Alegoría de un hombre y una mujer

Alegoría de un hombre y una mujer

Había una vez un hombre y una mujer que se querían mucho. De hecho, su amor era tan profundo que cada uno de ellos veía la perfección de Dios en el otro. Cada uno veía el mundo a través de los ojos del otro, pues sus almas eran como una sola.

Alegoría de un hombre y una mujer que se querían mucho — Reflexiones de Amor

Cada uno sentía en el corazón del otro el ritmo de la energía divina, porque vivían y respiraban como un solo ser. Y cada uno escuchaba la misma música a través de
los oídos del otro, aunque apreciaban diferencias en sus respectivos cuerpos.

La igualdad que sentían no necesitaba comprensión alguna, porque siempre los llenaba de gozo. Pero las diferencias los confundían.  Ninguno de ellos sabía quién tenía las mejores diferencias.

Al cabo de poco tiempo, tanto el hombre como la mujer se volvieron tímidos. Su amor no había cambiado, pero las diferencias existentes entre sus cuerpos les hacían pensar de forma distinta. Empezaron a sentir cosas diferentes el uno por el otro. Empezaron a actuar de forma distinta.

Poco después, la unidad que experimentaban quedó nublada y oscurecida. La igualdad que percibían el uno respecto del otro quedó ensombrecida por las diferencias. La perfección de Dios se ocultó tras su percepción de la imperfección.

El hombre se preguntaba si el cuerpo de la mujer era realmente el más perfecto que podía hallarse. La mujer se preguntaba lo mismo acerca del hombre. Pronto empezaron a conceder una importancia extremada a las imperfecciones que apreciaban en sus cuerpos.

Diferencias emocionales

A continuación, hicieron lo propio con las diferencias emocionales. Más tarde empezaron a analizar el amor que sentían el uno por el otro, y descubrieron que apenas si podían ver su amor.

El hombre se puso a buscar a otras mujeres; la mujer, a otros hombres. Cada uno de ellos intentaba encontrar lo que le faltaba en su pareja. Vagaron por la tierra por espacio de doce mil años. El hombre conoció a muchas mujeres hermosas. La mujer conoció a muchos hombres atractivos.

Sin embargo, se les antojaba que a todos les faltaba algo. Con el tiempo, comenzaron a sentirse hastiados y decepcionados.  Los viajes debilitaron sus cuerpos. Sus ojos habían dejado de brillar.

Sus corazones ya no sabían lo que era el amor, porque su desilusión los había sumido en la desesperación. El tiempo había borrado lo que creían estar buscando, y ya no lo recordaban.

Un día volvieron a encontrarse

Contemplaron sus cuerpos cansados y se miraron a los ojos. Y entonces supieron algo que jamás habían sabido. Ya no veían las diferencias existentes entre ellos. Sus ojos empezaron a brillar por entre las lágrimas de felicidad.

Eran capaces de ver a través de las imperfecciones del otro, por entre los contornos borrosos de la verdad trémula. En la humildad que les habían enseñado sus viajes, ellos eran la perfección de su amor.

Los cielos se abrieron con misericordia

Las nubes de confusión se disiparon. Y el Sol arrojó su luz sobre el magnífico tesoro que habían descubierto. Volvieron a la juventud. Sus cuerpos debilitados se tornaron fuertes de nuevo cuando volvieron a fundirse en un solo ser. A partir de su unión, su amor floreció en la verdad eterna.

Del libro: Astrología de la sexualidad de Martin Schulman Paginas 215 y 216

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