Contaminación electromagnética del organismo

Contaminación electromagnética

La brutal contaminación electromagnética que sufre hoy la población a causa de las torres de alta tensión, los centros de transformación, los radares, las antenas de telefonía, los teléfonos móviles e inalámbricos, los WiFi, los microondas y los equipos informáticos y electrónicos hace que cada vez más personas sufran malestar, estrés, insomnio, fatiga crónica, dolores y patologías de muy diversa índole.

Pues bien, aportar iones “negativos” al organismo permite contrarrestar la sobrecarga eléctrica positiva del cuerpo. Se trata por tanto de un método que ayuda a mejorar de forma rápida la salud, especialmente entre quienes padecen electrosensibilidad.
 

Nadie medianamente informado puede negar hoy que detrás de las transformaciones moleculares que dan lugar a numerosos procesos metabólicos patógenos hay a menudo reacciones bioquímicas provocadas por procesos bioeléctricos. En otras palabras, que muchas patologías se deben a los desplazamientos e intercambios de electrones que provocan las interacciones que realiza el organismo con su entorno.

De hecho hoy casi todos tenemos organismos eléctricamente sobrecargados porque el equilibrio natural se ha roto a causa de la exposición continuada a radiaciones electromagnéticas de muy distinto origen. No deja por ello de ser singular que haya tantas personas obsesionadas -con razón- por la contaminación química del aire que respiramos –promotora al final de efectos bioeléctricos– pero tan pocas mentalizadas con la contaminación energética existente cuando no es en absoluto menos grave.

 
El aire está formado por átomos cada uno de los cuales tiene un núcleo o centro de protones -partículas de carga positiva- alrededor del cual giran electrones –partículas de carga negativa–. Pues bien, la Naturaleza, en su constante búsqueda del equilibrio, intenta que exista el mismo número de protones y electrones a fin de que se anulen mutuamente y crear así un ambiente estable. Es lo que se llama “estado fundamental del átomo”.
 

Porque como los electrones son ligeros y se desplazan con mucha facilidad pueden provocar una ruptura de ese equilibrio y crear iones que pueden tener carga positiva o negativa.

 
Es decir, cuando un átomo neutro pierde electrones –partículas de carga negativa– queda cargado positivamente y se convierte en un ion positivo. Y si los capta adquiere mayor carga negativa y queda convertido en un ion negativo. Un equilibrio que puede perderse tanto por causa de fenómenos atmosféricos naturales –rayos cósmicos, tormentas, ciclones, tornados…– como debido a las radiaciones electromagnéticas artificiales y a la carga eléctrica de los productos que consumimos.
 

Bueno, pues hoy se sabe que un exceso de iones positivos o radicales libres puede dar lugar a rápidas reacciones entre las moléculas del organismo que pueden romper los enlaces químicos responsables de la integridad de las paredes celulares de las membranas dañando el tejido conectivo y otras estructuras así como el ADN. Iones que pueden introducirse en nosotros a través de la piel y la respiración.

Cargas Positivas (+), Cargas Negativas (-)


Dicho esto debe saberse que cuando el aire que respiramos está demasiado cargado de iones positivos –como ocurre por ejemplo cuando se avecina una tormenta– el estado anímico y la salud de las personas puede resentirse.
 

Porque está contrastado que un exceso de iones positivos en el aire que respiramos de forma constante puede alterar el equilibrio eléctrico de la sangre derivando en o contribuyendo a numerosos procesos patológicos: vasoconstricción, tensión, irritación, insomnio, cansancio crónico, ansiedad, angustia, depresión, dolores de cabeza, náuseas, palpitaciones, disminución de energía en funciones mentales y físicas, problemas respiratorios –especialmente en personas asmáticas–, dolores artríticos, etc. Por el contrario un ambiente cargado de iones negativos favorece el bienestar y un mejor funcionamiento de los sistemas biológicos y, por tanto, de la salud.

