Fenómeno Abducción

Fenómeno Abducción, InfoMistico.com

En primer lugar, está la amnesia –o “tiempo perdido” en el argot que popularizó al principio de la década de los ochenta el investigador neoyorquino Budd Hopkins– del sujeto o sujetos abducidos.

Esta amnesia casi siempre impide a los protagonistas recordar el meollo del incidente y hasta ahora sólo hemos podido vencerla con el uso de técnicas de regresión hipnótica, mediante las cuales se somete al abducido a un estado de hiper-relajación en el que las imágenes que la memoria consciente se resiste a recordar afloran progresivamente.

Recuerdos del abducido

Es muy posible que el abducido recuerde el principio del episodio. Por ejemplo, una luz muy fuerte que le cierra el paso mientras viaja de noche en su automóvil.

Una estrella que cae del cielo y se posa en un prado cercano, donde se resuelve en un “platillo volante”, un súbito paro de todos los sistemas eléctricos del automóvil, un tiempo perdido, unas horas en las que el sujeto no sabe dónde ha estado, etc.

Si algunos de estos particulares llega a oídos de un investigador y éste propone una hipnosis al sujeto –que éste acepta– es muy probable que entonces podamos recuperar un caso más para los anales del fenómeno abducción.

Mediante la regresión hipnótica, distinguidos profesionales como el psiquiatra norteamericano Dr. Leo Sprinkle, el psiquiatra de la misma nacionalidad Dr. Berthold Schwarzy el hipnólogo e ingeniero, también estadounidense, Dr. James Harder, han conseguido obtener relatos de varios centenares de abducciones.

Este último investigador llegó a estudiar ciento cuatro casos, de los cuales el 39 por ciento eran varones y un 16 por ciento se trataba de niños acompañados de adultos.

El 50 por ciento eran parados o trabajadores no especializados, un 10 por ciento oficinistas y alrededor de un 5 por ciento estudiantes universitarios. Lo que en líneas generales “implica un nivel ocupacional o educativo relativamente elevado”.

Testimonios

Hay algo que sorprende de entrada en estos testimonios y es su enorme coherencia, así como el parecido que todos presentan entre si.

Hasta tal punto es así porque, según explica el estudioso británico John Rimmeren su obra The Evidence for Alien Abductions (1984), basándose solamente en relatos bien documentados ha podido construir un “modelo” de abducción.

Las personas abducidas (pertenecientes a ambos sexos, aunque con preponderancia del masculino) son seres humanos sanos, normales y no interesados particularmente por el problema OVNI. Más adelante examinaremos con mayor detalle y detenimiento sus características físicas y mentales.

Continuando con el “modelo” de abducción, ésta suele producirse de noche, en una carretera comarcal, por ejemplo (el impacto del fenómeno sobre automovilistas es muy elevado).

Tras ver una luz potentísima o, en el mejor de los casos, el “platillo”, el candidato a abducido ve acercarse al automóvil unos seres pequeños, macrocéfalos (de gran cabeza) que, tras anular su voluntad lo llevan a bordo de una “nave”.

El testigo observa una luz uniforme que no parece surgir de ninguna parte, y una “cámara de mando” con consolas, sillas a veces de conformación muy particular e “imposible” (terminadas en punta “por abajo”).

Se sientan unos humanoides idénticos a los que le han secuestrado, que manipulan botones luminosos, palancas y diales.

Presencia de pantallas

También se observa la presencia de pantallas que suelen ser comparadas con nuestros monitores de televisión por el abducido.

No tardará mucho nuestro sujeto en ser pasado a una cámara contigua, de aspecto clínico, con paredes blancas y una “mesa de operaciones”, semejantes a las de los quirófanos, en el centro del habitáculo.

Una vez allí, el abducido es despojado de sus ropas, y se le somete a lo que parece ser un “reconocimiento médico”.

Humanoides

Este es llevado a cabo por los propios humanoides, aunque no son pocos los casos en que las tareas clínicas son llevadas a término por entidades que parecen estar en un plan de dependencia de otras, generalmente más altas y más “humanas”.

Aplican diversos aparatos al abducido, le toman muestras de sangre, a veces de semen, de cabellos, de piel, etc., y si se trata de una mujer, le hacen lo que parece ser un “reconocimiento ginecológico”.

Introduciéndole por el ombligo una larga aguja, como en el caso de Betty Hill, admirablemente descrito por John G. Fuller en su obra El Viaje Interrumpido (1966).

