Siempre correremos el riesgo de convertirnos en brujas o brujos

Convertirnos en brujas

La magia es parte integral de nuestra historia y nuestro pasado. La brujería, aunque usualmente ha tenido un lugar muy oscuro, es una idea que nos resulta familiar e intrigante. Es un concepto donde la realidad y lo sobrenatural se unen. Contrario al pasado ahora tenemos brujas y brujos públicos con oficinas lujosas y climatizadas.

Riesgo de convertirnos en brujas o brujos

Como estamos en el mes de octubre, consagrado ya tradicionalmente a los temas de brujas y hechiceros, voy a transcribir un cuento, sin autor conocido, y que por su actualidad y contenido vale la pena leerlo.

Cuando los matrimonios se destruyen por la causa que se narra.

La letra relata el siguiente episodio

En una montaña azul habitaba una linda doncella que al cantar alegraba el bosque; su sonrisa encantaba a las aves y las flores anhelaba con su melodía despertar.

El río, con múltiples armonías, realzaba la sinfonía. Se decía que era una hechicera que con su aroma seducía a los que la llegaran a encontrar. Sucedió un buen día que la maravillosa hechicera a un caballero conoció. Fue tal su enamoramiento que desdobló sus alas de mariposa y lo cautivó.

Con mil detalles lo conquistó, a cada mirada le entregaba con mil amores lo que él pudiera desear. Una noche negra pensó que solo ella debía poseerlo, y la nube espesa de los celos la invadió. Transformó su cantar en un reclamo agrio, que exigía su fidelidad hasta en el silencio; lo acosó sin darle tregua alguna; no toleraba su ausencia un solo instante, y a través de protestas sin fin, poco a poco lo alejó. Se amargó tanto a sí misma por su afán de posesión, que de hechicera en bruja se convirtió, e hizo de su amor una tragedia.

El fin de la historia fue que sola se quedó y ya en la vejez recordó la frescura que tenía para cautivar, y buscando consuelo al bosque regresó, volvió a cantar y aun cuando ya no poseía el encanto de su juventud, con su trato suave nuevamente a las aves sedujo, hizo a las flores crecer, el río con su música la acompañó, y olvidando para siempre la nube negra de la posesión, un buen día se encontró a su caballero ya maduro que seguía suspirando por la doncella que en ese bosque perdió.

Al mirarse, ambos entendieron que la única forma de continuar esa historia de amor era sin posesiones. Amarse y hechizarse con mil detalles para tejer ese amor que por soberbia alejaron, y que ahora sabían qué debían hacer para conservarlo sin temor alguno de perderlo.

Este es un cuento de brujas y hechiceras que nos muestra que la posesión y los celos nos alejan de los seres que amamos.

Cuando dejamos de controlar y somos capaces de otorgar libertad, nuestro amor crece y libres de ataduras haremos del amor una experiencia maravillosa y no una prisión.

Siempre correremos el riesgo de convertirnos en brujas o brujos, ya sea como padres, amigos, pareja o hijos: cuando nuestras relaciones son un acoso lleno de reclamos.

Si no hay espacio para la cordialidad o absurdamente nos instalamos en exigir comportamientos determinados, como si fuera nuestro derecho y del otro su obligación; cesando de realizar lo que teníamos que hacer para conquistar la conducta deseada.

La única garantía que tenemos para conservar a los seres que amamos es nunca dejar de hechizarlos con esas pequeñas atenciones que cautivan el corazón. Atreverse a ser libre es dar libertad. Si tienes más confianza en ti mismo será menos probable que dejes que los celos tengan poder sobre ti.


Juan Alberto Granados Urueta