Profetas no son muy optimistas en el Año de la Cabra

Año de la Cabra
Fernando González | diariocritico.com — El año que acabamos de estrenar se nos presenta como un período convulso y excitante. Avanzados los futuribles que presuntamente nos aguardan, más nos valdría apuntarnos al Año Nuevo de la Cabra, renacimiento anual que los chinos festejarán el próximo mes de febrero.

Los orientales relacionan ese arcano astrológico con la calma, la serenidad, la honradez y la sinceridad. Los españoles, sin embargo, no tenemos tan buena imagen de ese animalito enjuto y esquivo, arriscado y arisco, de carnes prietas, que trisca por el monte y se come los arbustos medio secos.

Aquí se asocia la figura del rumiante con las personas que han perdido el juicio, a sus cabritos con aquellos congéneres que nos juegan una mala pasada, a la cabronada con los sucesos imprevistos que nos complica la vida y tachamos de macho cabrío, cabrón por más señas, al rufián que nos irrita y al varón que consiente los engaños amorosos de su compañera.

Cuéntele a un chino que el chivo simboliza al diablo en nuestras tradiciones culturales y lo dejará totalmente descolocado

Bien está lo que bien acaba, pero los pronósticos de los profetas cualificados no son muy optimistas. En el mejor de los casos se promete una lenta recuperación económica basada en un crecimiento firme del producto interior bruto, en el abaratamiento de los intereses de la deuda y de las importaciones energéticas, en el relanzamiento del consumo, en la llegada de inversiones foráneas y en la creación sostenida de puestos de trabajo… (continúa página 2)

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