La mejor forma de vivir la vida — Reflexiones

El psicodramaturgo, terapeuta gestáltico y escritor argentino Jorge Bucay, narró la siguiente historia para que los lectores reflexionaran sobre la mejor forma de vivir la vida.

A un hombre que le gustaba mucho viajar le recomendaron que hiciera un viaje por los castillos de Escocia. Inició el viaje para conocer varios castillos y al ver los folletos, le llamó la atención uno que se llamaba “El castillo de tu vida”. El catálogo decía que había que reservar el pasaje con mucha antelación, que una vez comprado el pasaje había que ser puntual y el precio se acordaría al terminar el recorrido.

Finalmente, compró el pasaje a “El castillo de tu vida” y llegó al lugar en tiempo oportuno.

El guía le dijo que el recorrido sería un viaje en solitario, le entregó un folleto y le dijo que vería armaduras, elementos de tortura y que entre otras coas, en el sótano había una mazmorra y en el segundo piso encontraría una terraza con una maravillosa vista. Le aclaró que no le cobraría al principio y que le daría una cuchara con 25 gramos de arena fina y le explico que pagaría 10 euros por gramo que perdiera durante el trayecto por el castillo.

Si finalizaba su recorrido con la cuchara vacía, pagaría el precio más caro que era el de 250 euros.

Con esas recomendaciones, inició el recorrido con cuidado para que no se le cayera la arena de la cuchara, no se animó a asomarse a la terraza del segundo piso para ver la vista, ni tampoco recorrió la mazmorra porque para hacerlo debería agacharse y no le convenía porque perdería arena.

Una vez que culminó su recorrido, el guía pesó su cuchara y constató que no había perdido ni un gramo de arena. Lo felicita y le pregunta cómo le fue en su recorrido por el castillo. El visitante responde:

— No disfruté mucho porque estaba pendiente de no perder la arena. Estoy arrepentido tendría que haberme cuidado menos y disfrutar más. ¿Puedo hacer el recorrido nuevamente?, le preguntó.

El guía lo autorizó y le dijo que fuera rápido porque estaba por caer la tarde y se cerraría el castillo. Así lo hizo y realizó todo el trayecto “más rápido que ligero”.

Cuando una vez más, llegó a donde estaba el guía, en su cuchara no había nada. Le pidió una última oportunidad de efectuar el tour por el castillo y el guía se la concedió, otorgándole por tercera vez una cuchara con 25 gramos de arena.

Antes de comenzar su recorrido, el guía le sugirió:

— Mire todo y no se fije tanto si llegará a tiempo antes de que cierre el castillo o si tiene que pagar algo extra porque se le caen algunos gramos de arena.

Según Bucay, la moraleja del relato es la siguiente:

No se puede vivir temiendo perder en la vida; no se puede vivir descuidadamente sin proteger las cosas que hemos logrado y sobre todo hay que disfrutar de la vida, aunque disfrutar de la vida a veces implique pagar algunos costos.

Autor: Jorge Bucay para Diario La República