El sucio origen del jabón

El sucio origen del jabón
El sucio origen del jabón

¿Bañarse sin jabón? El solo pensarlo quita el deseo del aseo. Pero, ¿desde cuándo existe el jabón? ¿Quién lo inventó? Los espurios senderos del jabón son saneados por dos libros publicados en Inglaterra y en Estados Unidos:

El sucio origen del jabón

— El primero, Clean – A History of Personal Hygiene and Purity (Limpio – Una historia de la higiene personal y la limpieza), de la inglesa Virginia Smith, y el segundo, The Dirt on Clean (El lado sucio de la limpieza), de la canadiense Katherine Ashemburg.

Estas autoras, escriben abundantemente sobre el jabón, sin lavarse las manos como Pilatos, (¿y con qué se las lavó don Pilatos, con jabón de cuaba o de olor?), porque ambas parecieron olvidarse hasta del cuidado personal para no detenerse en su ansiosa búsqueda por aclarar las manchas en la historia de la limpieza.

Los progenitores de grandes inventos y descubrimientos son las creencias, la curiosidad, y la necesidad. En tiempos prehistóricos, las pinturas rupestres testimonian que bañarse era más que una rutina diaria. Asearse formaba parte de una solemnidad religioso. Igualmente, en las civilizaciones antiguas los dioses necesitaban pureza. Almas limpias por fuera y por dentro.

Quizás por eso Higea, la diosa de la salud y la higiene, protegía a quienes lavaban su cuerpo frotándose todo tipo de hierbas, barros y aceites. Estas costumbres se extendieron hasta Oriente, donde los lavados personales se convierten en rituales de purificación mística, placer e higiene.

Los romanos no usaban jabón

Ciertamente, todas las grandes culturas de la humanidad valoraron propiamente el cuidado y el bienestar físico del cuerpo. Por ejemplo, los egipcios cientos de años antes de Cristo, ya fabricaban jabón de manera rudimentaria, usando grasa animal, residuos de plantas y otros ingredientes naturales.

También en Grecia el baño era una institución registrada en los mitos. Homero y Esquilo cuentan que Agamenón en su regreso de la guerra de Troya, fue asesinado en la bañera por su mujer Clitemnestra.

El Imperio Romano construyó acueductos para abastecer su población. El romano asistía diariamente a los baños públicos donde el cuerpo era lavado en una sucesión de piletas con temperaturas variadas. Pero aunque parezca antihigiénico, los romanos no usaban jabón para bañarse.

Ellos preferían los perfumes y las cremas

Además de que el fuerte hedor a sudor era un símbolo varonil. Según algunos historiadores las calles de la Roma imperial eran sucias, muchas gentes tiraban los orines y la materia fecal por las ventanas, aunque se confundía la fetidez con las fuertes fragancias que usaban los romanos para salir a la faena diaria.

Se dice que la aristocracia paseaba por las vías públicas con rosas pegadas a la nariz para así apaciguar la hediondez.

Sin embargo, con la caída del imperio y la llegada de los cristianos al poder desapareció la tradición por el baño. Es claro que el baño no se esfumó del ambiente europeo de la noche a la mañana. Katherine Ashemburg anota que algunos de los primeros patriarcas del cristianismo, como el teólogo Tertuliano o los santos Agustín y Juan Crisóstomo, frecuentaban todavía las casas de aseo.

Pero entonces esos locales empezaron a ser asociados con el pecado y con la disolución de las costumbres paganas. Aparte de que tanto el judaísmo como el cristianismo desconfiaban de las atenciones prodigadas al cuerpo humano. Místicos extremados como San Francisco de Asís consideraban a la suciedad como una forma de castigar el cuerpo aproximándose al espíritu de Dios.

El baño se practicaba dos o tres veces al año

Puede creerse que es exagerado, no obstante, en la mayoría de los conventos y monasterios de la Europa Medieval, el baño se practicaba dos o tres veces al año, en general, a las vísperas de fiestas religiosas como la Pascua o la Navidad.

Pero el promedio de baños de quienes no vivían en los conventos no era muy superior. Perdido el hábito del aseo en la época medieval, pasarían siglos antes de que se lo recuperara. (En algunos países aún hoy no se acostumbra).

