“Duérmete niño, duérmete ya…”

Cualquiera sabe que los chicos tienen miedo, algunos racionales pero muchos más, irracionales.

Duérmete niño, duérmete ya

Es normal, se trata de una etapa de su desarrollo que tienen que vivir y que se va transformando con el tiempo. Pero ¿por qué a la mayoría de ellos les atrae tanto ver, conocer o escuchar historias de terror?

A la vez, luego sufren; porque estas incipientes semillas de miedo cultivadas por la curiosidad, comienzan a florecer ni bien sale la luna. Entonces, se pasan a nuestra cama y los padres despotricamos.

Pero también somos nosotros, los adultos, los que alentamos ese costado misterioso que los aterra y los atrapa. Esto sucede desde tiempos remotos. Por ejemplo, ¿por qué utilizamos la estrategia de asustarlos cuando no nos hacen caso? Otras veces lo hacemos simplemente por el morbo, porque nos causa gracia verlos sobresaltados.

Y tantas otras, nos sirve como entretenimiento: películas o cuentos que tienen monstruos, brujas, fantasmas, extraterrestres. Tampoco nos olvidemos de los festejos como Halloween¡Qué contradictorio! Les ofrecemos terror pero no queremos que le teman a la oscuridad.

Lo cierto es que los monstruos y los niños juegan juntos constantemente. ¿Es normal que sea así o hay que mantenerlos aislados del miedo fantasioso?

Las brujas no existen pero el miedo si


En el mundo pasan cosas malas y buenas, y los chicos no están ajenos a este mundo. Quizá las historias de terror les sirvan para identificarse, para canalizar y entender un poco más acerca de los diferentes matices que tiene la vida.

En un artículo sobre el susto en la infancia, de la revista Planetario, la psicoanalista Débora Szwarc, especializada en niños, lo explica de la siguiente manera:
 

En el terror, con lo que se coquetea todo el tiempo es con la idea de la muerte. Y los niños desde muy chiquitos juegan con la muerte, se tiran al suelo y vuelven a levantarse. Pero el placer está en la reversibilidad de la muerte. Como en los videojuegos, que los matan y vuelven a vivir”

 
Parece que el terror podría llegar a ser una herramienta útil para que los chicos elaboren los miedos. Sin embargo, nada es tan simple, porque también es un arma de doble filo que, si se usa de forma incorrecta, podría dañar mucho.

Un susto mal asimilado puede traumarlo. Por eso, cuando los padres usamos el temor como castigo, a la vez estamos arriesgándolos a sufrir otros problemas a largo plazo.

Por ejemplo, podría derivar en fobias o trastornos de ansiedad. Lo mismo ocurre si ven un material inadecuado; es sumamente importante estar atentos al contenido de la información que reciben.
 

Primero, jamás debemos utilizar el terror como recurso de castigo o para mofarnos de ellos.

Segundo, tenemos que ofrecerles entretenimientos de calidad. Es decir, saber de qué se trata y de qué autores proviene.

 
Por otra parte, es primordial saber para qué edad está destinado ese material. No es lo mismo un cuento de terror para un chico de 10, que para uno de 4. Los más pequeños no tienen las mismas herramientas que los grandes para procesar determinado material.

El estado de ánimo y la personalidad, son otros factores a tener en cuenta. Algunos niños son más sensibles y no están preparados para asimilar el terror. Además, hay etapas en las que los chicos se encuentran más vulnerables.

Son una serie de variables que como adultos no podemos dejar pasar antes de brindar o permitir que nuestros hijos tengan contacto con el terror. No es cuestión de prohibirlo sino de saber qué es lo que les hace bien y en qué momento.

En síntesis, lo mejor es acompañarlos, observar sus reacciones, compartir con ellos lo que están haciendo y escucharlos cuando tienen miedo. Pero, por sobre todas las cosas, dialogar mucho siempre.

Fuente: Yahoo!