Aokigahara — El bosque maldito de Japón

En las faldas del monte Fuji, en Japón, existe un bosque maldito: el bosque Aokigahara … también conocido como Jyukai (Mar de Árboles), ocupa mas de 3.000 hectáreas nació por las erupciones volcánicas del cráter hace más de mil años.

Aokigahara

Desde entonces, existen poemas que hablan del bosque como un lugar maldito en el cual habitan demonios y otros seres de la mitología japonesa y es elegido por decenas de personas para quitarse la vida.

Ya en el Japón feudal del siglo XIX, cuando tenía lugar una hambruna las familias más pobres se acercaban al bosque para abandonar y dejar morir a los niños y personas mayores que no podían alimentar.

Ya que ellos no tenían fuerzas para salir y solían perderse y perecer entre gruesos árboles de un camino inestable, mientras sufrían aún más por la mitología de su pueblo.

Seres mitológicos

Pero ellos, también, se convirtieron en seres mitológicos, pues hasta hoy se cree que los espíritus de esas personas permanecen en el bosque. Sin embargo, el bosque tiene una reputación tan grande que estos pequeños desestimulos logran muy difícilmente detener a los realmente decididos.

Los habitantes de la zona dicen saber quién entra al bosque en busca de su increíble belleza, quien está en busca de lo macabro y quien está planeando en nunca regresar.

Tenemos todo acá que nos hace el lugar para la muerte

Quizás deberíamos promocionarnos simplemente como la Ciudad Suicidio y animar a la gente a que vengan acá, se le escucho decir al irritado alcalde de Aokigahara. Parte de la atracción es el morir a los pies del sagrado Monte Fuji.

Otra parte es la naturaleza de Aokigahara, tan densa y espesa que de solo a unos cuantos kilómetros adentro no otros sonidos pueden ser escuchados excepto por aquellos que pueden ser creados por el bosque mismo.

Aokigahara es considerado el lugar más encantado en todo el Japón

Un purgatorio para el Yurei, los fantasmas sin descanso del Japón quienes han sido separados inesperadamente de sus vidas y los cuales aúllan su sufrimiento al viento.

Los espiritualistas dicen que hasta los árboles están llenos de energía maligna, acumulada por siglos de suicidios. Ellos no quieren que usted vuelva a salir. Sin embargo, aun en estos bosques encantados, los hombres comunes y corrientes deben coexistir con las leyendas.

Los trabajadores forestales se turnan día y noche en el edificio de la estación en Aokigahara y ocasionalmente se encuentran cadáveres en varios estados de descomposición, usualmente colgando de los árboles o parcialmente comidos por los animales.

Los cuerpos son traídos hasta la estación, donde una habitación especial es mantenida para estas ocasiones.

En esta habitación hay dos camas: una para el cadáver y otra para que una persona duerma a su lado.

Si, como usted lo ha leído correctamente

Ellos creen que si el cadáver es dejado a solas, el solitario y sin descanso yurei gritara, y el cadáver se irá caminando hasta su habitación original.

En una forma inconfundible los trabajadores juegan jan-ken (piedra, papel o tijera) para saber quién se queda a dormir con el cadáver. Y usted pensaba que su trabajo era difícil.

No suficiente con eso, el escritor Seicho Matsumoto escribió, en 1960, una novela llamada Tower of Wave en la que una hermosa y joven mujer se enamora del hombre que está haciendo una investigación de su esposo.

Agobiada ante los problemas que esto ocasiona, decide quitarse la vida y es cuando se dirige al mar de árboles, nombre con el que también es conocido el bosque Aokigahara. Es a partir de la publicación del libro que los suicidios en el bosque comenzaron a ser frecuentes.

El Manual del Suicidio

En el libro El Manual del Suicidio su autor describe el bosque como “el lugar perfecto para morir” y es un texto que, frecuentemente, se encuentra junto con los cuerpos carentes de vida entre la espesura del bosque.

Actualmente, la espesura del bosque y el mito sobre los yacimientos de hierro hacen que dispositivos electrónicos como los GPS y aparatos de ubicación como las brújulas no funcionen adecuadamente, perdiendo entre los árboles a quien se interne en él.

En el bosque se encuentran numerosos lazos atados a los árboles

Estos guían el camino de quienes aún dudan de lo que van a hacer, lo usan para regresar o para ser hallados; al seguir el rastro se encuentran zapatos, notas de despedida, pastillas e, incluso, cuerpos humanos. Pero quien más parece haber ayudado es Azusa Hayano, geólogo y guardabosques del lugar.

En su trabajo suele encontrar a mucha gente a quienes, de manera sutil y amigable, los invita a regresar, a reflexionar sobre lo que significa su vida y mostrarles que las cosas pueden mejorar.

Después de tantos años ha aceptado que no puede salvar a todos, que puede hacer lo posible pero la decisión puede estar tomada desde hace mucho tiempo.

También es alguien quien ya se ha acostumbrado a encontrar gente muerta

Ya sea colgando de los árboles o acostadas en el pasto, en un sueño interminable gracias a las pastillas que llega a encontrar a lado. Él confiesa que no hace su trabajo por una enfermiza obsesión con la muerte, que lo que busca es ayudar a quien han decidido abandonar toda esperanza.

Los lugareños de la región no son quienes se suicidan allí, a los niños no se les permite entrar, desde pequeños se les dice que el bosque está encantado, quienes van suelen ser personas de ciudad.

Personas que viven en un mundo que llena al ojo de estímulos visuales desde una pantalla pero que poco a poco deja de lado la interacción cuerpo a cuerpo. También se registró una alza en los suicidios después de la crisis financiera de 2008 y del Tsunami de 2011.

Japón es uno de los países con más suicidios al año

Estadísticamente, cada 15 minutos una persona se suicida en el país nipón.

A pesar de la antigua tradición del suicidio por honor, como lo hacían los samuráis con el “Harakiri” o los pilotos Kamikaze en la Segunda Guerra Mundial, la gente en el Japón contemporáneo no considera quitarse la vida como una muestra de honor.

Se ha dejado eso en el pasado y usualmente, quienes lo hacen, lo adjudican a hechos como el de los problemas mentales, financieros o amorosos, que acogen a muchos, pero sólo algunos deciden escapar de esta manera.

@ elciudadano.cl