El Hermano Rafael

Nació en Burgos en 1911. Allí mismo fue a la escuela con los padres Jesuitas. Después comenzó a estudiar en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.  En 1932 realizó unos ejercicios espirituales donde descubrió que Dios le pedía hacerse monje trapense.

El Hermano Rafael – La santidad de la juventud alegre

Tenía 23 años cuando fue aceptado en el monasterio de San Isidro de Dueñas.

Pasaba horas escribiendo cartas a su madre, sus tíos y a varios amigos. Compartía en ellas sus experiencias interiores: “Para mí esta vida que parece monótona tiene tantos atractivos que no me canso ni un momento.

Cada hora es diferente pues aunque exteriormente siguen iguales, interiormente no lo son, como no son iguales todas las misas”.

La vida sencilla que vivía en el monasterio se convertía también en motivo de una alegría profunda que contagiaba tanto a sus hermanos de comunidad como a sus familiares.

“Las lentejas serán siempre lentejas mientras dure mi vida en el monasterio pero a pesar de todo las como con mucho gusto, porque las sazono con dos cosas: con hambre y con amor de Dios y así no hay alimento que se me resista”, escribía.

En el momento más feliz de su vida su salud se alteró

La fiebre aumentaba y por ello lo enviaron de regreso a casa de sus padres. Con el corazón partido de dolor dejó el monasterio. Salió y entró en tres ocasiones hasta que se reincorporó en 1937. Fue la última vez que vio a su familia.

Murió el 26 de abril de 1938 de un coma diabético. Los últimos días reflexionaba sobre el misterio del dolor como punto de unión con la Eternidad:

“Mi centro es Dios y Dios crucificado. Mi centro es Jesús en la cruz. Agarrado a mi crucifijo quisiera morir. El fin es la eterna posesión del día. Del cielo pero eso será en el cielo”.

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