Los zapatos de la cenicienta no era de cristal

¿De qué material estaban confeccionados los zapatos de Cenicienta? Seguramente responderás que estaban hechos de cristal y acertarás, porque así aparecen en todas las versiones del mundo de ese cuento universal. ¿Pero qué dirías si te cuento que en el original estaban hechos de cuero? Pues arrojemos luz sobre el misterio de los zapatos más famosos de los cuentos infantiles.

Mi amigo el profesor Ignacio Ahumada me contó que en 1697, Charles Perrault publicó su colección de cuentos “Histoires ou contes du temps passé”.

Cuando el autor hizo la entrega en la imprenta el original, el cajista encargado de componer los textos cambió por error la palabra ‘vaire’ –un tipo de cuero del que estaba hecho el zapato de Cenicienta– por ‘verre’, esto es, ‘cristal’. Y así se publicó.

De este modo, con solo nombrarlo, el zapatito de cristal perdido por nuestra protagonista cuando las campanadas del reloj dieron las doce de la noche, cobró vida a partir de un modesto zapato de cuero. Tal es el valor y la magia de las palabras.

Los diccionarios son las casas de las palabras. En ellos se guarda y cobija todo lo que ha sido nominado, o sea nombrado, por esa facultad de la palabra de convertir en realidad incluso lo que no existe. También cristal, cuero y cenicienta tienen un hueco entre sus páginas.

En 1726, en la madrileña imprenta de Francisco del Hierro se editó el primer diccionario académico, el Diccionario de la lengua castellana, en el que “se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad […] y otras cosas convenientes al uso de la lengua […]”. Es el conocido como Diccionario de autoridades. Desde entonces acá nuestra lengua ha evolucionado, se ha enriquecido con nuevas voces, ha relegado otras y ha considerado como desusadas un buen número de palabras y expresiones que siguen formando parte de nuestro patrimonio lingüístico.

Fuente: Yahoo!