Las doce uvas de la suerte – De necesidad a tradición

La tradición de tomar las doce uvas como forma de despedir cada año que se va no es nueva, ni tampoco responde a motivos religiosos o culturales, sino más bien a meros intereses económicos para deshacerse del exceso de uvas que se produjo en torno a 1.909 en España.

Las doce uvas de la suerte

Pero, ahora cabría preguntarse ¿la tradición de tomar las doce uvas se da en todo el mundo? La respuesta es no.

España es el único país del mundo que toma las doce uva para despedir el año, una tradición que se remonta a 1.909, cuando los cosecheros, en un esfuerzo desesperado de imaginación, consiguieron deshacerse del excedente de uvas de ese año inventando el rito de tomar las doce uvas de la suerte en la última noche del año, Nochevieja.

La noche del 31 de diciembre es una noche mágica. Sin embargo, para conocer sus inicias y su por qué es necesario remontarse al Imperio Romano, donde el mes de enero estaba dedicado al dios bifronte Janus, representado con dos rostros. Uno barbudo y viejo, que representaba al año que se va, y otro jovencito, en honor al principio del año que entra.

En la última noche del año, los romanos invitaban a comer a sus amigos, con quienes se intercambiaban miel con dátiles e higos, con lo cual pretendían que pasase el sabor de las cosas y que el año nuevo que empezaba fuese dulce.

Poco a poco, la costumbre romana fue extendiéndose al resto de Europa, donde, con la misma finalidad, comenzaron a ofrecerse lentejas, de las que se dice que propician la prosperidad económica del nuevo año.

En la edad Media, la Iglesia trató de oponerse a esta vieja costumbre, quedándose en un intento fallido. Y en 1.909, en España se incorporó la tradición de tomar las doce uvas de la suerte.

De tradición en tradición

Los españoles y los portugueses son los únicos que despiden el año tomando doce uvas, con las que buscan tener suerte en los próximos doce meses. Pero entonces, ¿cómo consiguen la suerte venidera en el resto del Planeta? A continuación, les citaremos algunos ejemplos de cómo se despide el año en otros países.

Así, los alemanes despiden el año brindando en honor a San Silvestre, teniendo como costumbre dejar en el plato algunos restos de lo que se haya cenado, como forma de asegurarse una despensa bien surtida durante el año siguiente.

Curioso, sin lugar a dudas, el recibimiento que se hace en Dinamarca al año nuevo, ya que los daneses, para demostrar a sus seres queridos cuánto les aprecian, el primer día del año lanzan ante sus casas los platos viejos que han ido acumulando durante el año. Y el número de buenos amigos que uno tenga será proporcional al montón de platos rotos que se encuentre en su puerta.

En China, el año nuevo no comienza en enero

En China, por ejemplo, año nuevo no comienza en enero, sino en febrero, según el calendario lunar. El año nuevo es la fecha más popular del país y también la más larga, ya que dura cerca de nueve días.

Antes de despedir el año, la gente limpia sus casas a conciencia casas, con el fin de eliminar cualquier resto de mala suerte. Mientras, en las calles hay bailes de dragones e infinidad de fuegos artificiales y petardos para alejar a los malos espíritus.

Y en Japón no existen las doce campanadas para conmemorar la llegada del nuevo año, sino que los japoneses las hacen repicar hasta 108 veces, con el objetivo deliberar del mal el período que empieza, porque, según cuenta una leyenda, cada campanada hace referencia a un deseo terrenal que hay que mantener alejado.

Además, los japonenses decoran sus casas con hojas perennes y bambú, que son los signos de la vida eterna y la honestidad.

Como pueden comprobar, cada país tiene su propia tradición o ritual para despedir el año que se va y dar la bienvenida al que viene. Eso sí, cada costumbre tiene su porqué, pero todas ellas, a pesar de ser diferentes entre sí, tienen un punto en común: buscar la buena suerte en los próximos doce meses, ¿cuál es la más acertada?