución es inspirada por el mismo Satanás. Su objeto no es otro que destruir completamente el Cristianismo y reconstruir sobre sus ruinas el orden social del paganismo”.

Veamos como Mons. De Segur desde hace 150 años nos explica la situación de crisis actual:

La Venta Suprema (o logia Suprema de la Masonería) resume en las siguientes palabras esta infernal conjuración: Lo que hemos emprendido es la corrupción en gran escala; la corrupción del pueblo por el pueblo del clero por nosotros; corrupción que nos permitirá llevar a la Iglesia al sepulcro.

Nos dicen que para dar en tierra con el catolicismo sería preciso antes suprimir a la mujer. Sea así; pero no pudiendo suprimirla, corrompámosla, a la vez que a la Iglesia.

Nota: Eso es lo que ha sucedido, a partir Juan XXIII y del Vaticano II, los enemigos de Dios, han ido inutilizando y corrompiendo y quitándole la esencia a la Iglesia, atándola de pies y manos con doctrinas no católicas, más bien doctrinas heréticas como la de la dignidad humana, la libertad religiosa y del falso ecumenismo emanadas no de la divina revelación sino de la Revolución francesa.

Para después acelerar el bombardeo de corrupción contra el matrimonio y la familia tradicional cristiana; con la Revolución Sexual del Rock, libertinaje femenino, el hedonismo del hipismo y la drogadicción, y en la actualidad con la coyundas homosexuales y demás depravaciones.

Corrptio optimi péssima. La corrupción de lo mejor es lo pésimo. El fin es bastante hermoso para tentar a hombres como nosotros. El mejor puñal para herir a la Iglesia es la corrupción. ¡adelante, pues, hasta el fin!.

La corrupción de la juventud y del clero

Los corazones escogidos que la Revolución busca con preferencia son los de los jóvenes y los sacerdotes, y aún querría formar un Papa.

“Conquistáos la reputación del buen católico y del patriota puro, esta reputación facilitará la propaganda de nuestras doctrinas, así entre el clero joven como en los conventos.

Dentro de algunos años, este clero joven llegará a ocupar todos los puestos por la fuerza de las cosas. El gobernará, administrará, juzgará, formará el Consejo del soberano, y será llamado a elegir al Pontífice, quien a su vez, como la mayor parte de sus contemporáneos estará necesariamente más o menos imbuido en los principios italianos y humanitarios que vamos a propagar. Para obtener este fin, despleguemos al viento todas nuestras velas”.

“Debemos hacer inmoral la educación de la iglesia, y llegar por pequeños medios bien graduados, aunque bastante más definidos, al triunfo de la idea revolucionaria por un Papa. Este proyecto me ha parecido siempre de una habilidad más que humana”. Sobrehumana, en efecto, porque viene en línea recta de Satanás.

Nubios

El personaje que se oculta bajo el nombre de Nubios describe luego este Papa revolucionario que él se atreve a esperar: un Papa débil y crédulo, sin penetración, hombre de bien y respetado, e imbuido en los principios liberales. (Toda esta descripción concuerda con el hereje contumaz y liberal, el usurpador del papado Angelo Roncalli, Juan XXIII)

“Un Papa de estas condiciones necesitaríamos, si fuese posible: Entonces marcharíamos al asalto de la Iglesia, más seguros que con los folletos de nuestros hermanos de Francia o el oro de Inglaterra. Para quebrantar la roca sobre la que construyó Dios su Iglesia, tendríamos el dedo del sucesor de Pedro metido en la trama, y este dedo valdría para esta cruzada tanto como los Urbanos II y San Bernardos de la cristiandad”.

“¿Queréis revolucionar Italia? Añaden estos emisarios del infierno, pues buscad al Papa cuyo retrato acabamos de dar. Marche el clero bajo nuestra bandera, creyendo marchar constantemente bajo la dirección de las llaves apostólicas.

