Profecías de Juan de Jerusalén

Juan de Jerusalén

Juan de Jerusalén nació cerca de, Vézelay Francia, alrededor de los años 1040 ó 1042. Fue uno de los fundadores de la Orden de los Caballeros del Temple, o Templarios, en 1118. Murió poco después, en el año 1119 ó 1120, a la edad de 77 años.

Profecías de Juan de Jerusalén

Su libro de profecías, o más propiamente dicho “Protocolo Secreto de Las Profecías”, habría sido conocido por Nostradamus, a quién sirvió de inspiración y guía para sus propias visiones proféticas.

Un manuscrito descubierto en Zagorsk, cerca de Moscú, y que data del siglo XIV, califica a Juan de Jerusalén de “prudente entre los prudentes”, “santo entre los santos” y que “sabía leer y escuchar el cielo”. También señala que Juan solía retirarse frecuentemente al desierto para rezar y meditar, y que  “estaba en la frontera entre la Tierra y el cielo”

Durante su estancia en Jerusalén, en el año 1099, pudo mantener encuentros con rabinos, sabios musulmanes, iniciados, místicos y cabalistas, prácticos en las artes adivinatorias, astrológicas y numerología.

Estas profecías estuvieron ocultas durante muchos años

Hasta que en el transcurso de la 2da Guerra Mundial, en 1941, fueron halladas por la S.S. en una sinagoga de Varsovia; luego de la caída de la Alemania nazi, desaparecieron nuevamente, hasta que fueron descubiertas en años recientes en los archivos secretos de la K.G .B. soviética, según afirman algunos investigadores.

Las profecías parecen escritas específicamente para este fin de milenio, como si éste fuera el tiempo en que deben darse a conocer. Todas ellas comienzan con la frase: “Cuando empiece el año mil que sigue al año mil…”; a pesar de su descarnada crudeza (sobre todo las relativas al Sida y la contaminación ambiental), son de una gran belleza poética, lo cual las hace diferentes a otros textos proféticos:

“Veo y conozco” – escribió hace mil años Juan de Jerusalén-. Mis ojos descubren en el cielo lo que será, y atravieso el tiempo de un solo paso.

Una mano me guía hacia lo que ni véis ni conocéis… veo y conozco lo que será. Soy el escriba