Con la cercanía de la Navidad, época de fiestas y celebraciones, casi siempre tenemos la presunción de que todo el mundo está feliz. Pero la realidad no siempre es así. Para algunas personas, la temporada es sinónimo de tristeza y pena. Las razones pueden ser variadas. Desde la pérdida reciente de un ser querido o algo muy preciado (como un empleo o haber pasado por un divorcio), hasta tener dificultades económicas o haber sido diagnosticado con una enfermedad.

Para los que están en esa situación, la presión de las invitaciones para actividades familiares o fiestas con amistades, los regalos que la gente se siente obligada a hacer y el ambiente general de celebración, pueden ser detonantes que ahondan aún más las emociones y los sentimientos.

“Un porcentaje considerable de individuos reaccionan con tristeza y retraimiento social en Navidad, época que en este lado del mundo coincide con el mes de diciembre y el invierno”, comenta la psicóloga industrial y gerontóloga Ada Padró González. De hecho, la especialista destaca que en nuestro folclor musical hay aguinaldos y villancicos con temas que van de lo jocoso a lo humorístico, pero también los hay con un dejo de pena, lamento, soledad, de traiciones y decepciones.

En ese sentido, dice que siempre hay grupos que expresan su deseo de que la época navideña se “vaya rápido”. “Son los que refieren vacío existencial, soledad física y espiritual, que se acentúa en esta época”, agrega Padró, aunque es consciente de que son muchos los que disfrutan de la Navidad, de las decoraciones, así como de “comprar, comprar y comprar”.

Pero más allá del estado emocional de cada quien, la realidad es que en estos días muchos pasan por lo que se conoce como melancolía navideña, generalmente debido a todo lo que implica el cierre de un ciclo más de vida y el comienzo de otro.

Bajones anímicos

Precisamente, diversas investigaciones científicas han llegado a la conclusión de que en esta época festiva, teóricamente marcada por la felicidad y la ilusión, los casos de “bajones anímicos” aumentan. En Estados Unidos, por ejemplo, se conoce como trastorno afectivo estacional (seasonal affective disorder) o depresión de invierno, relacionada con días más cortos y de menos luz. Días en los que, según Padró, muchas personas sufren de poca energía, pobre entusiasmo, apatía, mucho o poco apetito, y en casos extremos, depresión severa.

A juicio de la psicóloga y consejera Naychaly Rivera, tener menos horas de sol al día provoca en algunas personas una sensación de aprensión, sobre todo “en las más sensibles, que las hace sentir más tristes”.

Estresores de temporada

Pero también hay otros factores importantes que pueden incidir en el ánimo y en las ganas de fiesta. Uno de ellos, expone la doctora Rivera, tiene que ver con la crisis económica e incertidumbre que se vive en el país.

“Hay muchos matices (que abonan al bajón de ánimo en esta época). La situación económica genera mucha preocupación y ansiedad. También hay muchas familias que se han mudado fuera del país y los que se quedan se sienten solos, lo que agudiza el nido vacío (la sensación de soledad que surge cuando los hijos se van de casa)”, explica Rivera, tras resaltar que todo eso puede provocar sentimientos de pérdida y dolor. Una situación que se agrava si la persona no tiene amigos cercanos o una red de apoyo.

En eso coincide Padró, quien cree que la sociedad “confabula con una serie de estresores que impactan el estado anímico individual”. Por eso, la psicóloga industrial cree que uno de los más significativos es la emigración latina a Estados Unidos, debido a que provoca separación física de seres queridos y reduce la unidad familiar.

“La criminalidad y el alto número de accidentes viales crean un síndrome de eventos traumáticos acaecidos durante la época festiva: divorcio, viudez, pérdida de un hijo, cambio abrupto en ingresos, enfermedades catastróficas o accidentes con graves consecuencias en la autosuficiencia personal”, advierte Padró, tras coincidir en que la ausencia de una red de apoyo es otro agravante.

“Cuando no se tiene con quién festejar, celebrar, con quién encontrarse, a quién regalarle y a quién abrazar, la Navidad adopta un sabor agridulce y sombrío. Los tonos musicales se tornan tristes, melancólicos y profundos”, expone. En esos casos se debe tener en cuenta que también hay riesgo de suicidio o de adicciones, especialmente porque este es un periodo donde los excesos se legitiman y, por ejemplo, la gente se da permiso para beber o comer sin límite…

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