El crecimiento espiritual de todo individuo involucra tres etapas

Cuando buscamos entender los distintos secretos que los kabbalistas revelan sobre la porción de Vaetjanán, es importante darnos cuenta de que no habla de la necesidad de que Moshé entrara físicamente a lo que conocemos como la Tierra de Israel, sino que más bien pedía el estado de conexión con la Luz del Creador conocido como Érets Israel, la Tierra de Israel.

El crecimiento espiritual de todo individuo involucra tres etapas

El punto geográfico no importaba, lo importante era que él sentía que había un siguiente nivel de Luz que él quería, pero que no recibió.

Los kabbalistas dicen que hay 50 puertas del entendimiento, y Moshé recibió la 49, pero no la 50. Por lo tanto, entendemos que esta porción habla del deseo que Moshé tenía de recibir el quincuagésimo y máximo nivel.

Sin embargo, la Torá nos dice que no sólo Moshé (aparentemente) no recibió esa elevación, sino que también ocurrió algo negativo. Está escrito:

“Dios se enojó conmigo y no me escuchó”. No obstante, el Arí explica que las palabras traducidas como “El Creador se enojó conmigo” tienen un secreto sobre lo que le ocurre a un individuo cuando quienes lo rodean no le permiten compartir.

Una de las enseñanzas más importantes de Rav Áshlag es que la única manera de crecer es teniendo alrededor personas que nos enseñen y personas a las cuales enseñar.

Él deja claro que el concepto de responsabilizarnos por los demás no sólo es una manera de compartir, sino que la única manera de crecer espiritualmente como se debe es vivir en una comunidad que nos motive a crecer y también reciba nuestra ayuda para su crecimiento. Si no, recibiremos Luz disminuida.

El crecimiento espiritual de todo individuo involucra tres etapas que pueden ser comparadas con tres estados del crecimiento físico:

  • Cuando es un bebé en el vientre;
  • Cuando ya nació, pero no puede manifestarse por completo;
  • y cuando logra cierto nivel de conciencia y, por ende, la capacidad de manifestarse.

Todo lo que se manifiesta en este mundo pasa por estas tres etapas

Esto ocurre en el desarrollo físico de una persona, pero también en cada fase de su desarrollo espiritual. Sin embargo, en el estado espiritual, a diferencia del físico, estas tres etapas pueden retroceder y avanzar.

Toda alma tiene uno de estos tres estados según el nivel de elevación de la generación. Según la vasija de las personas que están en esa generación, el Creador infunde sabiduría en su líder, la capacidad de enseñar y la capacidad de compartir.

Por lo tanto, con respecto a Moshé, lo que ocurre es que cuando los israelitas cayeron con el Becerro de Oro, debido a que ya no tenían el mérito de recibir Luz y sabiduría de Moshé, el mismo Moshé retrocedió a un nivel inferior y perdió la Luz que tenía; sólo tenía la Luz que está ligada a la etapa más baja de las tres etapas del crecimiento. Y olvidó muchas de las enseñanzas y leyes que había recibido.

Lo que aprendemos de esto y, más importante aún, la manera en la que se relaciona con nosotros, es que nuestra relación tanto con aquellos que nos dan como con aquellos que reciben de nosotros es lo que influye en cuánta Luz y sabiduría tenemos.

Por eso, si hacemos algo que, por ejemplo, nos haga no merecer recibir sabiduría o sustento físico ni espiritual, los que nos dan también pierden el suyo. Cuando caemos, no sólo disminuimos nuestra Luz, sino también la de quienes nos dan. Se vuelve un efecto dominó, tal como parece ser lo que pasó con Moshé.

Deseo de Recibir para Sí Mismo

Así pues, comenzamos a entender la importancia de esta interrelación que tenemos con cada persona. Todas las personas que están en nuestro entorno espiritual y físico reciben de nosotros o nos dan. Cuando caemos o actuamos de acuerdo al Deseo de Recibir para Sí Mismo, no sólo disminuimos nuestra Luz, sabiduría y entendimiento, sino que también reducimos un poco la de quienes nos dan.

Por ejemplo (voy a tomar un caso físico), estás destinado a recibir dinero de alguien.

Si actúas de una manera que te desconecte de la Luz del Creador, no sólo dejas de merecer recibir ese dinero, sino que también la persona que debía ser el canal para que lo recibieras perderá una cierta cantidad de su propio dinero. Y eso no sólo ocurre con el dinero, también ocurre con la sabiduría, la ayuda y demás.

Primero tenemos que aceptar y realmente vivir lo que enseña Rav Áshlag: estamos destinados a vivir en una comunidad espiritual. Influimos en todos los que están en ella, incluso en quienes están por encima, es decir, aquellos que deben darnos.

Si ellos tienen Luz disminuida, por supuesto, nosotros recibiremos Luz disminuida, y así continúa el ciclo. Eso es lo que ocurrió aquí con Moshé. Como los israelitas cayeron, Moshé cayó a la más baja de las tres etapas de crecimiento, y no pudo dar más a los israelitas; por lo tanto, no pudo entrar a la Tierra de Israel.

Por eso Moshé no entró

No por algo que haya hecho, sino porque los israelitas le arrebataron Luz. Si ellos no hubiesen caído, Moshé aún estaría recibiendo Luz infinita y sabiduría para dárselas a ellos.

Una vez que los israelitas dejaron de poder recibir esa Luz de sabiduría que debía llegar a través del canal de Moshé, él no pudo entrar a la Tierra de Israel. Y en realidad, en un sentido muy práctico, la partida física de Moshé ocurrió debido a eso.

Dado que los israelitas cayeron a un lugar en el que ya no podían recibir de Moshé, él ya no tenía ningún propósito para seguir en este mundo. Por supuesto, este es un ejemplo muy extremo de lo que puede pasar, pero es cierto que cada pequeña caída que tenemos hace que alguien en nuestro sistema espiritual también sea disminuido por ella.

Una enseñanza importante que esperamos recibir de Moshé en esta porción es entender, tal y como Rav Áshlag la llama, nuestra responsabilidad. Entender que cuando caemos no sólo nos robamos a nosotros, sino que también les robamos a quienes deben recibir de nosotros y, desafortunadamente, a quienes deben darnos.


Michael Berg