Los Enemigos de tu Autoestima

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Las creencias represivas son cuatro: el culto a la habituación, el culto a la racionalización, el culto al autocontrol y el culto a la modestia. Ellos pueden convertirse en enemigos de tu autoestima.

Los Enemigos de tu Autoestima

La exaltación desproporcionada de estas cuatro creencias nos lleva, tarde que temprano, al menosprecio y a la subestimación personal. Si las sigues al pie de la letra serás una persona “estable” y “acoplada al medio” y a lo que las expectativas de la sociedad y las buenas costumbres esperan de ti.

Pero algo “estable” también puede ser inmóvil, invariable, inconmovible, inalterable, definitivo y constante. Algo así como un monumento de granito. Su uso indiscriminado sólo te llevará a la “incultura” del sentimiento y a la incapacidad de expresar lo que piensas y sientes.

El culto a la habituación

Te impedirá innovar y descubrir otros mundos. No te posibilitará el cambio en ningún sentido e irremediablemente quedarás a la zaga. El universo quedará reducido a un paquete de conductas, todas predecibles y establecidas de antemano.

Habituarse es acostumbrarse, insensibilizarse, endurecerse. Sacar callo es útil en ocasiones; por ejemplo, en el combate, cuando se requiere espíritu de lucha y que seas valiente o debas adaptarte a situaciones complejas; pero hacer de ello un estilo de vida es anularte como persona.

Confundirás lo nuevo con lo viejo, irás al norte, queriendo ir al sur. ¿Cómo puedes recompensarte a ti mismo, si has perdido el don de la sensibilidad y del asombro?

El culto a la racionalización

Te convertirá en una especie de computador ambulante. Filtrarás absolutamente todo sentimiento para evaluarlo y saber si es conveniente, adecuado o justificado.

El procedimiento te servirá para evitar las malas emociones y mantenerlas a distancia, pero si lo exageras y quieres explicarte lo que no debes o no puede explicarse, distorsionará las emociones placenteras. Hay veces en que los “¿por qué?” sobran. ¿Por qué te gusta un helado de vainilla o de chocolate?

Lo más probable es que no tengas idea y lo más inteligente sería no profundizar en ello, a no ser que quieras convertir la experiencia de degustar un delicioso helado en un problema existencial.

El sentimiento amoroso será una partida de ajedrez o un problema que se debe resolver; el acto sexual la yuxtaposición de dos órganos reproductores; un bello amanecer o atardecer, será visto como la rotación de la Tierra en relación al Sol; y así.

Hay cosas que no están hechas para pensar, sino para vibrar con ellas (insisto: si no es dañino ni para ti ni para nadie). ¿Cómo recompensarte a ti mismo, si todo debe pasar por la duda metódica y la falta de espontaneidad?

El culto al autocontrol

Será un dique de contención a todas tus emociones y sentimientos. Temerás tanto excederte, que te olvidarás de sentir y gozar; poco a poco te convertirás en un constipado emocional. Un autocontrol moderado y bien discriminado es imprescindible para resistir a más de una tentación destructiva.

Sin embargo, la clave para no alejarnos de la felicidad, es evitar la “contención absoluta” que predican algunos. ¿Nunca lloras? Entonces necesitas ayuda. ¿Nunca te sales de los controles?

Pues eres un lama iluminado o un reprimido al borde de un ataque de nervios. ¿No dejas que la ternura aflore? Entonces debes visitar un terapeuta. ¿Cómo sabe tu pareja que la amas? ¿Lo infiere o se lo demuestras? ¿Te ríes a todo pulmón o en el mejor de los casos sólo sonríes?

La vida es una tensión interior entre los “quiero” y los “debo” y “no debo”, y la sabiduría está en mantener el equilibrio necesario para discernir cuándo aflojar el freno de emergencia y cuándo no, cuándo ceder y cuándo mantenerse firme ante los principios.

El culto a la modestia

Te llevará a no valorar tus éxitos y esfuerzos. No hablo de alardear sobre tus logros y enrostrárselos a los demás, a lo que me refiero es al autorreconocimiento del propio potencial, sin excusas ni disculpas.

¿Acaso te avergüenzan tus fortalezas y virtudes? La humildad nada tiene que ver con los sentimientos de minusvalía o la baja autoestima: el humilde se estima a sí mismo en justa medida. En “su justa medida”, que significa, ni desmedidamente, ni desconociendo las propias fortalezas.

La virtud no es ignorancia de uno mismo. Si la modestia extrema se interioriza y se incrusta en la mente como un supuesto valor, tendremos dificultad para dejar avanzar nuestras capacidades de manera positiva.

Incluso algunos se sienten culpables o incómodos de ser muy buenos en alguna actividad y desarrollan lo que se conoce como la “falsa modestia”, que es peor, porque implica mentir sobre uno mismo.

Sin vanidad ni egolatría, deja que tus virtudes sigan su curso: no las disimules, disfrútalas, sácales el jugo, llévalas a cabo con pasión, así se noten. ¿Cómo recompensarte a ti mismo si ocultas tus valores?

Grábatelo: no hay felicidad, si la represión se ha instalado en tu mente. La contención generalizada empequeñecerá tu vida, le quitará la posibilidad de descubrir y descubrirte.

¡Suéltate! ¡Deja que fluya tu creatividad, tu corazón, tu mente! Si a la gente no le gusta verte emocionalmente libre, es su problema. ¿Hace cuánto que no eres espontáneo y verdaderamente expresivo?

La buena noticia es que tu esencia no muere; duerme, pero no desaparece. Sólo toca despertarla, remover el cuerpo y el alma para que aflore y vuelva a hacer de las suyas. ¿Quieres saber cómo? Debe fortalecerse la autoestima’. Verás como al fortalecer el amor propio y la dignidad, obtendrás esa seguridad que te permitirá crecer positivamente en todos los aspectos de tu vida.


Walter Riso | elartedesabervivir.com