Más o menos 100 años atrás, una decidida mujer llamada Anna Jarvis luchó para crear una festividad nacional en honor a las madres Americanas. Después de una larga campaña, finalmente desvió la atención del presidente Woodrow Wilson de la primera guerra mundial y lo introdujo al vital tema del día de la madre. En 1914, Wilson firmo la proclamación, supongo que sólo para sacarse a estas mujeres de encima.

Después de esto todos sabemos a quien agradecer por los artículos de revistas y periódicos titulados “Grandes ideas para demostrarle a mamá cuanto te importa”.

Todos estos artículos comparten una desagradable característica; la foto de una glamorosa madre sentada en su maravillosa cama con su bata de seda perfecta, su cabello cepillado inmaculadamente, maquillaje aplicado, mientras el marido, igualito a Tom Cruise, le trae el desayuno a la cama en una hermosa bandeja de madera de cedro. Detrás del clon de Tom hay tres niños, bien vestidos, o si no, por lo menos en pijamas adecuados a la estación, con colores que combinan. Estos niños no están todos despeinados, ni tienen galletas y chocolate por toda la boca, o malos modales. Ellos no se empujan ni se dicen “¡Yo quiero dárselo a mama! ¡Es mi turno! ¡Mi Turno! ¡MI TURNO!”. No, ellos esperan pacientemente, estos son niños extraños. Tal vez, Tom ya les repartió sus dosis diaria de Ritalin.

La bandeja de desayuno contiene esponjosas tostadas francesas. No están quemadas. También aparece una taza de café caliente, un vaso con fresco jugo de naranjas recién exprimido y una rosa en un lindo florero, no en un frasco de mayonesa. Tom ha tenido una mañana atareada. Por supuesto, mamá se ve extremadamente contenta, porque este es su día. Tom se ha organizado para llevar a los niños al parque, porque ha leído que regalarle tranquilidad, es realmente el regalo perfecto para la mujer que ama. Él compró muchas revistas para investigar acerca del “regalo perfecto”.

Incluso hizo una lista de los ingredientes que necesitaría para hornearle a su alma gemela una torta de chocolate (Tiempo de preparación 50 minutos) pero se decepcionó cuando se dio cuenta que no sabía lo que era un “molde desmontable” y que no tenía a nadie para preguntarle sin que se descubriera su sorpresa. El también consideró los cupones hechos a manos que valen por un masaje, una romántica cena para dos, y una noche de película cuando los niños duermen donde la abuela. Finalmente, Tom y los niños le entregan a Mamá, quien no tiene ni una arruga ni tampoco un pelo gris, un cupón de regalo para un gran día en el spa.

Entonces mientras Tom balanceaba a los niños en los columpios del parque y les daba sándwiches de mantequilla de maní, Mamá estaría todo el día en el spa. Comenzaría con un lujoso baño de minerales y un masaje shiatzu (muy bueno para la circulación) a cargo de una mujer llamada Petra. Después de un almuerzo gourmet de 500 calorías preparado personalmente por Wolfgang Puck, la tarde de Mamá estaría llena de citas; un baño completo de barro, con exfoliante facial importando directamente de Hungría y un tratamiento de belleza. No es que ella lo necesitara, claro está.

Oh, ¿Acaso tu día de la madre no es así regularmente? ¿Acaso tienes que empezar a decir desde marzo que el día de la madre está a la vuelta de la esquina, dejando notas en los espejos y mandando e-mails anónimos a tu esposo y con lo único que terminas es con una parrilla eléctrica de regalo?

Esto me pasó a mí también, hasta que tomé una acción más decisiva. El año pasado le pagué a un avión para que escribiera un anuncio en el cielo con las iniciales de mi esposo y a continuación las siguientes palabras, “Los Diamantes son los mejores amigos de una mujer, no las parrillas”. Pero incluso esto fue muy obtuso, y recibí en cambio una podadora Black & Decker. Este año no me voy a arriesgar.

He puesto en cada botella de cerveza una etiqueta.

Dice “Anna Jarvis dio su vida durante la primera guerra mundial para que las mujeres pudieran tener un día al año de dignidad. Este año. Piensa en metales y piedras preciosas, y recuerda: ya tengo una podadora. No lo eches a perder”.


por Judy Gruen







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