La primera Navidad — La Anunciación del Ángel a la Virgen María

La primera Navidad — La Anunciación del Ángel a la Virgen María
La primera Navidad — La Anunciación del Ángel a la Virgen María

La Navidad es para meditarla. Y la meditación precisa de tiempo, silencio, y apertura al amor de Dios. Seguimos ofreciendo esta oportunidad partiendo del mismo Evangelio. Y nos remontamos al inicio de este gran acontecimiento para la humanidad.

Habían transcurrido ya seis meses desde el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista. En un pueblecito sencillo y humilde de Galilea una joven llamada María, que tenía fama de santidad entre sus conocidos, está atareada en las cosas de la casa, o tal vez está haciendo un rato de oración.

María estaba comprometida con un varón llamado José, que era descendiente de David y de profesión carpintero.

El Án­gel entró a donde estaba ella y dijo:

“Salve, llena de gracia; el señor está contigo. Ella, con estas palabras se turbó, y se preguntaba qué significaba aquel saludo. El ángel le dijo: Deja de temer, María, porque has encontrado gracia ante Dios. He aquí que concebirás y parirás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” {Lc. 1, 26-33).

¿Te imaginas la escena?

Te invito a que cierres los ojos y te quedes un rato contemplando a María asombrada y feliz. Es el anuncio más grandioso que ha recibido la humanidad desde Adán y Eva. Dios, por medio de su Ángel, está comu­nicando al mundo a través de aquella sencilla mujer que el Mesías, el Redentor ya va a llegar. Aquel a quien el pueblo de Dios espera desde siglos ya iba a empezar a vivir entre los hombres. María estaría nerviosa, confusa, no acababa de entender. Su humildad no le permitía verse envuelta en tan­ta grandeza.

¿No te ha dejado a ti alguna vez casi paralizado una gran noticia inesperada? Es normal.

Y María, aunque muy santa, era humana. Y pregunta al Ángel con timidez:

— ¿Cómo será esto, puesto que yo no conozco varón? …

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