Padre Bartolomé de las Casas

Padre Bartolomé de las Casas

Tenido por muchos como la figura más noble y progresista de la colonización española en América, amén de notable precursor de la doctrina de los Derechos Humanos, Bartolomé de las Casas ilustra en su vida el cambio de rumbo que suele llevar aparejado una conversión radical.

Padre Bartolomé de las Casas — La conversión de un misionero

Al igual que San Pablo, San Agustín y San Francisco de Asís antes que él, el llamado “Protector de los Indios” se enfrentó un día a una “revelación” que echaría por tierra lo que habían sido sus más caros proyectos y ambiciones.

Para ponerlo en el camino de un arduo apostolado que le acarrearía muchas frustraciones y enemistades y que habría de durar por el resto de su existencia.

América 1502

No tenía aún veinte años cuando vino con su padre a América en 1502 en busca de fortuna como la mayoría de los españoles que cruzaron el Atlántico en aquel tiempo— expresamente invitados por Nicolás de Ovando que acaba de ser nombrado gobernador de La Española.

La colonización hispánica en el Nuevo Mundo se reducía a esta isla y a algunos puestos coloniales en tierra firme. La vasta empresa que llevaría el pendón de Castilla desde Oregón hasta el extremo de América del Sur apenas comenzaba.

Próspero encomendero

Las Casas no tardó en convertirse en un próspero encomendero, es decir, usufructuario de los servicios de un grupo de indígenas que trabajaban para él, sin más remuneración que un rancho miserable y un taparrabos, en tierras que la Corona mercedaba a los que llegaban como colonos.

La expansión territorial de España, que llegaría a ser, en unas pocas décadas, uno de los más grandes imperios de la historia, tenía por epicentro este pequeño enclave caribeño.

En esos primeros años pasados en América no sabemos mucho de su vida, salvo que participó también en la persecución y caza de indios, reducidos —si no legalmente, sí en la práctica— a una dura esclavitud en los lavaderos de oro, en las labores de la incipiente ganadería y en la explotación de algunos cultivos.

Amo cruel

No es de creer que el joven Las Casas fuera un amo cruel. Lo más seguro es que le dispensara un trato amable a sus subordinados y que se ocupara de que aprendieran la doctrina cristiana, pero se aprovechaba del trabajo de aquellos infelices igual que los demás.

En algún momento debió sentirse movido por la vocación religiosa y, sin abandonar su condición de encomendero, es ordenado presbítero en 1510, siendo el primero en recibir órdenes sagradas en el Nuevo Mundo.

Por un tiempo, como cura seglar, comparte sus sagrados deberes con el cuidado y explotación de su hacienda y, por esto último, los dominicos, recién establecidos en La Española y a los cuales se sumará después, llegan a negarle los sacramentos.

En 1512

Probablemente en abril, cinco meses después de que Diego Velázquez emprendiera la conquista de Cuba, Las Casas pasa a esa isla vecina como capellán de Pánfilo de Narváez, y de nuevo recibe, junto con su amigo Pedro de Rentería, tierras y encomiendas en el valle del río Arimao, cerca de la actual ciudad de Cienfuegos.

Para entonces, deben haberle repugnado a su carácter sensible las crueldades gratuitas que veía cometer a sus coterráneos en contra de una población noble y casi indefensa; sin embargo, no es sino hasta 1514 que su vida sufre una brusca alteración.

Se cuenta que, mientras preparaba un sermón para la fiesta de Pentecostés, un pasaje del Eclesiástico (libro deuterocanónico del Antiguo Testamento) se le reveló como una acusación:

Pan de indigentes es la vida de los pobres,
Quien se lo quita es un hombre sanguinario.

Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento,
Vierte sangre quien quita el jornal al jornalero.

…el hombre que ayuna por sus pecados
y que vuelve otra vez a hacer lo mismo;
su oración, ¿quién la escuchará?

Este pasaje de la Biblia determina su cambio de rumbo

El 15 de agosto de ese año, al predicar en la fiesta de la Asunción en la recién fundada villa de Sancti Spíritus, denuncia el sistema de las encomiendas y, renunciando a la que tiene, empieza su apostolado a favor de los indios que se extenderá por más de medio siglo.

Aunque llega a alcanzar la dignidad de obispo, su papel de defensor y apologista de la raza vencida es el que le ha dado un sitio cimero en la historia de América y el que lo hace una de las voces que formó la conciencia de la modernidad.

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