El baño con jabón se volvió una moda transitoria. En el siglo XIII, el popular Román de la Rose, poema francés repleto de consejos eróticos, traía una serie de recomendaciones para el aseo femenino.

Las mujeres deberían mantener limpias las uñas, los dientes y la piel,sobre todo debería ser celosas en la limpieza de la cámara de Venus. Las damas francesas de la referida época, no conocieron el útil jabón de cuaba.

Como los chivos azuanos

En el siglo siguiente, también aparecerían juegos eróticos en el baño, como se aprecia en el Decamerón de Giovanni Boccacio. El prestigio del jabón, sin embargo, parece haber sido solo literario.

El cristiano medio europeo recordaba a nuestros “chivos azuanos”, por aquello del pánico al agua, pues los religiosos entendían que bastaba con lavarse la cara, las manos y los dientes. Eso era todo a lo que se resumía su higiene personal.

La transición a la era moderna no trajo ninguna mejora higiénica; por el contrario, la progresiva urbanización generó catástrofes sanitarias. En Londres o París, la disposición de los desechos humanos se hacía en las calles mismas.

En el suntuoso Palacio de Versalles, un decreto del año 1715, disponía que las heces se retiraran de los corredores una vez por semana, lo que indica que la limpieza era aún más distanciada que antes. El lujoso Versalles prácticamente no tenía baños, a penas un cuarto equipado con una bañera de mármol encomendada por el propio Luis XIV como simple forma de ostentación, pero en el más absoluto desuso y sin jabón.

Los médicos le recomendaron cierta vez al Rey que se bañara como forma de terapia para las convulsiones que sufría, pero interrumpieron el tratamiento cuando el monarca se quejó de que, “el agua le producía dolor de cabeza”. En ese entonces se creía en el poder curativo de las inmersiones en agua para ciertas dolencias.

Peligros al baño

Contradictoriamente, sin embargo, también se le atribuían peligros al baño: lavar el cuerpo con jabón podía abrir los poros, facilitando la infiltración de las dolencias, lo que era precisamente al revés, ya que era la falta de higiene lo que permitía la difusión de epidemias como la peste y el cólera.

En una ocasión el Rey Enrique IV invitó al Duque de Sully al Palacio del Louvre para tratar asuntos de Estado. Pero quien al final visitó al Duque fue el Monarca, ya que el primero se había bañado recientemente y se consideró que era un peligro para él salir a la calle.

Otra creencia popular de la misma época se refiere al poder purificador de la ropa: se creía que el tejido absorbía la suciedad del cuerpo. Bastaría, por tanto, cambiarse de camisa todos los días para mantenerse limpio, “para qué bañarse con jabón entonces”, se preguntaban.

Consumo masivo del jabón

Fue en el siglo XIX con la propagación de los sistemas modernos de acueductos, y con el desarrollo de una nueva industria de la higiene -principalmente en los Estados Unidos- que empezó la rehabilitación del baño.

El jabón, conocido desde la Antigüedad, pero por mucho tiempo considerado un objeto de lujo se industrializó y popularizó de manera masiva. En ese ámbito, en el año de 1877, Scott Pape, la compañía americana pionera en la fabricación de papel higiénico, comenzó a vender también jabón.

Los ministerios de salud proyectan en líneas generales, medidas de higiene: lavarse las manos y el aseo diario con agua y jabón. Estos hábitos se difunden a escala internacional a través de médicos que solían reunirse en congresos. Un objetivo esencial para el momento fue: vencer las enfermedades contagiosas, la peste, el tifus, las fiebres tifoidea y amarilla.

Un siglo de mucha espuma

El siglo XX prosiguió con la expansión de la higiene y la venta en gran escala de cientos de marcas de jabón. La industria jabonera despierta y se expande por todo el mundo. Este producto se proyecta como fundamental para el cuidado de la higiene personal.

El jabón conquista los baños de casas, hoteles y lugares públicos. Para muchos fabricantes del producto la era del jabón había llegado. En ese momento y hasta el día de hoy, bañarse sin jabón puede resultar una sucia idea.

Leonel Martínez vía Dominicanos Hoy