Don Guillermo Dican El Mujeriego

Don Guillermo Dican El Mujeriego

-El que es mujeriego -decía don Arturo Berríos-, si no se compone a tiempo llegará a viejo enamorando escobas jajajaja. Hay muchas historias de hombres mujeriegos en nuestro país, esta es la de don Guillermo Dican.

Don Guillermo Dican El Mujeriego – Leyendas Urbanas de Honduras

Cuentan que don Memo, así lo llamaban los amigos, no había mujer a la que no le echara un piropo. -¡Adiós ángel de mi Guarda!, ¡bonboncito terrenal! ¡Qué curvas y yo sin breques! -Así se la pasaba piropeando y enamorando a las muchachas.

Un buen día don Memo se enamoró perdidamente y aquel amor puro y verdadero lo llevó al matrimonio, dice un conocido refrán que al que le gusta el chancho con solo verlo pasar suspira, aun casado don Guillermo seguía con sus piropos y sus canitas al aire.

— Vea Margarita usted tiene algo que atrae a los hombres, míreme a mí cómo me tiene de rodillas como un chucho arrastrando el petate.

– Púchica don Memo, no se conforma con ese mujerón que tiene en su casa… hermosa, bonita, que le llama la atención a los hombres; no hombre, compóngase que es un hombre casado….

— Jejejeje como dice una canción, la casada es mi mujer, es que sinceramente, y se lo vuelvo a decir, es que usted tiene una papada que lo atrae a uno.

– Déjese de tonterías don Memo ahí lo van a sorprender un día y la va a pasar muy mal.

—No Margarita, no piense eso, si mi mujer no es celosa…

– Eso es lo que usted dice, un día de estos su mujer le puede sacar un “pelotiado”.

Don Guillermo vivía en la aldea de Cocobila

En la jurisdicción de Bruss Laguna en el departamento de Gracias a Dios, era famosísimo porque desde pequeño y en su juventud era un gran mujeriego, ya casado seguía en las mismas. Una noche la mamá de la esposa le dijo a don Memo:

– Mirá Memo esta noche no caería mal que fueras a la playa a recoger huevos de caguama (una clase de tortuga), así mañana al mediodía puedo preparar un buen almuerzo como a vos te gusta…

— Mmmmm mi querida suegra, pues la voy a complacer —, jejejejeje este convenio con mi suegra si es macanudo, así voy a aprovechar para ir a ver aquella jodida que vive en Río Plátano y me estoy un rato con ella jejejeje… porque carbón que ha sido brasa fácilmente se enciende.

Aproximadamente a las diez de la noche se fue al solar de su casa, lazó un caballo, le puso unos sacos viejos de pelero y emprendió la marcha por la playa por toda la orilla del mar.

Belén Payabila

Al llegar a un lugar conocido como Belén Payabila, una intensa luz que salía del monte alumbró al jinete, don Guillermo pensó que era su compadre don Spodean Rivas el que estaba alumbrando con su lámpara de mano, se cubrió el rostro con el sombrero para no ser reconocido.

Después de ver aquella luz espoleó su caballo y partió a todo galope; dos kilómetros más adelante fue alumbrado desde el monte varias veces por la misma luz, y aunque se puso medio nervioso, el pensamiento en su vieja querencia lo hizo proseguir la marcha hasta llegar a la aldea Rio Plátano y en un palo de Guayabo apersogó el caballo.

Seguidamente se dirigió al hogar de la muchacha que buscaba.

En aquel tiempo las casas de los misquitos eran diferentes de las que ahora construyen

No les ponían puertas y cualquier persona entraba con facilidad.

—Mmmmm… -pensó don Guillermo- ahí debe de estar esa cipota que me traía y todavía me trae loco, además voy a comprobar si es cierto lo que dice aquella canción que un viejo amor no se olvida, ni se deja.

— Me imaginó que debe de esta más hermosa, más formada, más bella, debe ser una mujer atractiva y sensual más que en otros años.

Los grillos dejaban escuchar su monótono canto y en los charcos las ranas y los sapos cantaban con todas sus fuerzas convirtiendo el lugar en algo lleno de misterio.

A Guillermo le palpitaba el corazón

En cada paso que daba tenía la certeza de que aquella que había sido su mujer cuando tenía 15 años estaba convertida en una extraordinaria mujer bella y hermosa.

—Qué sorpresa se va a llevar cuando me acueste con ella en la cama, me iré despacito sin hacer ruido para que nadie me escuche entrar en la casa.

— Caramba, cómo la recuerdo cuando se entregó a mí en aquel camino solitario, nadie pasaba, solo estábamos los dos besándonos apasionadamente… eso es, la voy a despertar con un beso suave y sensual… ya siento su cuerpo contra el mío.

Sucedió algo sobrenatural

Don Guillermo caminaba sigilosamente, y cuando estaba a punto de entrar en la casa sucedió algo sobrenatural, de pronto lo invadió un miedo indescriptible sintió que una mano lo sujetó del cuello.

El caballo que estaba atado en el árbol de Guayabo relinchó furiosamente tratando de escaparse como si alguien lo estuviera fustigando.

Don Guillermo, aterrorizado, salió corriendo y de un salto montó en el caballo emprendiendo veloz carrera; a sus espaldas escuchaba carcajadas diabólicas, su caballo no corría, casi volaba.

Los grillos los sapos y las ranas se callaron repentinamente

El hombre iba agarrado del lazo y de la crin del caballo, sentía que algo volaba a sus espaldas… caballo y jinete llevaban los ojos desorbitados. Al fin, al filo de la madrugada llegó a su casa, todos estaban dormidos, se encomendó a Dios y dio gracias por haber escapado de las garras del diablo.

Posteriormente don Memo se fue a vivir con su familia a la aldea llamada Paplaya y desde entonces olvidó “la mujeriada” como dicen los habitantes de aquella zona.

El Silbón — Leyenda Urbana Venezolana

La Prensa de Honduras