Un zorro, un oso y un caminante en busca de fe

Un zorro, un oso y un caminante en busca de fe, InfoMistico.com

En un bosque, un hombre se encuentra con un zorro lastimado y presencia un acto de generosidad de un oso. Esta experiencia le lleva a cuestionar su propia fe y el papel de la divinidad en su vida.

Fábula moderna: Cómo la naturaleza enseña sobre la confianza y la bondad

En un soleado amanecer, un caminante errante se aventuraba por el serpenteante sendero de un frondoso bosque cuando divisó, para su sorpresa, a un zorro tendido, sus patas maltrechas. Al parecer, el infortunado zorro había sufrido un accidente mientras escapaba de la gélida sombra de un cazador.

Tan lastimado estaba que ni siquiera podía levantarse en busca del alimento que apaciguaría su hambre.

El corazón del caminante se conmovió al ver tal escena y justo cuando iba a socorrer al desdichado animal, un oso majestuoso emergió de entre las sombras del bosque, sosteniendo en sus fauces los restos de su última caza.

Sin embargo, el oso, en un gesto inesperado, dejó caer sus despojos junto al zorro y continuó su camino, permitiendo que el zorro disfrutara de su fortuito festín.

Al amparo de un nuevo alba, el caminante regresó y la misma escena se desplegó ante sus ojos: el generoso oso había obsequiado nuevamente al zorro con alimento. Y al tercer día, el ritual se repitió.

Tomándose un momento de reflexión, el caminante murmuró: «Si el Creador vela de esta forma por el zorro, ¿no hará lo mismo por mí? Mi confianza ha vacilado, debo aprender a depositar mi fe con la convicción del zorro.»

Emocionado por su epifanía, el hombre se postró ante la grandeza del cielo, exclamando: «Oh Divinidad, el zorro me ha enseñado a ver tu bondad. Encomiendo mi ser a ti, esperando que me protejas tal como el oso cuida al zorro.»

Esperó el caminante con fe renovada. Pero el primer día pasó y nada cambió. Al segundo día, el gruñido de su estómago le recordó su vulnerabilidad. Al tercer día, la desesperación lo invadió.

Confundido, exclamó: «Oh Supremo, ¿por qué favoreces al zorro y no a mí, que pongo mi confianza en ti? ¿Por qué no sacias mi hambre?»

Eventualmente, el hombre regresó a su aldea y en su paseo, encontró a un niño desvalido y famélico. Con voz trémula y acusadora, preguntó al cielo: «¿Por qué no extiendes tu mano para ayudar a este inocente?»

Desde las alturas, una voz resonó: «Ya lo he hecho, al darte vida a ti. Pero elegiste seguir al zorro pasivo en vez de emular al bondadoso oso.»


Tras días de reflexión, el caminante entiende que no basta con observar; es necesario actuar. Este descubrimiento lo guía a cambiar su enfoque, de esperar ayuda divina a proporcionarla, siguiendo el ejemplo del bondadoso oso.