¿Queréis que desaparezca hasta el último vestigio de tiranos y opresores? Tended vuestras redes en las sacristías, seminarios y conventos. Y si no os precipitáis os prometemos una pesca milagrosa; pescaréis una revolución revestida de tiara y manteo que marchará con cruz y estandarte, una Revolución que por poco que se la estimule hará arder las cuatro partes del mundo”. ¡Cómo comprenden instintivamente que todo descansa en el Papa!

Continua este admirable Obispo francés. La Revolución es el gran peligro que amenaza a la iglesia en nuestros días. Digan lo que quieran los que pretenden adormecernos, este peligro está a nuestras puertas, en el aire que respiramos, en nuestras más íntimas ideas.

En vísperas de grandes catástrofes, siempre ha habido ciegos, mudos y sordos incomprensibles, que nada quieren ver, oír ni entender. “Toda va bien, dicen; nunca se vio el mundo más ilustrado, la industria más floreciente, las comunicaciones más rápidas”.

Tales hombres no ven, no quieren ver que, bajo este orden material, está oculto un profundo desorden moral, y que la mina, pronta a estallar, se encuentra en los cimientos mismos del edificio. Dormidos y adormeciendo a los otros, abandonan la defensa, hacen que otros la abandonen, y entregan a la Iglesia desarmada, en manos de sus enemigos, en manos de la Revolución.

La Iglesia pierde cada día más su influencia

Las circunstancias son graves, todos las conocen; la Iglesia pierde cada día más su influencia, por no decir su existencia social; en todas partes hay católicos, pero difícilmente se encuentran buenos católicos; ya no hay poderes católicos, ya no hay Estados constituidos según el orden Divino; las olas revolucionarias avanzan cada día más, como las aguas del primer diluvio; pero, a pesar de todo siempre existen elementos de salvación.

Lo repito con seguridad: el estado actual del mundo es un estado transitorio. Una de dos: o la Iglesia, en un tiempo dado, triunfara de la Revolución como ha triunfado de tantos otros enemigos, y en tal caso estas necesidades de transición que nos quieran obligar a aceptar hoy día como principios, desaparecerán por sí mismas, dejando el campo libre a los principios eternos del cristianismo, o, al contrario, triunfará la Revolución por algún tiempo.

Y entonces ¿De qué nos habrán servido las concesiones que ahora se nos aconsejan? Si ha llegado “la hora de las tinieblas” la hora del príncipe de este mundo.

Si está en los designios de Dios que sucumbamos en la lucha, defendiendo hasta el fin los derechos de Dios al menos habremos sido buenos servidores y podremos decir con el grande Apóstol: “He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe. Sólo me resta recibir la corona de justicia que me dará nuestro Señor, el justo Juez” .

“¿Puede acaso la Revolución triunfar del todo de la Iglesia? ¿Puede acaso perecer la obra de Dios?” la obra de Dios no perecerá pero sucederá con la Iglesia lo que sucedió con su Divino Jefe; Tendrá como El su hora, su pasión, su calvario, su sepulcro, antes de reinar sobre el universo entero, y antes de juntar bajo el cayado del Pastor celestial a toda la humanidad. Todo esto lo profetizó el Evangelio.

Se esperan tiempos muy difíciles

Terrible y muy posible término de la cuestión de la revolución. Cierto número de católicos, y entre ellos Obispos y doctores muy eminentes en ciencia y santidad tienen la profunda convicción de que nos acercamos a los últimos tiempos del mundo, y que la gran rebelión que viene destrozando desde hace tres siglos todas la tradiciones e instituciones religiosas conducirá al reinado del Anticristo.

Es de fe revelada que a la última venida de Jesucristo precederán un trastorno moral horroroso y de terrible lucha de Satanás contra Jesucristo y su Iglesia: “Erit enim tunc tribulatio magna, qualis non fuit ab initio mundi usque modo, neque fiet” (Mt., XXIV, 21).

Así como el cristianismo entero se resume en la persona de su Jefe divino; nuestro Salvador, del mismo modo el anticristianismo entero con sus rebeliones, sus atentados y sus sacrilegios se resumirá en aquellos tiempos en la persona de un hombre que estará lleno en la inspiración y en la rabia de Satanás y este hombre será el Anticristo, especie de encarnación de Satanás y esfuerzo supremo de la rebeldía del demonio contra Dios.

