Profecía de las 4 “Lunas rojas Tétradas” de Sangre

Joel 3, 4: “El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, antes de la venida del Día de Yahveh, grande y terrible”.

Profecía sobre las 4 lunas rojas de sangre

Proféticamente hablando, el 2014 es muy significativo, dado que en este año y en el siguiente habrá tétrada de lunas rojas que coinciden con fiestas judías, es decir, cuatro eclipses lunares seguidos que hacen ver la luna como cubierta de sangre, y que coincidirán con celebraciones que tienen que ver con algún acontecimiento de la salvación.

Lunas rojas tétradas coincidieron con la expulsión de los judíos de España, y en 1948, cuando éstos volvieron a la Tierra prometida y se refundó el Estado de Israel en Palestina, y también en la guerra de los seis días.

Las lunas rojas tétradas serán:

El 15 de abril, coincidiendo con la pascua judía;
el 8 de octubre, que coincidirá con la fiesta de los tabernáculos;
la tercera será el 4 de abril de 2015, coincidiendo otra vez con la pascua,
y la cuarta el 28 de septiembre, concordando nuevamente con la fiesta de los tabernáculos.

En medio, estará el eclipse total lunar que coincidirá con el inicio del año judío, primero de Nisán, el 20 de marzo de 2015. La coincidencia de lunas rojas tétradas con fiestas judías es verdaderamente excepcional.

Las siete fiestas que celebran los judíos, prescritas por Moisés, son llevadas a su sentido pleno de salvación universal por Jesucristo. Las cuatro primeras fiestas se celebran en primavera, y ya adquirieron su significado salvífico pleno. Las tres restantes se celebran en el otoño, y están aún por adquirir su sentido de compleción mediante tres hechos futuros por parte de Dios.

A la pascua judía en Egipto (Pesach), Jesús le dio su sentido pleno el Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía, en la que celebró su propia Pascua, la entrega voluntaria e incondicional de su vida a los hombres para que obtuviéramos la liberación del pecado y de la muerte:

Ardientemente he deseado comer esta pascua con ustedes antes de padecer, y no la volveré comer hasta que tenga su cumplimiento pleno en el Reino de Dios” (Lc 22, 7)”


La fiesta judía de los panes ácimos (Matzot) que se celebra el sábado siguiente de la Pascua, adquirió su sentido pleno con el entierro de Jesucristo y su descanso en el sepulcro, el Sábado Santo.

La tercera fiesta, llamada de los primeros frutos (Bikkurim), que se celebra al día siguiente del shabat, encontró su plenitud salvífica el Domingo de Resurrección, ofreciendo Jesucristo el fruto de la redención a todos los hombres.

La fiesta de la cosecha (Shevuot), que celebran los judíos a los cincuenta días de la fiesta de los primeros frutos, se iluminó divinamente con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, enviado por Jesucristo a los discípulos cincuenta días después de su Resurrección.

Están todavía por adquirir su sentido pleno las tres fiestas judías que se celebran en el otoño.

La primera de ellas es la fiesta de las trompetas (Rosh Hashana), la cual adquirirá su sentido pleno con el “Rapto de la Iglesia” o “Arrebato de los Fieles” descrito por San Pablo.

El Arrebato, o Rapto de los fieles, es la traslación física, antes de que comience la “Gran Tribulación”, de los cristianos que ya hayan alcanzado su plena transformación en Cristo. El Rapto será casi simultáneo al inicio de la Tercera Guerra Mundial descrita por Ezequiel en el capítulo 38, y con el gran terremoto en que resucitarán los santos del Nuevo Testamento, así como con el Gran Aviso de Dios a la humanidad.

El acontecimiento del Rapto y resurrección de los santos fue dado a conocer por San Pablo:

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel y al son de la trompeta, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos para siempre con el Señor” (I Tes 4, 16).

Y añade:

No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene el último toque de trompeta. Porque sonará la trompeta y los muertos serán resucitados para no volver a morir y nosotros seremos transformados” (I Cor 15, 51).

Nótese el énfasis de San Pablo, “Porque sonará la trompeta”, coincidente con la fiesta judía de las trompetas, la cual adquirirá entonces su sentido salvífico pleno, el del aviso a la humanidad de que se acerca el Retorno glorioso de Jesucristo.

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