Salir de los celos con conciencia y psicomagia

Los celos generan dos dimensiones de sufrimiento: La de la persona que los padece, por la obsesión en la que se embute respecto a que a que el ser que quiere (poseer) pueda relacionarse con otra persona de manera placentera. El cerebro reptil alerta de una pérdida de territorio cuando la pareja (entendida como posesión) amenaza con el abandono.

La de ese ser querido, por las restricciones de libertad a las que lo suele someter el otro. Tanto la obsesión como la restricción de libertad generan sufrimiento y enfermedad.

En un nivel de consciencia elevado no caven los celos, pues el amor y la fidelidad son entendidos desde la libertad. “Aceptaremos sin celos que otra persona dé a nuestra pareja lo que nosotros no podemos darle”, dice Alejandro Jodorowsky en “Cabaret Místico”.

¿Qué mensajes emite un comportamiento celoso?

Posesión: “eres mía/o, por lo tanto no hagas esto o aquello”. Detrás puede haber un árbol en el que unos miembros “pertenecen” a otros.

Proyección de un deseo inconsciente: “Si yo deseo, ¡tú también deseas!”. En el árbol se repiten las infidelidades.

Culpa inconsciente por una infidelidad propia o de algún miembro del árbol. “Me lo tengo merecido”.

Vivir en competencia. Por ejemplo, una mujer que ha competido con sus hermanas por el amor del padre, de casada compite con todas las mujeres por el amor de su marido.

Complejo de inferioridad. “Mi madre prefirió a mi padre o a mi hermano, nadie me valoró, siempre hay seres superiores a mí en algún aspecto que se apropian de lo que yo deseo”.

Superar los celos es echar al fuego media docena de leñosas ideas locas y cambiarlas por otras más sanadoras. Entendamos que la pareja no es para toda la vida: cueste más o cueste menos, se tarde más o se tarde menos, hay que tener permiso para disolver una relación cuando ya no tiene sentido.

Nadie posee a nadie, somos libres para pensar, amar, desear y actuar.

No hay que hacer de las proyecciones realidades, la comunicación tiene en este aspecto una labor importante. Cambiar la culpa por responsabilidad; si he incumplido, pago (compenso), pero no cargo ni hago cargar a nadie con ningún peso.

No vivimos en competencia, vivimos en colaboración. La pareja no es un trofeo que se gana por méritos, es una libre elección mutua para vivir juntos, con más plenitud de la que sentían viviendo solos.

Nadie, absolutamente nadie, es superior a nadie. No existen los defectos ni las virtudes, el atractivo auténtico (no el fetichista) entre dos personas no se basa en detalles, sino que es la totalidad misma la que enamora.


Alejandro Jodorowsky