La Escritura nos habla claramente en varios lugares, de su aparición en el mundo; entre otras en el capitulo XXIV de S. Mateo, en el XIII de S. Marcos, y en el XXI de S. Lucas, y en muchas epístolas de los santos apóstoles sobre todo la II epístola a los Tes., cap. II.

Anticristo

En cuanto a S. Juan, es el escogido por la divina providencia para enseñarnos en la magnifica profecía de su Apocalipsis, los dolores que precederán y acompañarán al reinado maldito del Anticristo, destrucción de éste, y por fin el reinado glorioso de Jesucristo y de la Iglesia.

El Anticristo reunirá, y en grado supremo, todos los caracteres de todas las revoluciones anticristianas. Será gran sacerdote. Como Caifás; Cesar universal y verdugo como Nerón y otros emperadores paganos; heresiarca como Arrío, Nestorio, Manés, Pelagio, Lutero y Calvino.

Destruirá y matará como Mahoma y demás bárbaros. Se revelará contra el papado como los césares de la edad media como el cismático Focio; negará al verdadero Dios, a Cristo y a la Iglesia, y hará reinar en todo el universo el satanismo o la Revolución perfecta.

Después de una persecución universal, sin ejemplo desde que existe el mundo, volverá a hundir a la Iglesia a las catacumbas, abolirá el culto Divino se hará adorar como Cristo-Dios, y como tal se creará un Pontífice jefe de su culto impío; y todo hombre que no lleve su marca en la frente o en la mano derecha será declarado fuera de la ley y condenado a muerte (Apoc., XIII, 16-17).

Sea como fuera la Iglesia pasa por una gran crisis; que sea o no la suprema, es absolutamente preciso prepararnos para combatir y sufrir; es preciso desprender nuestro corazón de los bienes perecederos que la Revolución puede arrebatarnos, usando de este mundo como si no usásemos de él dirigiendo nuestras moradas hacia la patria celestial y no viviendo sobre la tierra más que para la eternidad.

Debemos tomar por Reina y Señora de nuestro corazón a la Virgen Inmaculada, a la Eucaristía por nuestro pan de cada día, al santo Evangelio por nuestra lectura predilecta, y al sagrado Corazón de Jesús como nuestro soberano refugio.

Vivamos todos para Dios, fuertes en medio del torrente devastador y universal; busquemos en la pura luz católica la guía fiel que nos hará atravesar con paso seguro la tinieblas de la revolución. Sobre todo que nada nos desaliente; saludemos desde ahora el triunfo prometido a la verdad.

Pasada la hora de las tinieblas la santa Iglesia resucitará gloriosa y reinará por todo el universo. Entonces se realizará en toda su extensión la inefable y consoladora profecía del Evangelio: habrá una sola grey y un solo pastor. (Hasta aquí lo que escribió Mons. De Segur hace 150 años)

Es increíble la claridad de la visión de este admirable Obispo, y vemos como muchas cosas se han cumplido con toda precisión.

Hasta aquí, todo lo relacionado con el Misterio de la iniquidad y las profecías acerca de la Usurpación de la Sede Papal y la Suspensión de la Santa Misa.

Por último, sólo leyendo éstas profecías, se puede entender todo este caos, toda esta inmoralidad, todo estehedonismo, todos estos escándalos, apostasías y bufonadas de los falsos Papas desde Juan XXIII, hasta Francisco, en pro de seguirle el juego al demonio.


La base de este escrito fue tomada del artículo: “MYSTERIUM INIQUITATIS”: PROFECÍAS DE LA USURPACIÓN DE LA SEDE PAPAL Y DE LA SUSPENSIÓN DE LA SANTA MISA, publicado el 14 de marzo del 2013, por el blog www.forocatolico.wordpress.com, y el libro: “La Revolución” de Mons. De Segur.