La familia Kennedy y su signo de muerte

familia Kennedy

Así como hay familias donde cada una de sus generaciones ha salido avante, que siempre les ha ido bien, hay otras a las que no. Ejemplo: los Kennedy. Muchos no saben lo que ha vivido el clan –como llaman a la dinastía Kennedy– quizá porque estuvo en primer plano el siglo pasado y no éste. He aquí, entonces, un recuento

La primera generación de la familia Kennedy

El signo de muerte comenzó con los hermanos, hijos del acaudalado Joe Kennedy y de Rose Fitzgerald.

El mayor de ellos, Joseph Kennedy Jr. –Joe-, inauguró la tanda cuando explotó su avión en un sobrevuelo de Londres en 1944, en la II Guerra, durante una difícil misión en que su cuerpo fue imposible de recuperar; se le consideró desaparecido.

Cuatro años después murió Kathleen, también en accidente aéreo, ahora sobrevolando Francia.

John (Jack) Kennedy

John –Jack-, segundo de los hijos, no era precisamente el portador del ideal paterno de que un Kennedy fuera presidente, sino Joe, el mayor.

Tampoco fue el más visionario, pues ése era Robert, quizá por eso JFK lo traía al cincho siendo presidente, aunque a veces no le correspondiera por su cartera participar. John, sin embargo, se hizo de un aura de símbolo representativo de los extraordinarios años 60.

En una entrevista después del magnicidio, la celebérrima viuda –Jackie- se abstuvo de abordar el conocido caso de las relaciones extra maritales de su esposo, en cambio al mítico Martin Luther King Jr., hasta lo juzgó de farsante, por haber sostenido ese mismo tipo de relaciones.

Respecto de otra conocidísima característica del primer presidente católico del país, su religión, dice que le parecía dulce que cada noche se hincara a rezar, estando ella de pie, y que nunca faltó a misa los domingos; lo que la hacía pensar que lo motivaba la superstición.

Robert Kennedy

Robert –Bobby- el más talentoso de todos, fue víctima de una balacera hecha por un solo hombre con un arma 22, en un hotel de Los Ángeles lleno de gente, por lo que sus últimas palabras fueron: “¿Están todos a salvo?”.

Esto lo sabemos por Juan Antonio Romero, el camarero mexicano, nayarita, que todo mundo conoció porque se encuentra a su lado en la famosa –y única- foto donde yace, recién abatido.

Edward Kennedy

Edward, el menor de todos, estuvo envuelto en accidentes, mortales pero no para él, que vivió muchos años. Extrañamente sucedieron cada uno de ellos al año siguiente del respectivo asesinato de sus hermanos. Veamos…

En junio de 1964, el avión en el que viajaba cayó a tierra muriendo uno de sus ayudantes y el piloto. El político bostoniano quedó con un dolor de espalda de por vida, luego de la cirugía. También en la espalda sufrió un dolor severo durante años su hermano el presidente.

Y en 1969 ahora sí que se voló un puente, a bordo del automóvil que conducía, resultando muerta su acompañante, que era su secretaria. El nuevo evento mortal extraño resultó una mancha que nunca pudo quitarse. Se dice que por ella nunca logró la presidencia.

En cambio fue senador desde que llegó al escaño hasta que murió, ininterrumpidamente; nada menos que 47 años.

La segunda generación de la familia Kennedy

En un accidente de la avioneta que conducía, en 1999, murió John Kennedy Jr., John-John; su esposa y su cuñada, que le acompañaban, murieron también.

Es decir que el destino del clan se extiende a la familia política, pues además una nuera de Robert, murió en 2012 por suicidio, en el marco de la separación de su esposo.

Incluso un hijo de Robert, David, murió por problema de adicciones, en 1984; otro, Michael, en un accidente de deporte en 1997. Los hijos de Robert habían sido 11.

Caroline, por su parte –la otra hija del presidente, abogada- tuvo la oportunidad de pelear un escaño senatorial en 2008, pero mejor renunció. Sin embargo, faltando tres días para que su padre cumpliera 50 años de muerto, se acreditó como actual embajadora de los Estados Unidos ante Japón.

Rose, la madre de los Kennedy

Rose, la madre de todos, la que vio morir a tantos hijos y nietos, vivió hasta los 104 años: extraña longevidad… o no, pues ella no era una Kennedy de sangre.

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