 
Y es que el oxígeno cargado de iones negativos pasa más fácilmente a la sangre –el hierro tiene carga positiva– lo que facilita su transferencia a las células y tejidos mientras los positivos dificultan su paso favoreciendo síntomas parecidos a la anoxia.

De ahí que los tejidos ácidos carentes de oxígeno e inflamados se caractericen por una carga eléctrica positiva. Además los iones negativos mejoran la absorción de oxígeno, limpian el ambiente impidiendo la proliferación de las bacterias y virus, y reequilibran el funcionamiento bioeléctrico de los tejidos sobrecargados de cargas positivas.

Pues bien, hoy vivimos en un entorno muy contaminado que es perjudicial para la salud ya que estamos rodeados de líneas de alta tensión, transformadores, dispositivos WiFi, inalámbricos, móviles y antenas de telefonía, radiactividad natural, materiales plásticos y sintéticos generadores de electricidad estática, aparatos eléctricos refrigeradores, televisores, fotocopiadoras, computadoras, etc., aparatos de aire acondicionado, humos tóxicos procedentes del tabaco, los automóviles y las industrias, aguas tratadas químicamente, bebidas gaseosas, alimentos no biológicos, medicamentos, aditivos de todo tipo.

Y todos ellos contribuyen al aumento en nuestro organismo del nivel de iones con carga positiva provocando una sobrecarga eléctrica de nuestras células de consecuencias patológicas. Hasta tal punto ya que Jan Stolwijk, profesor de Epidemiología en la Universidad de Yale vinculado a la Organización Mundialde la Salud (OMS), ha llegado a afirmar:
 

Es probable que hoy cause más daños a la salud humana la contaminación del aire interior que la contaminación exterior ya que la mayoría de la gente pasa del 70% al 80% de su tiempo en lugares cerrados”.

 
Una cantidad “sana” de iones negativos para un óptimo funcionamiento de nuestro organismo debería estar al menos entre 750 y 1.000 iones negativos por centímetro cúbico, muy lejos de lo que inhalamos cada segundo en nuestras contaminadas ciudades. Según el científico francés R. Tocquet la carga de iones negativos por centímetro cúbico en distintos ambientes sería la siguiente:

–Después de una tormenta: alrededor de 2.000.
–En la montaña: alrededor de 1.500.
–En el campo: alrededor de 750.
–En una ciudad pequeña: alrededor de 250.
–En una ciudad contaminada: alrededor de 50.
–En un automóvil: alrededor de 10.

 

Una de las consecuencias de esta falta de iones negativos –nos diría Julio Alonso, director del Centro de Terapias Naturales Itaka de Madrid y miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD– es la disminución en la presión parcial de oxígeno de las personas. Hoy se sabe que todos los que vivimos en las ciudades tenemos una presión parcial de oxígeno muy baja lo que nos provoca un estado subvital. En estas condiciones aunque tengamos 50 años nuestro desgaste es el propio de una edad muy superior, de 60 ó 70. Por eso se están poniendo de moda en las ciudades bares, centros de ocio y de salud que ofrecen como reclamo curas de oxígeno. La inhalación o aportación de cargas negativas, de electrones, provoca una mejora en la presión parcial de oxígeno que redunda en la consiguiente mejora de todos los funcionamientos metabólicos”.

 
Cabe añadir que posiblemente una de las mejores soluciones para recuperar el necesario equilibrio bioeléctrico sea la propuesta por el investigador norteamericano James Oschman: andar descalzo en contacto con la tierra:

“La superficie de la tierra es conductora de electricidad –explicaba Oschman en ese texto– y mantiene un potencial negativo. La tierra es pues una fuente de electrones y el sistema inmunitario funcionaría mejor si estuviéramos en contacto descalzos sobre ella, al menos durante ciertos períodos de tiempo. En el momento en que comenzamos a usar calzado nos aislamos de la tierra y desde entonces los niveles de estrés han aumentado y los niveles de inmunidad han disminuido”.

Vía » http://arq-lopezquiroga.com/