Bien es sabido que en la Iglesia Católica y en la Cristiana, la “astrología” no es bien vista, y desde mi punto de vista, esto se debe a una simplificación de lo que está plasmado en las escrituras sagradas, a ciertos pasajes de la Biblia que son interpretados superficialmente, en lugar de llegar al fondo de lo que realmente expresa el libro sagrado.

Astrología y Cristianismo

Daré aquí mi punto de vista, como astrólogo y como cristiano, pues no veo ni siento ninguna incompatibilidad con ser ambas cosas.

Empecemos por señalar que la Biblia no menciona por ningún lado la palabra “astrología”, y las menciones negativas que se hacen en las escrituras, se refieren a adivinos, cierto tipo de magos y hechiceros.

En el libro quinto de Moisés, Deuteronomio 18: 10, 11 y 12, se habla de amonestaciones contra costumbres paganas:

“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas…”

Se refiere la palabra de Dios a los falsos profetas que hablan en nombre de él pero que no reciben la sabiduría divina, y por tanto, cometen errores en sus profecías.

En aquel entonces era Moisés el profeta que debía conducir al pueblo hebreo a la “tierra prometida”, por tanto alertaba contra los adivinos, voces agoreras, falsos profetas, que querían confundir al pueblo israelita en su camino hacia Israel.

En primer lugar, hay que ubicarse en un determinado contexto, y en segundo, tomar en cuenta los significados de las actividades que allí se condenan.

¿Son los astrólogos adivinos?

Yo creo que la astrología no es para “adivinar”, aunque hay quienes puedan ejercerla de esa manera. Adivinar tiene algo de azaroso.

Un astrólogo verdadero debe estudiar, conocer las leyes y símbolos que le permitan “leer” el cielo.

Hay una frase que debe marcar el camino de los verdaderos astrólogos: “El cielo es un gran libro, abierto por el amor de Dios, a la inteligencia del hombre”.

Así como la Biblia es la palabra de Dios y hay que estudiarla a fondo para entenderla, asimismo en el cielo también nos habla Dios, y a través de los astros por él mismo creados, nos habla. Pero no nacemos aprendidos, el lenguaje del cielo hay que estudiarlo para entenderlo; es como un alfabeto, un lenguaje, un idioma.

El problema es cuando un astrólogo se envanece y se cree Dios

O un astrólogo que apenas si se aprende unos cuantos símbolos y juega a ser adivino. Particularmente, pienso que es mucho más útil el astrólogo que se propone orientar al ser humano a conocerse a sí mismo, y a usar su libre albedrío para la asertiva toma de decisiones, que el que se centra en hacer predicciones a diestra y siniestra, para acumular un “average” de tantas “pegadas” contra tantas “peladas”.

Lo más importante, a mi juicio, es utilizar la astrología como una luz en el camino del ser humano, y con un gran respeto, porque lo que estamos leyendo, es la palabra de Dios en el cielo para cada uno de sus hijos.

Y los astrólogos no somos dioses ni seres superiores, somos simples seres humanos que elegimos estudiar esta ciencia, que nos permite dar lectura al “cielo” de cada ser humano (es decir, cómo estaba el cielo cuando él nació) y ayudarlo así a conocerse a sí mismo, y conocer la misión que Dios le dio para desarrollar en esta vida.

En estos tiempos siguen existiendo “adivinos” con oscuros propósitos

“Míster fulanos” que lanzan 20 predicciones y hacen gran alharaca si “pegan” una o dos de ellas, generalmente las de menos impacto, mientras las que realmente interesan, nunca ocurren.

Eso sí es ser “adivino”, y no depende de ningún estudio, ni siquiera de un don. Hablan en nombre de Dios y usan palabras u oraciones sagradas como “marketing”, pero no cuentan con la verdadera revelación divina, es lo que llaman un “falso profeta”, que sirve de catarsis en medio de una situación tensa, y que se alimenta de vanas ilusiones y lanza falsos testimonios en nombre del Creador.

La Biblia no habla de astrólogos directamente, pero sí habla de Magos, y en el Nuevo Testamento, Mateo 2, habla de tres de ellos: Los Reyes Magos, pertenecientes a una casta de sacerdotes y astrólogos que llegaron a Jerusalén siguiendo una señal cósmica (la estrella de Belén) que les indicó el nacimiento del Mesías.

Ellos representaban a tres grandes escuelas de la ciencia de aquel entonces: la Magia, la Alquimia y la Astrología.

En su libro “La clave del Zohar”

(El Zohar es un texto de doctrinas místicas hebreas y del cristianismo primitivo), Albert Jounet indica:

“Si bien la Iglesia condena a la magia negra, no deja de reconocer la existencia de una magia natural, sana. El título de mago era conferido en Persia a los sabios, a los filósofos y a los hombres de ciencia, nunca a los hechiceros”.

“Los magos que vinieron a ofrendar su adoración al Divino Niño, eran hombres de ciencia, no hechiceros. Los magos del Evangelio, versados en las ciencias misteriosas de la naturaleza, pero impulsados a la adoración sobrenatural de la Divinidad oculta en el Niño-Dios, constituían el tipo perfecto de Mago, simultáneamente sabio y místico. De tal suerte, la magia blanca presentaría dos divisiones: una ciencia natural misteriosa, y una mística divina”.

En su libro “Jesús, el hijo del hombre”

Khalil Gibran recoge palabras del profeta Malaquías, refiriéndose a la significación de Jesús, como Cristo, como hijo de Dios.

“Habréis de saber que cada millón de años, el Sol, la Luna y esta Tierra y sus planetas hermanos, se reúnen en línea recta y que juntos conversan un momento, luego se dispersan otra vez y vuelven a esperar un millón de años para volver a dialogar. No hay milagros más allá de las estaciones. ¿Y qué tendría de extraño que una estación se manifestara en la forma de un hombre?”

“En Jesús, los elementos de nuestros cuerpos y los de nuestros sueños se unieron, según la Ley. Todo lo que era intemporal antes de Él, se volvió temporal en Él”.

Relacionado

Las leyes del universo y la astrología — Kybalión

Pedro González Silva