Espejito, espejito… Reflexiones y pensamientos

Pensamos que nos merecemos determinadas cosas. Que con arrodillarnos y pedirle a Dios, cualquiera que sea nuestra concepción sobre él, seremos bendecidos con el milagro de obtener nuestros caprichos. Olvidamos que el plan divino está diseñado para proveer a medida de lo que tengamos que vivir en esta vida, alterarlo con el sólo fin de satisfacer nuestros deseos es un error que nos costará ilimitadas frustraciones y amarguras.

Espejito, espejito…

Quejarnos, lamentarnos y obsesionarnos con lo que nos falta, es la receta perfecta para vivir la vida equivocadamente. Agradecer y aceptar lo que el universo nos provee es la única manera de tener más; más abundancia espiritual e incluso material.

Hay personas que llegan a nuestra vida —o nosotros llegamos a la vida de otros, depende de la óptica con que lo miremos— que nos hacen pensar que los necesitábamos conocer, que aportan determinadas cosas que nos completan, pero olvidamos que, aunque sea el caso de un maestro que llega a la vida de un alumno, el alumno también está llegando a la vida del maestro. Ambos se necesitan para aprender una lección o simplemente sanar.

Nada es fortuito, nada es gratuito, nada es casualidad

Lo que uno atrae es lo mismo que uno proyecta. Nos reflejamos en un sinfín de espejos que nos muestran a la realidad de nosotros mismos. ¿Te molesta el egoísmo de tu hermana? Deberías mirar hacia ti, probablemente el egoísmo sea una de tus fallas.

Recuerda que por cada dedo que señala, vienen tres de vuelta, tres dedos señalándote a ti mismo. Cada vez que juzgas a alguien es como si te juzgaras a ti mismo por tres, a lo mejor por más. Por eso en vez de señalar deberíamos cerrar los ojos y mirar qué de mí hay en eso que tanto me molesta de la otra persona. Sólo nosotros mismos y nuestros rasgos más arraigados son capaces de afectarnos.

No sirve de nada lamentarnos porque el vecino tiene una casa más bonita que la nuestra o porque su carro es mejor y más nuevo. De nada sirven los apegos materiales ni la medición del tiempo, porque al final de cada día se nos recuerda que el tiempo es subjetivo, que lo material no tiene el valor que le damos y que los apegos sólo sirven para lastimarnos y lastimar a los demás.

Despertar la conciencia

Es importante para todos los seres humanos que pasamos por esta dimensión carnal. Abrir ese tercer ojo, del que tanto hablan los que han sido catalogados como locos, y expandirnos ante la posibilidad de que estamos viviendo una vida recortada.

Recortada de conocimiento, de sensibilidad y de visión. No se nos alcanza a ocurrir lo poderoso que es el sistema en el que vivimos, el universo, el cosmos. Nos creemos muy grandes y muy fuertes y no somos más que varitas delgadas elevadas por un viento llamado destino.

Así que si de verdad crees que mereces todo en la vida, no estás para nada equivocado, lo mereces todo, pero mereces acceder a las bondades que por designio universal te pertenezcan, no a más, no a menos.

Aprender a aceptar el camino que uno debe de caminar es la clave para la felicidad. Aprender a mirar bien a través de esos espejos que nos representa la gente que amamos y la que no nos cae bien, es otra clave para mejorar como personas, para crecer como espíritu y entonces, sólo entonces, tener la plena conciencia de que todo pasa cuando, y como, tiene que pasar.


Autora: Anna B Melendez | alasdeorquidea.com