Imagen de la Virgen de Guadalupe – Llora En Argentina



Imagen de la Virgen de Guadalupe que llora en La Argentina

Imagen de la Virgen de Guadalupe que llora en La Argentina

Desde el 1°de enero de 2013 se produce un hecho que los lugareños de una pequeña localidad riojana de Argentina relacionan con un milagro. Una imagen la Virgen de Guadalupe, que pertenece a una familia de Arauco, en el norte de la provincia, llora desde que el martes pasado.

La familia Ocampo de Arauco se encontró anteayer con una imagen de la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe que poseen en su hogar, que derramaba lágrimas.

Se manifestó primero ante una de las hijas del matrimonio, Gimena de 15 años, quien cada vez que la toca, vuelve a llorar. El fenómeno generó la adhesión de cientos de personas que llegan al domicilio para apreciar el milagro puesto de manifiesto por Dios.

El recorrido de casi 120 kilómetros que separan a La Rioja de Arauco, partiendo desde la ruta nacional Nº 38, para empalmar luego con ruta provincial Nº 9, se realiza de manera tranquila. En todo el trayecto, la montaña, el viento y el sol, serán los que guiarán los pasos hasta la casa de la familia Ocampo, que es la cuarta desde la entrada al barrio La Merced, próximo a la vera del camino.

Hasta el lugar, desde que la noticia recorrió la Provincia, se llegaron personas de todas partes, impulsadas por diferentes motivos, pero todos con la misma ilusión: la de tener la suerte de ver llorar a la Virgen.

La Virgen llora varias veces en el día, pero siempre ante la presencia de Gimena, quien cuando la ve llorar, gentilmente y casi con timidez, avisa a los que esperan afuera que el milagro se está produciendo. Aquí, también la reacción es similar: Primero, se quedan mirándola, pensando en vaya uno a saber qué cosa; y después, toman sus lágrimas y las ungen en su frente o en su pecho.

Al salir, los comentarios se repiten. “Es un milagro”, “No lo podemos creer”, “Benditos sean ustedes (a la familia) que les sucede esto”, “Es una bendición, un momento único”. Las explicaciones, la creencia, la fe, la religión, quedan de lado para dejarse penetrar por ese sentimiento que aflora en el ser humano, cuando su razón le impide comprender. No hay mucho para decir, sólo agradecer, pedir…

Adentro, de lo que sería el recibidor de una casa humilde, se ve la imagen de la Virgen de Guadalupe en un rincón ubicada en una pequeña mesa, en el piso, un florero con flores blancas. Sobre la pared, improvisados cuadros hechos con cartulina y cartón que retratan distintos motivos de la familia. Rodeando el lugar unas cuantas sillas. Sencillez y la puerta abierta, cosas por demás apreciables para la Madre del Señor.

Esa mujer que tuvo a su Hijo, el Redentor, en un pesebre, esa que sólo espera la conversión, la fraternidad, manifestó su gracia en esta familia, que desde que el hecho se presentó no tienen horarios. Ahí están, siempre dispuestos para cada uno de los que se acercan, responden con amabilidad y sin mucha sapiencia, pero con lo profundo de su corazón a cada una de las preguntas, las mismas que se repiten una y otra vez a medida que llega un nuevo visitante.

La Virgen no sólo derrama lágrimas de sus ojos, sino que también lo hace de su cuerpo, de sus manos, de sus pies.

Quienes se atrevieron, dicen que el gusto es salado “como de lágrimas de verdad”, dicen como para que no queden dudas. Ante ella, la gente reza, le pide bendiciones a la joven Gimena, quien sólo agradece y en muchas ocasiones anota los pedidos en un improvisado cuaderno. Luego corta la hoja y la deja cerca de la imagen.

Cuando se despiden, repiten a unos y a otros: “Gracias por venir. Recuerden que en esta casa, siempre son bienvenidos”.

El Milagro

En la casa de los Ocampo muy pocos preguntan por qué. Sólo aceptan. Así lo relató la joven a EL INDEPENDIENTE, que se acercó hasta el lugar. Aunque le cuesta hablar por la falta de costumbre, no pierde su sonrisa, hace un esfuerzo y cuenta que son seis hermanos, su mamá y su papá. Elena, su mamá, es la que compró la imagen, a un señor que venía de Salta.

“Hace un año y medio que tenemos la imagen y no la hicimos bendecir (como es costumbre en la religión católica). Nosotros casi siempre le prendíamos una velita, no siempre, pero a veces sí y le rezamos. La primera vez que la vi llorar fue ayer (por anteayer) como a las 11:30, yo la encontré llorando, nunca antes la había tocado”, recordó.

Grande fue su sorpresa cuando –después que dejara de llorar– tocó a la imagen y ésta comenzó nuevamente con el proceso. “Ahora la toco y llora conmigo”, suspiró y agregó “no sé porqué sucede esto, todavía ando como en el aire”. Confió que “seguramente, ella quiere decirnos algo, pero no sé tampoco porqué eligió mi casa”.

Historias de milagros como estas, demuestran la necesidad humana de encontrar esta conexión. Los milagros no son sólo lo que ocurre en las historias. Los milagros, son también la transformación y evolución humana a través del efecto de símbolos de fe, en los seres que los contemplan. Muchas veces los milagros se perciben como signos que demuestran la interacción y los propósitos de Dios para con el mundo. Revelan el carácter de Dios y sus planes.

Como dice Gimena, la Virgen en la advocación de Guadalupe, seguramente quiere decirles algo a los arauqueños, a los riojanos. Alguna conducta que modificar o algo por hacer.

Habrá que abrir el corazón para saber qué es. Queda un año largo por delante.

Fuente: El Idependiente de Argentina

 




 


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