Por cierto que hoy en día hay algunos ginecólogos que se muestran sorprendidos al ver reflejado en este célebre caso de 1961 una técnica de ovaroscopia no puesta en marcha hasta fechas muy recientes y que, por tanto, no existía en la época en que el matrimonio Hill vivió su experiencia.

Implantes de cosas o aparatps

Este examen físico se complementa a veces con la “implantación” de “algo” (¿un microaparato?) en la nunca o bajo el cuero cabelludo del abducido.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos empleados en tratar de localizar estos implantes, muy pocos casos han acabado arrojando alguna clase de “prueba”.

Sin ir mas lejos, el 25 de Septiembre de 1986 la revista norteamericana Nature publicaba una inquietante carta firmada por siete miembros del Departamento de Genética del Hospital Wiston Churchill, de Oxford, en la que pedían ayuda para identificar un misterioso objeto que habían detectado en unos rutinarios análisis cromosómicos de un paciente.

El objeto parecía manufacturado, y presentaba la apariencia de un crucigrama, con cuadros negros y blancos. Hasta hoy ninguno de los intentos de aclarar el enigma han resultado válidos, y el “implante” sigue desafiando a la opinión médica.

William Hermann

El norteamericano William Hermann, según explica en UFO Contact from Reticulum (1981), abducido varias veces por enanos macrocéfalos, denomina a la cámara donde tienen lugar todas estas maniobras clínicas “cámaras de inculcación”.

Y creemos que se trata de un nombre muy apropiado, pues sospechamos que el objetivo final de las abducciones de seres humanos es precisamente ése: la “inculcación” de unas órdenes que ni la hipnosis posterior más profunda puede desvelar.

En efecto: cuando se llega en la regresión hipnótica a este punto, el corazón del abducido se acelera, llegando a alcanzar hasta 120 pulsaciones y obligando a suspender la experiencia para no poner en peligro su vida.

Este fenómeno se pudo constatar, entre otros casos, durante la hipnosis del abducido español Julio F., que fue llevado a bordo de un OVNI en las proximidades de Medinaceli (Soria) en 1978.

El investigador y psicólogo Germán de Argumosa, presente en las sesiones de hipnosis regresiva, señaló que si fuese un fraude, hubiera resultado imposible provocar tal aceleración cardiaca.

Retrato robot del abducido

La gama o espectro de los abducidos es muy estrecha, hasta el punto de que casi se puede realizar su retrato robot o identikit.

Se trata generalmente de hombres o mujeres jóvenes (no mayores de 35 años), sanos de cuerpo y espíritu, de un coeficiente intelectual superior al normal de la población, sin el menor rasgo psicopatológico, buenos y sencillos.

No necesariamente tienen que ser personas muy cultas. Abundan entre ellos las personas pertenecientes a profesiones no intelectuales: campesinos, camioneros, agentes del orden, amas de casa, etc.

Muchos de ellos nunca mostraron el más mínimo interés sobre el fenómeno OVNI, y sin conocimientos sobre el mismo (y mucho menos sobre algo tan particular y concreto como son las abducciones).

Casos específicos de abducciones

No conocemos un solo caso de abducción de un científico, un militar de alta graduación, un sacerdote de cualquier religión, o un político.

Dijérase que a los raptores les interesa únicamente el hombre químicamente puro, el hombre no condicionado, las mentes vírgenes o abiertas; no cargadas de conocimientos inútiles ni esclerosadas. ¿Para escribir en ellas como en una pizarra? Tal vez.

Existe un caso particular en los hitos abduccionistas de este fenómeno, que ilustra maravillosamente el hecho de que sólo les interesan sujetos jóvenes. Fue publicado en la revista Flying Saucer Review en Diciembre de 1983 por el investigador Ornar Fowler, y sitúa los hechos de la siguiente manera..

Un caballero de setenta y siete años, que una mañana temprano estaba pescando con caña cerca de Aldershot (Gran Bretaña) a orillas de un canal, fue invitado a subir a bordo de un “disco volante” por los dos ocupantes del mismo.

Se trataba de dos humanoides de gran cabeza, del tipo comúnmente reportado, vestidos con un ajustado “mono de vuelo” plateado. Cuando el anciano caballero –que aceptó encantado la invitación– se encontró a bordo de la nave, los dos humanoides parecieron conferenciar…

Comunicación telepática