Carmen Ruiz, una mujer española que tiene 67 años, cuenta su propio encuentro con un ángel. Al menos ésa es la explicación que tiene para lo que le pasó hace ya casi 20 años. Estaba en el mar, paseando por la orilla, sola. Y observó que un señor la miraba todo el tiempo. Así que se metió en el mar, con tan mala de suerte que una ola la arrastró.

— Sentía que me ahogaba, relata. Entonces, el hombre que tanto la observaba se acercó y le tendió la mano. Otra ola la zambulló de nuevo, pero él logró sacarla, la llevó a una hamaca vacía, la ayudó a vestirse y le dijo que estuviera tranquila. Cerró los ojos y cuando los abrió, él había desaparecido.

¿Quién la salvó? — Sólo podía ser mi ángel de la guarda. Una presencia benigna y extraña que me cuidó todo el tiempo que estuve en el mar, relata Carmen.

Una conclusión nada descabellada si nos apoyamos en una encuestas sobre el tema, como el estudio que la prestigiosa compañía Gallup Group hizo en el 2007 sobre las creencias de los estadounidenses.

Entre las preguntas, una en específico –¿cree en los ángeles? ¿ha sentido alguna vez su presencia?–, dio una sorpresa: 75% de los encuestados confesó que cree en estos seres sobrenaturales. Han sentido alguna vez su presencia y comulgan con la idea de que cada quien tiene un ángel de la guarda desde que nace.

Gallup ha hecho esta encuesta en distintos años y la última refleja el aumento de la población que cree en estos seres benignos. Los creyentes en ángeles subieron de 56% en 1978 a 72% en 1998.

Ver (y oler) para creer

No sólo en Estados Unidos se ha medido el grado de fe en los ángeles. Una teóloga de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, decidió recolectar testimonios de quienes han tenido experiencias o encuentros con algún miembro de la corte celestial.

Durante dos años, Emma Heathcote recibió 450 historias. Según sus conclusiones, casi un tercio de sus confidentes ha visto a estas criaturas con túnica blanca y alas. Un 21% de los entrevistados declaró que los ángeles tienen forma humana. Otros simplemente sintieron su presencia junto a ellos, y algunos vieron acompañado el fenómeno por un aroma determinado o un resplandor luminoso. Un dato curioso es que los testimonios han provenido de protagonistas de todas las religiones, incluso ateos. A todos, los ángeles les revelaron un mensaje, les ayudaron en situaciones de riesgo o les proporcionaron consuelo.

En septiembre de 2008 salió a la luz otra indagación sobre el mismo tema. El Instituto para Estudios de la Religión, de la Universidad de Baylor (Texas, EU) encuestó a casi 1,700 personas, 55% respondió afirmativamente a la frase: — He sido protegido de algún daño por un ángel guardián. Entre ellos, gente de diversa escala social, cultural y económica.

“En una época muy sectaria, cuando la gente se está matando por sus diferencias, los ángeles son bienaventurados no sectarios, comunes en el Cristianismo, el Judaísmo, el Islam y el Zoroastrianismo. Ellos son ejemplares universales de gracia e inocencia. Un dulce antídoto contra la grosería de la cultura más popular”, señalaba en una editorial el mismísimo The New York Times.

Espiritualidad sin exigencias

Angeles Guardianes

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Lynn Clark, socióloga de la Universidad de Denver (EU) y autora de From Angels to Aliens: Teenagers, the Media, and the Supernatural ha indagado en asuntos celestiales.

— Se tiende a pensar en los ángeles como seres sobrenaturales accesibles. Nos protegen del daño, nos guían y nos consuelan, señala en entrevista. Y añade: — De hecho, se ve a los ángeles como espirituales, pero no religiosos; es decir, que no pueden ser controlados por autoridades religiosas.

Esta prolífica investigadora estudió el impacto del show televisivo Touched by Angel en las creencias religiosas de los estadounidenses y menciona que es interesante ver cómo ha evolucionado la percepción de los ángeles en los últimos 10 años.

— Ya no son cursis y sentimentales, como los de las películas Highway to Heaven, Touched by Angel o It’s a Wonderful Life. Ahora son superhéroes, animales que toman atributos sobrenaturales de ángel guardián como Philip Pullman en Harry Potter.

Así se conciben los ángeles del siglo XXI, aunque muchos tengan la idea de seres etéreos, asexuados, aniñados y gentiles, y otros reclamen el aspecto serio de este ejército celestial. Pero ha habido muchas etapas en la concepción angelical y en la angelología, o rama teológica que estudia a estos seres.

En la Edad Media, los teólogos cristianos establecieron que los ángeles eran los intermediarios entre Dios y la humanidad. Ellos aliviaban el tránsito de la vida corpórea a la espiritual y tenían infinidad de funciones: mover las estrellas, girar los planetas, ordenar el caos, hacer que prevaleciera el bien sobre el mal…

Después, en el Renacimiento, se fue perdiendo el interés; los intelectuales consideraron este tema parte de la charlatanería e imaginería popular. Desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, el auge científico borró del mapa cualquier disertación angelical. Hasta que la Nueva Era redescubrió mantras orientales, se recuperó la Cabalah y el mundo esotérico resurgió con fuerza. Desde entonces, crece el interés y la creencia.

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